Autor: Pérez Abellán, Francisco. 
 Campaña electoral 22-J. Escenas electorales. 
 El duque de Suárez, en directo     
 
 Diario 16.    13/06/1986.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diario 16/13 de junio-86

NACIONAL

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Madrid ESTÁBAMOS en pleno apogeo del líder. Adolfo se explayaba en una razonada y dura crítica al

Gobierno del PSOE, curvando el cuello como una garza. Fue cuando mi compañero de la derecha me dio

un codazo para advertirme: «Si quieres ver el rostro de una mujer enamorada, no te pierdas el de

Amparo.» Me puse de pie porque la tapaban los reporteros gráficos.

Allí estaba Amparo Illana, la mujer del duque de Suárez literalmente en éxtasis. Parecía beber el aire que

expelía su marido en cada golpe de voz. En su faz se reflejaban ora gestos de asentimiento, ora de ayuda,

mientras el orador se recreaba en las oraciones yuxtapuestas.

El salón del Reina de Castilla en la cena-mitin rebosaba —1.115 comensales según los tickets—, pero ella

sólo tenía ojos

El duque de Suárez, en directo para él. Seguir las emociones en su rostro era todo un espectáculo.

Para los periodistas que acompañan al candidato en campaña era otra cosa. Se saben el mitin: «Es

esencialmente el mismo, aunque de vez en cuando introduce novedades. Lo pone difícil para hacer ¡a

crónica. Verás como ahora dice ¡o de la medalla.» Y en efecto: «El CDS que es ya la tercera fuerza

política de este país y que no está lejos de la medalla de plata en estas elecciones...» Pero Amparo seguía

absorta, como si escuchara aquello por primera vez.

Pérez Abellán

Al otro extremo de la tribuna, justo en la esquina de las mesas en eje con la de los candidatos y el propio

Suárez, los hermanos, Ricardo y Chema.

Un poco antes, doña Herminia, la madre. Detrás del sitio privilegiado de los informadores, una amplia

representación del Ayuntamiento de Cebreros con la alcaldesa, Pilar García, al frente. Es una mujer que

tiene una interesante historia de esfuerzo político para contar.

Suárez abrió su intervención diciendo que «inevitablemente volveré a ser presidente del Gobierno» y

siguió proponiendo al «señor González» un debate sin límite de tiempo en el que se examinarían «mis

cinco años de gobierno y los cuatro de oposición a él; así como sus cuatro años de gobierno y los cinco de

oposición a mí. Pero no va a aceptar ese debate».

Dijo que les llamó la atención «los malos modos y maneras» que emplearon los altos dirigentes del PSOE

para «atacar al CDS. Hasta que nos enteramos que habían empezado a llegar a los despachos las

encuestas del Centro de Investigaciones Sociológicas». En ellos, según el orador, se revelaba entre otras

cosas «que el único líder político que puede poner en peligro el liderazgo que obsten-(a el PSOE en la

vida española soy, si me lo permiten, yo». Aplausos encendidos.

El discurso fue brillante y acompañado de sonrisas luminosas y seductoras. Se entretuvo especialmente en

que debe perderse el miedo al poder político y defendió que «por discrepar no pueda uno tener re-

presalias». Llamó a la protesta en la calle, especialmente a los parados: «Me demostrarían que están

vivos.» Y afirmó que su programa, incluida la reducción de la «mili» a tres meses, puede cumplirse.

Con el abandono del local por el líder, al final del acto, llegó el delirio. Los comensales se volcaron sobre

él. Fue efusivamente saludado, abrazado, besado y estrujado. «¡Que se lo comen!», gritaba una histérica.

La cara de Amparo Illana era de felicidad.

 

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