Autor: Pérez Oliva, Milagros. 
 La campaña electoral. Cuatro años de gestión socialista.. 
 El Insalud, un gigante con poco rango y escasa autonomía para decidir     
 
 El País.    10/06/1986.  Página: 19. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

POLÍTICA

El Insalud, un gigante con poco rango y escasa autonomía para decidir

M. P. O., Barcelona

Cuando los socialistas asumieron la dirección del Insalud se encontraron con que ni siquiera se sabía el

número de trabajadores que figuraban en plantilla. Este dato revela mejor que ningún otro el grado de

desorganización en que se encontraba el principal órgano de gestión de la sanidad española. Con

Las medidas de racionalización de la gestión, introducidas por Francesc Raventós desde su cargo de

director general del Insalud, han propiciado un considerable ahorro y un notable incremento en el

rendimiento de las instituciones sanitarias, pero se está todavía lejos de los niveles considerados óptimos.

El principal instrumento de esta política ha sido introducir criterios de profesionalidad y de gestión

empresarial en la dirección de las instituciones sanitarias, creando en ellas la figura del gerente y

cambiando la concepción de sus órganos de dirección.

Las cuestiones de fondo, sin embargo, no se han abordado, a pesar de que han sido motivo de una

soterrada batalla en el seno del propio Gobierno y en la cúpula sanitaria del PSOE. Un sector de los

cuadros socialistas consideraba que el Insalud debía transformar su actual carácter de administración

funcionarial para acercarse más al modelo de empresa pública, dirigida y gestionada con criterios de

profesionalidad y dependiente de un solo ministerio, el que fijase la política sanitaria. Actualmente el

Insalud depende orgánicamente del Ministerio de Sanidad, pero está bajo el control financiero del

Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Estos cuadros socialistas eran, además, partidarios de dotar al

Insalud de una mayor autonomía de gestión y de mayor rango político, pues consideraban que sólo así

podría abordar los cambios estructurales que requiere la sanidad española. Perdieron la batalla y el

Insalud ha quedado como estaba, con un presupuesto mermado y con evidentes dificultades para aplicar

las reformas proyectadas en la estructura asistencial.

Los cambios pendientes

Tanto la reforma hospitalaria como la de la asistencia primaria habían despertado una gran expectativa

entre los profesionales de la sanidad, pero no ha sido satisfecha. Donde más se ha avanzado es en la

reforma de la asistencia primaría, con la creación de unidades básicas de salud organizadas desde equipos

médicos —que dedican una jornada de seis horas diarias— en lugar de las antiguas consultas

individualizadas de dos horas. Pero de esta reforma sólo se ha beneficiado hasta la fecha el 30% de la

población. La reforma hospitalaria ha quedado aún más rezagada. Los decretos que la desarrollan se han

publicado al final de la legislatura, por lo que apenas han entrado en juego. El cambio más sustancial es la

introducción de la jornada laboral partida en los hospitales, que implica un incremento salarial de 50.000

pesetas. Las escasas disponibilidades presupuestarias, sin embargo, han obligado a restringir su

concesión. Hasta ahora sólo ha podido acogerse a ella el 15% de los médicos de la Seguridad Social

un presupuesto anual de más de un billón de pesetas y 250.000 trabajadores en plantilla, el Insalud es una

de las mayores empresas de Europa. Conseguir una gestión eficaz en esta institución para permitir la

racionalización del gasto ha sido el objetivo principal de los socialistas. Las reformas estructurales han

quedado en segundo plano. La reforma hospitalaria solo se ha iniciado en algunos hospitales de la

Seguridad Social. La concesión se ha realizado, además, de forma discrecional, lo que ha agravado

todavía más el descontento de los médicos. Mención aparte merece la cuestión de los traspasos de las

competencias sanitarias de la Seguridad Social a las comunidades autónomas. Hasta la fecha sólo se han

traspasado a Cataluña y Andalucía. Faltan por transferir a Galicia, Navarra, Comunidad Valenciana,

Canarias y País Vasco. El importante déficit acumulado por el Instituto Catalán de la Salud — el

equivalente del Insalud en Cataluña—, gestionado por el Gobierno de Convergencia i Unió, ha provocado

un duro conflicto político entre el Consell Executiu, que se queja de una financiación insuficiente, y el

Ministerio de Sanidad, que considera que el endeudamiento se debe a una mala gestión pujolista.

La experiencia de Andalucía, que recibió los traspasos más tarde, ha revelado que existen problemas de

fondo, hasta el punto de que el Gobierno central también ha tenido que socorrer a la RASSSA —el

Insalud andaluz— en este caso administrada por socialistas, con una transferencia extraordinaria de

15.000 millones de pesetas, para afrontar el déficit acumulado en sólo dos años de gestión.

Vistas las experiencias catalana y andaluza, algunas comunidades autónomas —como Galicia— no

aceptan las competencias si no van acompañadas de un presupuesto económico adecuado a las

necesidades, es decir, mayor de lo que ahora gasta el Insalud en ese territorio. El Gobierno, sin embargo,

no puede corregir los desequilibrios pagando más a las comunidades que reciben menos si antes no rebaja

el presupuesto de las que reciben más. Pero como el presupuesto del Insalud es un pastel insuficiente

incluso para las que reciben más, el problema de la financiación de la sanidad se ha convertido en un

charco de aguas estancadas en el que todos temen ahogarse.

Un giro político

Ante esta situación, el Gobierno ha optado por frenar el proceso de transferencias a las cuatro

comunidades pendientes y emprender una nueva política, basada en la adopción de acuerdos de cogestión

con los respectivos Gobiernos autónomos. Muchos temen que estos acuerdos de cogestión se eternicen, y

que consagren en la práctica un retroceso en el desarrollo del Estado de las autonomías. El temor se

fundamenta en la existencia de una contradicción latente en el actual modelo autonómico español: en un

momento de recesión económica, el modelo centralista de gestión permite un control del gasto y se

convierte, por tanto, en un eficaz instrumento de política económica. Y la sanidad es una partida

económica importante, que alcanza casi la mitad del presupuesto autonómico de una comunidad

autónoma como la catalana.

 

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