Autor: Rigalt, Carmen. 
 Campaña electoral 22-J. Lina Ortas celebró su cumpleaños con una verbena. 
 Rubias peligrosas     
 
 Diario 16.    15/06/1986.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Diario 16/15 de junio-86

CAMPAÑA ELECTORAL

NACIONAL

Pag. 13

LINA ORTAS CELEBRO SU CUMPLEAÑOS CON UNA VERBENA

Madrid La señora Lina-rejos Orias, conocida en el «star-sysfem» político con el nombre de Lina Orias

para servirles, tuvo la feliz idea de celebrar su cumpleaños con una verbena electoral en el más puro estilo

castizo. Lina llevó el sarao político hasta los mismísimos pies de San Antonio de la Florida, ante quien se

postró de hinojos y rindió homenaje con una ofrendita floral al uso.

Lina Orias es la única mujer candidata al Senado por Madrid entre los partidos con representación

parlamentaria. Esta circunstancia había que explotarla, de ahí que la chica decidiera montar un numerito

muy femenino y muy mono para llamar la atención del electorado. El electorado pasa bastante de

zarandajas, la verdad sea dicha, pero el otro día no pudo reprimir un gesto de complacencia al paso de la

caravana de la señora Linarejos, cuyos encantos provocaron rendiciones incondicionales.

En la sede del PDP se habían concentrado periodistas, fans y militantes del partido. La cosa iba de

mujerío. Ni una sola foto del «líder carismático», como llama Lina a su jefe Alza-ga, ilustraba la

expedición. Un grupo de amigas de la candidata, ataviadas con camisetas verdes, «canotiers» a juego y

sonrisa de «majorette» agitaban las pancartas y repartían estam-pitas de Lina entre los peatones. «Di que

hacemos esto por amistad. Muchas de nosotras ni siquiera simpatizamos con el partido». La caravana,

vomitando propaganda y griterío, dio un garbeo por Madrid y se dirigió a la ermita de San Antonio de la

Florida.

Le pregunto a Lina si esta querencia por el santo es puramente coyuntura] o encierra segundas

intenciones. «No busco novio porque ya lo tengo. Hace dieciocho años me casé con un ingeniero de

Caminos y todavía lo conservo. Para colmo, tenemos seis hijos.» Frente a la ermita de San Antonio, una

pequeña multitud de madrileños hace cola para ver al santo. Lina Ortos pide la vez y aguanta el chaparrón

de calor con resignación casi proletaria. En el aire suenan lo chotis y la voz desesperada de los feriantes

que rifan muñecas «chochónos» con el pelo de color zanahoria. Chulapas esperpénticas comprar alfileres

para echarle a San Antonio. Ahora ya no se piden solo novios con el porvenir resuelto. También se piden

amantes, suerte en los exámenes y puesto de trabajo. Y quien sabe, a lo mejor hasta hay quien pida votos.

Tras una hora de espera, Lina Orias consigue pasar a ía ermita. Llega, besa al santo, le deposita los

claveles y se reincorpora de nuevo al festejo de las amigas «majorettes». «He oído que Arespacochaga ha

pagado propaganda de su bolsillo y manda papeletas a los electores con su casilla cubierta. De ser cierto,

no me parece justo, equitativo ni saludable», cuenta Lina. Una de sus acompañantes quiere hacer justicia

a la candidata y me susurra al oído: «ése es un franquista, cuéntalo».

Rubias peligrosas

Lina ha cumplido cuarenta y un años. «Pues se conserva estupendamente» comenta una castiza devota de

San Antonio y de San Fraga. «Felipe me parece un morritos de uva, y el otro dia el Guerra, no digo lo

que me parece porque es pecado». Lina no entra al trapo, ahí se le nota a la chica el colegio de pago.

Carmen Rigart: «.Estoy acostumbrada a convivir con gente de distinta ideología: mi cuñada es comunista;

mi hermano, socialista, y mi marido, de centro. La pluralidad la tengo en mi propia familia».

La candidata invita a sidra.

Paga la casa, paga el partido o paga el ingeniero de Caminos, lo mismo me da. Los fotógrafos disparan

sus cámaras y Lina, aunque hace cuatro días que no va a la peluquería, se siente segura de su físico.

Inevitablemente surge la comparación con Isabel Tocino. Entre rubias anda el juego. «No le tengo

ninguna envidia a Isabel. La envidia es propia de personas mediocres y acomplejadas.» Bien pensado, esa

frase merecía un golpe de melena.

 

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