Autor: Bayón, Felix. 
 La campaña electoral.. 
 Carrillo: "No comprendo de donde saca Izquierda Unida el dinero"  :   
 "Iglesias piensa que el PCE no es válido" - "Al día siguiente de ser secretario general pensó que estaba allí para mandar". 
 El País.    13/06/1986.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 36. 

20 / ESPAÑA

LA CAMPAÑA ELECTORAL

POLÍTICA

EL PAÍS, viernes 13 de junio de 1986

EL PAÍS inicia hoy una serie de entrevistas con los principales lideres políticos que se presentan como

candidatos a la presidencia del Gobierno en las elecciones legislativas del proximo 22 de junio. Abren la

serie los dirigentes de dos formaciones con protagonismo comunista: Izquierda Unida, que encabeza el

secretario general del PCE, Gerardo Iglesisias, y Unidad Comunista, que lidera Santiago Carrillo.

Producto de la crisis provocada por su fracaso en las elecciones de 1982, los comunistas se presentan a los

Comicios divididos y atacándose mutuamente. Carrillo llega a acusar a Iglesias de estar financiado por la

derecha y de querer convertir el PCE en un mini-PSOE.

Carrillo: "No comprendo de dónde saca Izquierda Unida el dinero"

"Iglesias piensa que el PCE no es válido" — "Al día siguiente de ser secretario general pensó que estaba

allí para mandar"

FÉLIX BAYÓN, Madrid Santiago Carrillo, 71 años, se presenta a estas elecciones al margen del PCE,

partido que dirigió, como secretario general, durante 22 años.

Pregunta. ¿Era completamente imposible el entendimiento con Izquierda Unida?

Respuesta. Nosotros enviamos varias cartas a Gerardo Iglesias, pidiéndole hablar, con el fin de llegar a un

acuerdo para una única candidatura comunista. No tuvimos respuesta. Le llamamos por teléfono. Dijo que

con nosotros no tenía nada de que hablar.

Los amigos del PCPE [Partido Comunista, de los Pueblos de Es-pafia, que lidera Ignacio Gallego] le

propusieron una reunión tripartita y se negó a ella. Gerardo se negó no sólo a un acuerdo, sino siquiera a

hablar con nosotros. Eso es lo que ha hecho imposible que en estas elecciones haya una candidatura en la

que estemos todos ios comunistas.

P. ¿Cómo explicaría usted a un elector despistado cuáles son las diferencias entre Izquierda Unida y

Unidad Comunista?

R. Juzgando por lo que yo sé de las posiciones de Gerardo Iglesias —las públicas y las no públicas—, el

fondo de la cuestión es que él cree que la izquierda tiene que buscar otra forma de hacer política distinta a

la de los partidos tradicionales. Es decir, Gerardo Iglesias comparte, en el fondo, tas posiciones de Ramón

Tamames, que piensa que en esta época el Partido Comunista no es válido y que hay que ir a una especie

de partido progresista, sin referencias ideológicas ni de clase, a una especie de mini-PSOE.

Ésa es, creo, la diferencia de fondo, porque por cuestiones personales, yo, que llevo en la política muchos

años y he tenido muchas experiencias, no concibo que se impida un proyecto político que nos hubiera

permitido recuperar el voto de 1977 o de 1979.

P. ¿Cree que se puede recuperar el capital político que los comunistas tenían al principio de la transición,

teniendo en cuenta que, según las encuestas, Unidad Comunista no obtendrá ningún diputado y que

Izquierda Unida tendrá resultados inferiores a los obtenidos por el PCE anteriormente, a pesar de que se

presenta a las elecciones con el apoyo de otros grupos?

R. El principal problema que tenemos nosotros es que el elector aún no distingue bien entre las dos

opciones. Creo que ya las va distinguiendo. Ha pasado muy poco tiempo, y muchos electores que dicen

que van a votar comunista lo dicen pensando en que me van a votar a mí. Creo que en lo que queda de

campaña la diferenciación se va a hacer, y creo que vamos a tener bastantes más posibilidades de las que

aparecen en estas encuestas. Respecto a la baja del voto para Izquierda Unida, creo que se debe a que ahí

hay una alianza que no es una alianza de izquierda. Ni los carlistas; ni los humanistas; ni el monárquico

liberal señor Miralles, de derechas de toda la vida; ni Izquierda Republicana, que es un recuerdo que

representa muy poco, dan una imagen de unión de izquierdas. El domingo, en el mitin de la Casa de

Campo, después de la fiesta, hubo unas 1.500 personas, cuando a esa fiesta viene siempre gente de todo el

país. Eso es significativo de que Izquierda Unida se está desinflando, porque no es izquierda y porque esa

unidad une muchos ceros a la izquierda.

Elemento de disgregación

P. ¿Usted cree que ha hecho todo lo posible para evitar la desunión de las fuerzas comunistas y no se

arrepiente de nada?

R. Yo me arrepiento de una cosa: de que el Partido Comunista de España pasa de una dirección muy

centralizada en el período de la clandestinidad a una democracia que no existía en ningún partido español.

