Autor: Gutiérrez, José Luis. 
 Campaña electoral 22-J. Cuadernos de campaña. 
 Caramelos "Fragolín" (muy relajantes)     
 
 Diario 16.    13/06/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Guadalajara Jose Luis Sanchís, el experto electoral responsable de la campaña de Fraga y Coalición

Popular, ha subrayado los aspectos más sedantes de la abrupta personalidad de Manuel Fraga: la

«campaña a la francesa», en la línea serena de Raymond Barre, inunda las paredes de densos azules y

referencias ajardinadas, mientras, machaconamente, le insisten a don Manuel: no perder los nervios. Y

don Manuel, hasta ahora, no los pierde.

Hasta ahora, don Manuel no ha tenido incidentes de relieve, si excluimos los vividos por el líder

conservador la pasada semana en Bilbao. Un espacio radiofónico de una hora de duración, a «micrófono

abierto», respondiendo a las preguntas de los electores, le proporcionó a don Manuel estos sobresaltos:

una anónima comunicante le espetó al líder aliancista aquella vieja historia de una sirvienta de la familia

de los Ibarra que tuvo un hijo bastardo con el señorito de la casa. «Ese hijo fue usted, señor Fraga.» En el

estudio se cortaban

Caramelos «Fragolín» (muy relajantes)

José Luis Gutiérrez

es.

los vatios. Don Manuel, sin perder la sonrisa, respondió que conocía muy bien a sus padres, ambos

emigrantes en Cuba. Y que, sin duda, aquella sirvienta no tenía nada que ver con su familia, salvo la

coincidencia en el apellido materno.

El segundo misil radiofónico fue aún de mayor potencia. Una voz masculina, serena y hasta respetuosa,

espetó: «Señor Fraga, en esta pregunta no hay la menor animadversión personal hacia usted. Dígame:

¿cuáles serán sus últimas palabras cuando se enfrente usted al pelotón de fusilamiento?

Silencio de amaneceres en el estudio de la cadena COPE de Bilbao, y la respuesta sin pestañear del líder

conservador: «Señor, perdóname y perdónalos...»

Los esfuerzos de Sanchís por eliminar aristas y perfiles energuménicos de la personalidad de Manuel

Fraga está dando sus frutos, aunque TVE procure siempre seleccionar los planos más rotundos y

desmelenados de don Manuel, que ahora, incluso, tiene que añadir una nueva y minúscula preocupación a

su habitual y desganada inelegancia: su cabello, inesperadamente acaracolado en su cuello de luchador de

«chatch».

El «aggiornamiento» de los signos de identidad de la coalición ha prescindido de toda aquella orgía de

banderas nacionales, que han sido sustituidas por un neutro y frío azul eléctrico, y los colores rojo y

gualda ya tan sólo están presentes en las mesitas de «gadgets» electorales —mecheros, pegatinas,

botellas, relojes...—, posibles restos de naufragios electorales del pasado.

Don Manuel se hace acompañar, incluso, de una malagueña juncal llamada Alicia, con la que se retrata en

un póster juvenil para consumo de nuevas generaciones. Llegamos a Guadalajara, previo paro en

Azuqueca de Henares, donde don Manuel se dedica a lo habitual, es decir, a pasear entre los pacíficos

viandantes, ofreciendo folletos y un elemento novedoso en esta campaña: caramelitos refrescantes, con

los logotipos de la Coalición.

Aquí, en Guadalajara, tierras resecas y desatendidas, don Manuel es muy popular, y sus hombres —con el

democristiano del PDP Luis de Grandes a la cabeza— esperan proporcionarle un severo varapalo a los

socialistas, cuyas candidaturas están encabezadas por el ex vicepresidente primero del Congreso

Leopoldo Torres

Boussault. Del resultado que obtenga Leopoldo frente a Luis de Grandes puede depender su escaño como

presidente del Congreso de los Diputados, codiciado sillón al que optan, entre otros, los ministros Pons y

Ledesma.

Mitin multitudinario de don Manuel Fraga en el Coliseum de Guadalajara, ante miles de personas que le

aclaman enfervorizadas.

Y don Manuel no puede sustraerse a la viejísima tentación de convertir su breve discurso en una especie

de clase de BUP itinerante, con referencias histórico-patriótico-sentimentales al Doncel de Sigüenza, a

don Pedro de Arce, al poderoso clero retratado por la historia.

Felipe González habla de modernidad y Manuel Fraga de fortalezas y alcazabas, en unas tierras en las que

acaso debiera fundarse una asociación de enemigos de los castillos, en cuyos estatutos figurara como

primer y único afán dar cobijo tras las piedras centenarias a decenas de brotes fabriles que acojan a los

miles de desocupados de esta tierra deprimida...

 

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