La encuesta Gallup     
 
 Ya.    15/06/1986.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

La encuesta Gallup

UNA encuesta electoral es sólo un sondeo, una indagación de futuro cuyos resultados están fundados en

la ley de las probabilidades, que sólo es respetable cuando se ha efectuado con e! mínimo de condiciones

que exigen los expertos para esta ciase de operaciones, pero a la que en ningún caso se puede dar más

valor que el de una predicción estadística sobre hechos que en definitiva dependen de la libertad humana,

la cual puede desmentir las previsiones más cuidadas. Obvio es que la mayor parte de las encuestas que

aparecen y se multiplican en los períodos electorales está desprovista de toda garantía científica en su

elaboración. Obvio es también que las encuestas realizadas por Gallup disfrutan de un bien merecido

prestigio por su seriedad y por su máxima aproximación a los resultados, como se pudo comprobar en las

elecciones generales de 1982, en las últimas del Parlamento gallego y en el referéndum sobre la

permanencia en la OTAN.

Pero ni siquiera la mejor encuesta puede desconocer el margen de incertidumbre que antes hemos

explicado, la posibilidad de reacciones imprevistas e incluso el efecto que la propia encuesta puede

producir sobre el electorado. Así como hay fenómenos que no se pueden examinar nunca en su estada

puro porque el mero hecho de ponerlos bajo observación los altera, baja con las encuestas. Esta es la

explicación del «comercio» de encuestas que prospera en vísperas de elecciones y en cierto modo

equivale a un suministro de armas de los candidatos. Únicamente evitaría el riesgo expuesto la encuesta

que una vez realizada fuese mantenida en el más riguroso secreto, pero claro es que esta exigencia resulta

incompatible con la misión de un periódico, que consiste en informar.

Con las prevenciones anteriores presentamos la encuesta Gallup sobre las elecciones del próximo día 22.

Es claro que con las mismas reservas nos atrevemos a adelantar un comentario sobre los resultados de

dicho día, si coincidieran con los pronosticados por Gallup. Nos mueve especialmente la consideración de

que estas reflexiones pudieran ser válidas para mejorar el tono de la campaña electoral en el tiempo que

queda hasta su término.

Que la encuesta discrepe sustancialmente de las que hasta ahora se han publicado, fundadas

uniformemente en el mantenimiento del «statu quo» actual, no debe extrañar demasiado, por las razones

que hemos expuesto sobre la falta general del rigor científico de los sondeos y sobre la calidad de armas

bélicas que algún candidato les ha atribuido. Tampoco debe sorprender el duro castigo que representaría

para el partido gobernante bajar de sus 202 escaños de la legislatura recién finalizada a 158, perdiendo la

mayoría absoluta. Lo insólito y lo poco ejemplar para la sociedad española, que habría acreditado una

censurable apatía política, sería que no se produjera la natural reacción ante la cadena de errores

cometidos por el Gobierno socialista, alguno tan sangrante como el incremento del paro, cuya eliminación

práctica se había prometido, adobados por ¡a jactancia con que, en vez de confesarlos y hacer propósito

de enmienda, los candidatos los han pasado olímpicamente por alto, desdeñando la mínima

argumentación para sustituirla por la soberbia autoexaltación triunfalista

La segunda nota que se desprende de la encuesta es el mantenimiento de Coalición Popular en sus

dimensiones actuales, pues la pérdida de escaños, que la dejaría en 97, no alteraría su posición de partido

principal de la oposición, que hoy tiene con 112. Hay que registrar inmediatamente el crecimiento que

Gallup atribuye a las opciones específicas de centro, con los 28 diputados que sumaría la opción

reformista, unidos el Partido Reformista Democrático, Convergencia i Unió y Coalición Galega, y el salto

del Centro Democrático y Social desde su actual presencia parlamentaria meramente simbólica a 21

diputados. Sin entrar en esos detalles, no creemos que la revitalización del centro deba extrañar, teniendo

en cuenta el previsible abandono del socialismo por los votos «prestados» que en 1982 le dieron su

abultada victoria y la dificultad de que parte de esos votos pase a engrosar la alternativa de Coalición

Popular.

Se podía prever el incremento de la izquierda comunista, que nos parece positivo porque, como hemos

dicho muchas veces, preferimos un comunismo dentro de las instituciones a verlo fuera.

En todo caso, si el 22 de junio se desarrolla según las previsiones de Gallup, el resultado será un

Congreso más equilibrado que el actual.

¿En qué sentido lo que refleja la encuesta podrá repercutir en la parte que queda de campaña electoral?

Creemos que si se produce el voto de castigo al socialismo que la encuesta prevé, habrá sido decisiva la

equivocación del tono electoral adoptado por dicho partido. Inició la campaña con un ostensible desprecio

de sus adversarios, con el firme convencimiento de que iría a renovar, e incluso a aumentar, su ventaja de

1982. A medida que la campaña se ha desarrollado, la preocupación creciente de los socialistas ha sido

claramente perceptible. Pero sólo a ellos y al tono de sus candidatos, alguno tan cualificado como el

vicepresidente del Gobierno, deben culpar. No dudamos en afirmar que el mantenimiento de ese talante

electoral dañará a quien lo emplee, bien entendido que no sólo de los candidatos del partido gobernante se

puede decir que han recurrido a los malos modos. Por el contrario, el talante moderado, el preferir la

exposición de los problemas y la oferta leal de soluciones a la crítica persona] y a la injuria, favorecerá a

quienes se decidan a desdeñar la desvergonzada polémica de plazuela.

 

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