Autor: Romero Roldán, Emilio. 
   Un concepto de dictadura poco claro     
 
 Ya.    14/02/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ver, oír y... contarlo

Un concepto de dictadura poco claro

Don Emilio Romero escriba en "Pueblo":

"Grave asunto seria el de un reconocimiento de sectores dirimiendo sus posiciones de influencia en el Gobierno, La estructura ideológica e institucional del Régimen rechaza esa posibilidad. Pero si existiera, por eso que los científicos llaman "la praxis", habría que impedirlo, sencillamente porque un planteamiento liberal del poder—dos sectores en el Gobierno—nos llevaría, en función de la autonomía del Gobierno ante las Cámaras, a la dictadura de un sector. Cualquiera que fuere. Si la vida del Gobierno no depende de las mayorías parlamentarias, su composición ha de ser integradora y su cohesión ha de estar asegurada. El Gobierno no puede ser de sectores de influencia.

Creo que a Santiago de Cruylles, conmovido dolorosamente y lícitamente por su alejamiento del poder, le ha traicionado su noble nostalgia. El candor de los políticos se hace a veces patético."

"SAN AMBROSIO Y SAN BASILIO.—Ahora ha saltado a la palestra San Ambrosio, que es un santo desmerecido por el olvido y que no debe tener nada que ver con el seglar de la carabina. Lo ha recordado el obispo auxiliar de Huesca, Javier Osés, en su respuesta al empresario navarro que le ha mandado una resonante carta en la que le muestra el parentesco de una de las afirmaciones del obispo en una conferencia con el pensamiento de Carlos Marx respecto a los ricos y a los pobres. El obispo, suave y artillero a un tiempo, ha apelado a San Átanoslo, San Basilio, San Agustín, Cirilo de Alejandría, Santo Tomás y varios pontífices. Pero ha recordado estas frases tremendas de San Ambrosio, dedicadas a los ricos: "No es parte de tus bienes lo que tú das a los pobres. Lo que les das, les pertenece; porque lo que ha sido dado para el uso de todos, tú te lo apropias. La tierra ha. sido dada para todo el mundo, y no solamente a los ricos; es decir, que la propiedad privada no constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto. No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo lo que supere a la propia necesidad, cuando a los demás les falta lo necesario." Verdaderamente, San Ambrosio fuá más lejos que Marx y que el obispo de Huesca. Entonces, el dibujante Mingóte presenta una conversación de un padre con su hijo, y le dice aquel: "Ya sé que los padres de la Iglesia dijeron cosas parecidas a las que luego han dicho los socialistas, pero es que los santos antiguos no entendían de política." Hay en nuestro país, en estos; momentos, una sensibilidad exagerada para las proclamaciones sociales. Cualquiera que se atreva a formular alguna audacia social que se corresponda con núes tros problemas actuales, aunque sin acercarse a San Ambrosio, es tachado de demagogo. ¿Pero quién ha animado el progreso y la humanización de nuestro siglo sino la demagogia? ¿Dónde estaríamos sin la necesidad de hacer una política que contestara esperanzadoramente a los sugestivos programas del movimiento socialista para los desheredados?

El Régimen ha hecho en estos treinta años una profunda reforma que ha cambiado la imagen del país, y muchos hombres alistados en él y apuntados por San Ambrosio vigilan las palabras y tratan de imponernos una dialéctica conservadora que, lógicamente, no es atrayente para jóvenes y pobres y gentes razonables. Su severidad en este asunto ha tenido el candor del olvido y se ha atrevido a reprender a un obispo. Pero ¿cómo no ha reparado el empresario navarro que el Cristianismo es la más grande revolución moral y social de la historia humana? Entonces, un obispo joven le ha echado encima a San Ambrosio, y con bastante caridad, porque si le echa a San Basilio en su sermón y su comentario a la parábalo del sembrador, destruye a su comunicante. Sé muy poco de San Basilio, pero Carlos Marx era a su lado un franciscano descalzo. Tampoco le ha echado encima a San Juan Crisóstomo, a San Gregorio Magno, a Bossuet, a Massillon, a León XIII, a Pío XI y a Pío XII."

 

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