En un momento, admitimos el voto secreto, la libertad de afiliación a partidos sin restricciones, la

posibilidad de ser elegido incluso para los cargos más altos sin la condición de pasar por un período de

prueba en el partido. Un militante que entrase en 1977 podía ser secretario general en el partido al día

siguiente, gracias a una votación secreta, y así muchos son hoy dirigentes de organizaciones muy

importantes del partido. Eso ha sido un elemento de disgregación.

Yo creo que cometí un error, porque la transición a un sistema completamente democrático debía de ser

más estudiada, más controlada, para impedir que penetrasen en los cuadros del partido personas que no es

que tuvieran mala fe, sino que no tenían ideas comunistas. Luego a mí se me han inculpado todas las

expulsiones que ha habido en el partido, pero la verdad es que yo no he intervenido, directamente, más

que en la disolución del Comité Central que dirigía Lertxundi en Euskadi, que había decidido no convocar

congreso del partido vasco y disolverlo para entrar en Euskadiko Eskerra, lo cual levantó una sublevación

de los militantes vascos. En ese momento sí, yo, con Sartorius y Jaime Ballesteros, fui al País Vasco y

nombré una nueva dirección para que organizara el congreso del partido.

Luego, aquí, cuando los concejales comunistas madrileños se pusieron a apoyar la solución de Lertxundi,

que era un intento de llevar la disolución del partido al resto del país, yo les dije que debían de dimitir, y

como se negaron, y entonces la ley hacía posible que la expulsión permitiese el relevo de los cargos

públicos, decidí expulsarlos.

Fueron las únicas expulsiones en las que he intervenido. Porque hubo otras expulsiones, como en

Asturias, y las hizo Gerardo Iglesias y Simón Sánchez Montero, o en Cataluña, y fueron Gutiérrez Díaz,

Paco Frutos y Andreu Cla-ret quienes las decretaron. Los mismos que ahora me culpan a mí de todas las

expulsiones y todos los males que ha habido en este partido.

P. ¿No se arrepiente de haberle abierto las puertas del Comité Central a Gerardo Iglesias?

R. De eso sí que me arrepiento, porque Gerardo Iglesias no entendió cuál era su papel: asegurar la

transición hasta el XI Congreso, afrontar la crisis y formar un nuevo equipo. Iglesias, al día siguiente de

ser secretario general, pensó que estaba allí para mandar, y comenzó a mandar, y así nos ha ido.

P. Quizá es que Iglesias estaba allí para que usted siguiera mandando...

R. Mi idea era formar un nuevo equipo de dirección y pensaba que, sin ser el secretario general —por mi

papel en la historia del partido y por el hecho de que soy un hombre que tiene una personalidad política

en este país—, podía seguir jugando un papel en la dirección del partido. Creo que eso le convenía al

partido. Y estoy convencido de que uno de los errores históricos de Gerardo Iglesias y de los que le

acompañan es no haberlo comprendido.

La diferencia, en cualquier caso, no ha sido por el cargo, sino que Gerardo Iglesias, a los pocos días de ser

elegido, tomó otra línea de conducta.

Finanzas modestas

P, ¿Las finanzas de su grupo cómo van?

R. Las finanzas de mi grupo son muy modestas: sólo hay cinco personas liberadas. Tenemos 100 millones

de un pool de bancos, y esperamos tener 114 millones más de otros créditos. Luego, podemos tener 100

millones más de la aportación militante y de las ayudas de amigos.

Podemos llegar hasta e] final con una campaña modesta pero digna. No podemos tener tantas vallas como

el PSOE o como Roca. Incluso no tenemos tantas como la llamada Izquierda Unida, pero tenemos una

presencia en carteles que supera al PSOE. Nosotros nos administramos con mucho menos dinero que

otros partidos. Entre paréntesis: no comprendo de dónde saca Izquierda Unida el dinero que está

gastando. Porque si los bancos le han dado 150 millones, no sé cómo en Andalucía están gastando, según

han reconocido sus dirigentes, 250 millones para las autonómicas, y 100 más para las generales...

P. ¿Entonces, de dónde sale el dinero?

R. Mire, aquí estuvo un señor sentado donde está usted, hace mes y medio, que me dijo que si me unía

con Tamames había un grupo dispuesto a poner sobre la mesa 500 millones... Me imagino que ha debido

salir de ahí.

P. Entonces, ¿cree que hay un sector de la derecha dispuesto a financiar a Izquierda Unida con el fin de

restarle votos al PSOE?

R. Evidentemente, hay un interés de la derecha —y lo mismo que se ha hecho esa gestión conmigo, se ha

hecho con Julián Ariza— por alcanzar ese objetivo. Se me planteó con claridad cuál era: impedir que el

PSOE volviera a obtener mayoría absoluta.

Yo estaría de acuerdo si tuviéramos las condiciones para que la mayoría absoluta la tuviéramos el PSOE y

nosotros, pero yo no trabajo para Fraga contra el PSOE. Contra Franco, me aliaba con el diablo; pero

contra el PSOE, no.

 

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