La aspiración táctica del P. C. Está a punto:. 
 Convertirse en "el Partido del orden"     
 
 El Alcázar.    31/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

La aspiración táctica del P.C. está a punto:

CONVERTIRSE EN "EL PARTIDO DEL ORDEN"

• "Las posturas adoptadas tras los últimos actos terroristas dan nuevo vigor al propósito-muertos capitali-

zados para la "respetabilidad"

Con asombro, en no pocos casos coa indignación, los españoles han escuchado por televisión los nombres

de los dirigentes del Partido Comunista entre los políticos que han condenado el asesinato reciente de

varios agentes de Orden Público. Por si las palabras volaban y quedara la duda, varias esquelas publicadas

en diversos periódicos expresan el "sentimiento" del Partido Comunista y de sus filiales sindicales,

universitarias o de barriada por la muerte de los agentes.

Este repentina "conversión", de un Partido que cuenta por cientos el número de guardias civiles y policías

que obedece a una táctica, cuya origen se remonta a los primeros meses de la guerra civil, y que consiste

en convertirse en "el partido de orden" para conseguir una máscara de respetabilidad que le permita salir

del "getho" en que le sumen la barbarie del sistema bolchevique del que procede y cuya implantación

propugna.

"LOS VIOLENTOS SON LOS OTROS"

Esta afirmación, que podía parecer una argumentación a contragolpe para desacreditar a sus últimas

manifestaciones "civilizadas", viene expuesta y demostrada en el documento análisis de la táctica del P.C

hecho por Ángel Ruíz Ayucar en la obra que acaba de publicar, titu-lada "El Partido Comunista, 37 años

de clandestinidad". El libro ha salido a los escaparates hace un mes, es decir, antes de los últimos actos

terroristas. El hecho de que la conducta del Partido Comunista coincida plenamente con la prevista en el

análisis de Ruíz Ayucar, como si fuera su prueba académica, es el mejor testimonio del rigor científico

con que está escrita una obra que se convierte en la clave para entender los desconcertantes aconteci-

mientos de que el pueblo español está siendo testigo.

La táctica del P.C. en relación con el terrorismo rojo se condensa, en el epígrafe de las páginas en que

Ruiz Ayucar estudia el problema: "Los violentos son los otros". En efecto, al FRAP, al GRAPO, a la ETA

y, subsidiariamente, al Partido del Trabajo, a la Organización Revolucionaria de Trabajadores, a los

troskistas o a cualquier otro grupúsculo de izquierda, les toca hacer el papel de "malos" para que, por

contraste, brille la bondad de los viejos asesinos de Paracuellos. Pero la táctica es anterior. Al FRAP y a

la ETA. Se puso de manifiesto hace más de diez años, cuando se produjo en el Partido la llamada escisión

"china", que dio lugar a la aparición de diversos grupúsculos marxistas-leninistas, que se unían a otros

anteriores, entre los que destacaban el Frente de liberación Nacional, antecesor del FRAP, incluso en la

persona de su presidente, el viejo servidor de Moscú y del P.C. Alvarez del Yayo.

Escribe Ruiz Ayucar:

"A estas organizaciones hay que unir otros grupos troiskistas, anarquistas, comunistas y hasta "cristia-

nos". Creaban una ruidosa multando a la izquierda del Partido Comunista, que a Carrillo no parecía

molestar demasiado, pues cumplía la doble función de hacer de fuerza de choque en la agitación subversi-

va, sin riesgo para el Partido, y de dar a este un aspecto respetable, al no aparecer como responsable de

los desmanes. En algunos casos ka podido probarse la ayuda económica (conocida u oculta) a los gru-

púsculos revolucionarios. En otros, sólo cabe sospecharla, sin que deba hacerse demasido caso de la

fraseología violenta con que los panfletos y oradores revolucionarios traían a Carrillo y a sus seguidores.

En cualquier caso, es evidente, como analizaremos más adelante, que a Carrillo las escisiones por ¡a iz-

quierda no le preocupan, sino que más bien le agradan, al reforzar con sus ataques el rostro civilizado con

que quiere presentarse a las derechas".

