Autor: Herce, Antonio. 
   Una "estrella" fugaz     
 
 Diario 16.    16/06/1986.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Vitoria "He sentido aqui la solidaridad humana de aspirar a vivir en libertad entre todas las fuerzas

políticas. Es un sentimiento extraordinariamente importante y creo que parte de él se ha perdido,

desgraciadamente, por la violencia.» Lo aseguró Felipe González, a pie de avión, en el aeropuerto vasco

de Foronda. Era la comparación con las visitas que realizó a Euzkadi en tiempos de la dictadura, cuando

no pasaba de ser un militante cualificado en el PSOE, cuando sólo unos pocos sabían de Isidoro.

El de la tarde-noche del sábado fue un paseo apresurado entre Foronda y Mendizorro-za, el polideportivo,

abarrotado, en el que Felipe sudó mares. Cincuenta y ocho autobuses llegados desde Vizcaya querían

dejar constancia de un afecto y, quizá, de una protesta. Se había pensado que el ahora candidato a

presidente estaría en Bilbao, pero la ejecutiva de los socialistas vascos no estaba conforme con que el

secretario general del PSE en Vizcaya, Ricardo García Damborenea, ejerciera de anfitrión.

Una «estrella» fugaz

Antonio Herce

Y el primer candidato al Congreso por Álava, Aguiría-no, ocupaba el estrado junto al apacible Ramón

Rubial, el nuevo apóstol Benegas y la estrella de una noche despejada Felipe González, hablando a una

parte de los ciudadanos de un pueblo que merece «una convivencia en paz y libertad».

No hubo mensaje altisonante en sus palabras, pero tampoco se reprodujo el sugerente espíritu que cuatro

años atrás el entonces aspirante a la presidencia de Gobierno consiguió transmitir en el polideportivo

donostiarra de Anoeta. Evitó cualquier apelación trágica, apocalíptica, para dibujar un verbo moderado y

cálido, que quiso comenzar recordando al senador asesinado Enrique Casas. «No hacerlo, sería una

injusticia.»

Lejos de la estridencia, huyendo del chasquido y midiendo los presagios, Felipe González invocó, una vez

más, el voto libre y responsable, para concluir una intervención que no pretendía pasar a los anales. Fue el

mismo tono empleado minutos antes, durante la breve rueda de Prensa en el aeropuerto. «Mi opinión

personal es que el Estatuto de autonomía de Gernika y la alternativa KAS no tienen mucho que ver, pero

es mi opinión personal y, por tanto, subjetiva. Habría que ver qué interpretaciones se van haciendo de la

propia alternativa KAS, que creo no son idénticas a las que se hacían hace unos años. Habría que verlo,

pero repito que es mi opinión personal.»

Era una respuesta protocolaria, no excluyente y, por tanto, significativa, ante lo que se baraja como

posible fruto de las conversaciones entre PNV y HB, diálogo que tampoco Felipe denigró. Lo absoluto, lo

contundente se redujo a negar la posibilidad de una negociación como la exigida por ETA. «No es posible

plantearse, desde el punto de vista etimológico y conceptual, una negociación política bajo la presión de

la violencia. Y, desde luego, no es posible, para nada, fuera del marco de la Constitución y el Estatuto

avanzar en el camino de la negociación.»

Se hablará de la visita de Felipe González al País Vasco, y habría que decir que fue una visita a Foronda y

Mendizorroza. El paso fugaz de una «estrella» que no quiso sembrar promesas ni fijar sentencias. Alguien

había escrito sobre una propaganda socialista «Felipe kanpora» (Felipe fuera). El, Felipe, regaló su

prudencia. «Este pueblo ha luchado mucho por vivir en libertad y en paz. Y merece, por tanto, vivir en

paz y libertad.»

 

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