Autor: Vázquez, Francisco. 
   La política como obligación     
 
 Ya.    15/06/1986.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La política como obligación

JEREMÍAS Bentham desenmascaró para siempre esa fuerza negativa y seudoética que puede anidar en la

palabra «obligación». Subraya que procede de obligo o yo ato. Y además, que se amplía en el concepto de

deber, tomado ese término en ética en su sentido de algo puramente impositivo y despersonalizado, como

algo marginal y socialmente convencional. Bajo este prisma de valoración pierden su contenido ético y

sólo reflejan actitudes teatralizadas y artificiales, coercitivas e impuestas ciegamente.

FRANCISCO VÁZQUEZ

Aplicado este baremo a nuestras elecciones políticas del 86, se puede obtener un cuadro referencial de

interpretación y análisis periodístico. Nuestros políticos salen a la calle de la misma forma que el toro sale

de la plaza: viene de la oscuridad y se encuentra deslumhrado por la luz: vivía sosegado y se encuentra

acosado por distintos ángulos; convivía en manada y tiene que defenderse «individualmente»... ¿Qué

sucede? Que:

1) Están «obligados» o «atados» a salir del toril habitual y, con un deber despersonalizado, corren

presentando su campaña a uña de toro.

2) Su campaña electoral es «mi-méticamente» igual para todos, y sólo parece diferenciarse en la forma

de «envestir»: hostigados mutuamente, como el toro en la plaza, propinan insultos a diestra y siniestra. En

la mayoría de sus actos de comunicación política, de hecho sólo existe un sujeto emisor —el político, con

sus consabidos chistes y frases hechas— y falta un auténtico sujeto receptor o público, que contacte con

un mensaje real y estimulador de interés, entre otras razones porque, más que dirigirse a los electores, su

mensaje va destinado a su adversario político.

HUMOR

Soy moderadamene optimista en cuanto a la capacidad del pueblo español para optar por un determinado

partido político. Pero soy inmoderadamente pesimista en cuanto a la capacidad de nuestros políticos para

representar con dignidad el papel de comunicadores políticos.

Sobran las referencias al adversario político y faltan las necesarias alusiones a sus proyectos para afrontar

los problemas urgentes del ciudadano.

La política como pura obligación, durante una campaña electoral, peca de todos los defectos que lleva

consigo una actividad impersonal, urgente y con un tiempo limitado.

La política como ogligación «sólo obliga» a realizar campaña y no a «cómo» realizarla dignamente. Si el

político representa a los grupos sociales y a las instituciones incardinadas en la sociedad, su misión

consiste en ser la voz de pueblo. Lo que sucede en las elecciones del 86 es que nuestros políticos son sólo

la voz de una conciencia de grupo o de una mala conciencia individual. Por este camino no se obtendrá un

resultado representativo del pueblo y de sus instituciones, sino un cargo político en el Parlamento o en el

Senado como fruto de una suma de votos y no de una suma de voluntades.

Francisco Vázquez es catedrático del Etica y Deantología Profesional.

 

< Volver