•NADIE A MI DERECHA"

El análisis que anuncia Ruiz Ayucar, lo hace en las páginas siguientes al estudiar la escisión "italiana", es

decir, la escisión "de derecha" (la "china" había sido "de izquierda") protagonizada por Claudín y

Semprúm. El autor señala que Carrillo, en la obra "Después de Franco ¿que?", mientras despacha a los

"chinos" con un despectivo párrafo de 14 líneas, dedica tres páginas a la escisión "italiana". A

continuación comenta:

"Esta diferencia de trato, que no refleja una valoración objetiva de los resultados, sólo es explicable por

razones tácticas. El análisis de tan diferente reacción ante las dos escisiones del Partido lleva a una

conclusión terminante: A CARRILLO NO LE IMPORTAN LAS ESCISIONES POR LA IZQUIERDA;

QUE CONTRIBUYEN A EMPUJARLE HACIA EL CENTRO Y DARLE UN ASPECTO

RESPETABLE; EN CAMBIO, LE PREOCUPAN LAS ESCISIONES POR LA DERECHA, QUE

PRODUCEN EL EFECTO CONTRARIO. El "nadie a mi izquierda" de Lenin, se convierte para Carrillo

en "nadie a mi derecha".

En el capítulo titulado "Salir a la superficie", último de la obra y que podía ser calificado de profetice, si

no obedecieran sus conclusiones a un objetivo análisis de los hechos, Ruiz Ayucar se enfrenta, bajo el

título de "Los violentos son los otros", con la actitud del Partido Comunista en relación con los grupos

extremistas, y escribe:

"Al comienzo de los años cincuenta, el Partido Comunista abandona la violencia como medio de acción.

Los trágicos resultados de la lucha guerrillera bastaban para desanimar cualquier intento en este sentido.

De la infiltración en organizaciones legales se pasó a estructurar la política de "reconciliación nacional".

Desde entonces la violencia fue cosa de los "otros", de Jos anarquistas, del Frente de Liberación Nacional,

de los grupos extremistas, de los "chinos", de los trostkistas. Violencia ajena que el PCE capitalizaba

doblemente: utilizando sus resultados en la agitación subversiva y fabricándose un rostro civilizado al

repudiar métodos que la mayoría de la población rechaza ".

ESQUELAS POR LOS MUERTOS

La táctica tuvo un fallo. El P.C. dejó que se le viera su verdadero rostro en ocasiones propicias para

"capitalizaciones de signo contrario", con motivo de la condena de los terroristas, para los que ha

procurado la impunidad cuando deben responder de sus crímenes. De ahí su contradictoria petición, de

amnistía junto a la repulsa del crimen.

Escribe Ruiz Ayucar:

Las condenas genéricas del terrorismo no le impidieron al Partida Comunista sumarse a la campaña de

agitación desatada en España y en el extranjero cuando los asesinos del inspector Manzanas fueron

juzgados en Burgos (igual ocurrió cuando fueron ajusticiados los asesinos de los guardias y policías

armados en 1975, sin que entonces, los comunistas publicaran esquelas por ellos. Las acciones más

tenaces del extranjero fueron organizadas por los comunistas: sus dirigentes figuraron en las

manifestaciones, sus periódicos se dedicaron casi en exclusiva a atacar a España, sus sindicatos

decretaban huelgas y "boicots" contra nuestra nación. A pesar de que los comunistas aseguraran que

estaban contra el terrorismo. Seria curioso saber que diferencia hubiera habido si hubieran estado en

favor".

En la obra de Ruiz Ayucar tantas veces citada se hace minucioso relato de las actitudes adoptadas por el

Partido Comunista ante crímenes inhumanos, como la matanza de la calle del Correo o el asesinato de

cuatro policías armados el primero de octubre de 1975, crimen de que ha tomado nombre al GRAPO

(Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre). Su distinta actitud actual, con esquelas y

telegramas de condolencia, se desmontan con unas simples preguntas: ¿Es que los guardias civiles y

policías armados asesinados desde 1968 basta 1976 no eran de igual condición profesional, moral y

humana que los asesinados en 1977? ¿Es que sus madres, sus esposas, sus hijos no merecían igual

solidaridad? ¿Por qué entonces el Partido Comunista estuvo al lado de los asesinos en vez de al lado de

las víctimas?.

Que conteste Carrillo a estas preguntas, si puede, y comenzaremos a discutir una respetabilidad que no se

logra por el barato procedimiento de insertar esquelas pagadas en los periódicos.

Esquelas que tras un elemental recuento de los guardias y policías asesinados por los comunistas, hace

recordar, con resonancia sangrienta una vieja redondilla:

El señor don Juan de Robles con caridad sin igual mandó hacer este hospital, pero antes hizo los pobres.

EL ALCÁZAR

 

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