Autor: Aguilar Navarro, Mariano. 
   Las regiones y el principio de participación     
 
 Ya.    21/10/1976.  Página: 5-6. Páginas: 2. Párrafos: 7. 

LAS REGIONES Y EL PRINCIPIO DE PARTICIPACIÓN

AL hablar de los sujetos que participan en el diálogo re-gional quedó planteada una cuestión que resulta preliminar y decisiva. Al igual que sucede en relación con el problema del subdesarrollo económico (y de la política del desarrollo) ,• frente al cual pueden adoptarse dos concepciones diametralmente diferentes, otro tanto acontece tratándose de las regiones. La doctrina francesa ha expuesto toda una filosofía social con respecto al tema. Una concepción mecánica, tecnológica, vendría a oponerse a una interpretación humanista y social del regionalismo y del desarrollo. La vinculación de los dos fenómenos resulta obligada por tener los dos una base común. En los dos casos se parte de un desequilibrio, de

una distorsión. Desequilibrio en el crecimiento económico, en la concentración urbana, en la utilización de la técnica, en las posibilidades que ofrecen al hombre los nuevos avances de la civilización y de la cultura. Para diferenciar estas dos versiones se han utilizado conceptos y términos adecuados. A la concepción tecnócrata del regionalismo se opondría la interpretación humanista. La primera se centra en una preocupación indiscriminada, cuántica del crecimiento económico, del posible enriquecimiento y prosperidad de las regiones. La segunda se fija fundamentalmente en la "calidad de vida". No se limita a la observación fría de las estadísticas económicas, etcétera. Atiende, sobre todo, a la incidencia humana de la transformación operada por el creciente protagonismo de las regiones. Concepción cuántica frente a una versión cualitativa.

LA estimación cuántica y econornicista de la región y de lá regionalizacíón se fija fundamentalmente en los datos de un proceso económico y de una vertebración administrativa del territorio. Valora el fenómeno regional en relación con el plan del desarrollo económico, y lo contempla como una formulación política realizada por el mismo Estado que protagoniza y- decide en materia de planificación económica. La reglón es una pieza política y administrativa que se engrana en el mecanismo de la realización y programación del plan. La región contemplada como forma de exteriorizarse el problema de la organización territorial y de descubrir las fórmulas más idóneas y eficientes de ordenación territorial persiguiendo objetivos que, aun pudiendo al fin ser útiles al desarrollo humano, son inicialmente concebidos en función de criterios no propiamente humanistas. Esta política de planificación económica y de ordenación del territorio, que aun siendo posible de diferenciar, no es meaos cierto que responde a inspiraciones comunes situadas muy lejanamente del tema humano, que es el que tiene como problema capital el mundo contemporáneo.

LAS regiones dentro de una interpretación humanista y política asumen lo que de correcto tiene esa estimación

económica, esas exigencias de la planificación; al igual que hace suyos los problemas de la ordenación del territorio, que es tanto como plantear radicalmente problemas como los de la rebelión de las ciudades (Lefebvre), el tipo de vida (combatiendo las secuencias de una civilización concentracionaría que produce el fenómeno de esas multitudes solitarias de las que se han ocupado los norteamericanos) y los peligros propios de una degradación ecológica, y en última instancia de un deterioro de la misma humanidad, victima de toda clase de alteraciones psíquicas y fácil presa de motivaciones agresivas.

Al asumir todos estos elementos actúa en forma dialéctica, de tal modo que esa incorporación evita una acción meramente negativa, nudamente destructiva, en cuanto niega, pero al mismo tiempo trasciende incorporando lo que haya de válido en formulaciones más progresivas. O lo que es igual, a decir favoreciendo el proceso de Humanización "de esos mismos fenómenos que parecían haber escapado al control del hombre. Una correcta concepción de la región implica unir lo material con lo espiritual, lo objetivo y cuantifícable con lo subjetivo y axiológico.

NO se trata de prescindir de la materia. Lo que se pretende es no quedarse en un materialismo tosco y primitivo. Y para ello la región incorpora lo que la historia le lega de valioso y lo que el quehacer cotidiano le impone corno empresa. Unimos, de este modo, una concepción política de lo concreto y de lo cotidiano huyendo de abstracciones que pueden tener una naturaleza dual: abstracciones deducidas de un idealismo escarpista, o de un materialismo alienante para el protagonismo del hombre.

Esta concepción humanista y social del regionalismo actúa resaltando dos dimensiones: la histórica y la política. En el primer sentido acentúa el proceso de enraizamíento de la comunidad humana, que encuentra en la región un habitat humano. Es un modo de Intentar vivir a escala del hombre, como escribiera después de su cautiverio ese so-

LAS REGIONES...

(Viene de la pág. anterior)

cialista y humanista que fue León Blum. Hoy el hombre se siente perdido tanto si se desenvuelve en grandes concentraciones como si lo hace en las que son minúsculas.

EL hombre para realizarse necesita unos entornos humanos. Ya Aristóteles comprendió este problema al preocuparse por la extensión y población que debía tener la "polis" si en ella se quería vivir humanamente. Un gran humanista, como fue el germano Keyserling, aludió a esta cuestión al plantearse el tema de las distancias y de las velocidades. En la actualidad el hombre tiene que encontrar su. "medio", y éste debe estar a mitad de camino entre las comunidades supranacionales en gestación y las pequeñas agrupaciones locales, incapaces de ofrecer los modos de existencia que reclaman las condiciones económicas y tecnológicas.

Las regiones constituyen una de las formas más prometedoras que puede ofrecerse con relación a los "entes o cuerpos intermedios". Son formas comunitarias pensadas al servicio del hombre. ¿Y en qué términos vamos a entender ese servicio? En relación con el posible protagonismo humano. Por eso he creído que una forma adecuada de introducirnos en el aspecto político y sociológico de la región es acusando esta dimensión de la participación. Participación no sólo política, pues de lo que se trata es, nada menos, que de lograr que toda la vida sea una empresa en la que el hombre actúa como supremo sujeto.

El hombre, realizándose en su personalidad, reclama esa búsqueda de sus raíces históricas (es su suelo nutricio) y esa proyección activa que se efectúa mediante una existencia política democrática, tipificada por el hecho de la participación. De este modo muchos especialistas ven en el resurgir de las regiones el modo de hacer realidad ese control democrático y esa participación social. En suma, la región se entenderla como una forma de realización de la personalidad humana.

M. AGUILAR NAVARRO

 

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