La degradación de la campaña     
 
 Diario 16.    13/06/1986.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La degradación de ¡a campaña

E1 balance de la campaña, cuando se halla a punto de entrar en la última recta final, no puede ser

satisfactorio. Hasta ahora, los ciudadanos han sido condenados a escuchar una cantinela de acusaciones y

una retahila de viejos tópicos sin interés alguno para lo que se ventila, que es la gobernación del país.

Alfonso Guerra caba de subir el listón de los insultos a todos los contendientes. De planes determinados,

de políticas concretas, nada.

En el origen de esta maniobra puede advertirse la mano del PSOE. Después de haber cosechado una

extensa relación de fracasos durante casi cuatro años y medio —junto a los evidentes logros que hay que

atribuirle—, el PSOE es el primer interesado en desviar la atención hacia parajes alejados. Mientras los

distintos líderes políticos replican las acometidas de Guerra, se olvidan del paro, de la añorada

independencia del poder judicial, del castigo infligido a los pensionistas, de la fracasada reforma de la

Administración, de la escalada de los impuestos, del deterioro galopante de la sanidad, de la penosa

situación de las cárceles y de tantas otras cuestiones pendientes dejadas por el Gobierno sobre la mesa.

Incluso en la sorprendente polémica acerca del 23-F podría advertirse el interés del PSOE. Lo que se ha

cnseguido con ella ha sido incrementar la presencia pública de Adolfo Suárez, en detrimento de otro

contendiente del centro considerado más peligroso, Miguel Roca, y también del líder de la derecha,

Manuel Fraga. Aunque al PSOE se le podría haber ido la mano en esta ocasión, porque las inesperadas

respuestas de Suárez —que ha acusado a Guerra gráficamente de cobarde— podrían abrir los ojos de una

parte del electorado, ha evitado hasta el momento que la campaña se ocupe de los problemas que el

Gobierno no ha sabido resolver.

Este encanallamiento no es el tono que debe presentar una campaña electoral, que es un periodo de

tiempo establecido para la discusión de las ofertas políticas y para ilustrar al electorado acerca de lo más

conveniente para el futuro. Las refriegas que tanto gustan a Guerra son una ofensa no sólo a los políticos

objeto de sus insultos —prácticamente todos—, sino también a los electores, que se merecen ser tratados

con seriedad y respeto.

Los políticos que no toman parte en este juego se ven condenados al silencio. Un candidato que está

tratando de llegar al fondo de los problemas, y que dio una prueba de ello en el programa electoral

emitido por TVE en la noche del miércoles, Miguel Roca, ha recurrido también a los adjetivos —

entrevista publicada ayer en este periódico— para hacer frente a la artillería de calificativos que se le ha

dedicado.

En el programa «El sermómetro», de la SER, ayer los oyentes se manifestaron contrarios a la mayoría

absoluta, fuente de innumerables tentaciones de abuso y corrupción. Ese es un buen tema para tratar en

campaña. Los electores demuestran, siempre que tienen ocasión, que están preocupados por los grandes

problemas de la política nacional y que sienten aversión hacia el espectáculo de los insultos.

Quedan ocho días de campaña. A ver si los políticos entran en razón y nos ofrecen sus recetas sobre

problemas como el respeto de las libertades, la seguridad en las calles o el empleo de los fondos públicos,

que es lo que realmente hay que debatir. El insulto le interesa al PSOE para desviar la atención. No caigan

los demás en esa trampa adormecedora y empiecen a hablar en serio. El elector tiene derecho a saber

cuáles son las mejores soluciones para España, no quién es el político que sabe contar mejor los chistes.

 

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