Autor: Cierva y Hoces, Ricardo de la. 
   La rebelión de las provincias     
 
 El País.    10/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

La rebelión de las provincias

RICARDO DE LA CIERVA

La antitesis —y hasta el diálogo para superarla— entre Oposición y Gobierno no agotan, ni mucho menos, toda la realidad política de un país real en ebullición. Además de Gobierno y Oposición hay muchas más cosas que si no entran a fondo en ese diálogo pueden convertirle en espejismo. Cuando se habla de Oposición hay que matizar ahora mucho más que hace tres meses; para volver casi al antiguo término de la Restauración, las oposiciones. Pero además de Gobierno, Oposición y oposiciones están las provincias.

El comentarista político afincado fuera ´de Madrid podía derivar antes al localismo si no viajaba con frecuencia fuera de su ámbito. El comentarista político radicado en Madrid corre el riesgo de dictaminar para las contaminadas nubes de la capital si no practica cada semana —la aceleración del país real es así— un buceo intensivo, y bien orientado, en las provincias.

Experiencia candente

Con la experiencia cándente; ya Veces un poco alucinantes, de tres semanas de practicar humildemente ese Consejo antes dé darlo, cree el comentarista que Intensión centro-periferia, vital para la gestación de nuestros impulsos vitales y nuestras crisis contemporáneas, ha acumulado en los últimos tiempos un fortísimo desequilibrio de potencial desfavorable al polo central: y que se manifiesta en los terminales periféricos en forma próxima a la rebelión. Ortega titularía ahora redención, seguramente como se sugiere en este artículo: y como se desprendía ya del último de los que él publicó bajo aquel epígrafe general.

Permítaseme copiar de ese artículo—febrero de 1928. en pleno auge de la primera dictadura— los puntos siguientes:

1. «Separemos resueltamente la vida pública local de la vida pública nacional. Así lograremos posser plenamente las dos.»

2. «La organización política de la gran comarca se reduce a poner su vida local en manos de sus habitantes. La nación, como tal, no puede cuidar directamente de la vida local. Los cincuenta años de

intentar lo contrario ha sido una experiencia en grandes dimensiones que necesitamos aprovechar.»

3. «Yo imagino, pues, que cada gran comarca se gobierna a sí misma, que es autónoma en todo lo que afecta a su vida particular; más aún, en todo lo que no sea estrictamente nacional. La amplitud en la concesión de autogobierno debe ser extrema, hasta el punto de que resulte más breve enumerar lo que se retiene para la nación que lo que se entrega a la región.»

4. «Para ello es precisa la reforma profunda que coloque a las masas de españoles en una postura pública completamente distinta de la tradicional. Sin una nueva estructura, sin una diferente anatomía, no habrá una fisiología nueva ni un nuevo tipo de español.»

5. «La idea de la gran comarca significa el ensayo de construir un Estado que por una parte se acerque al hombre provincial, le proponga cuestiones públicas afines con su sensibilidad y le invite a resolverlas por sí mismo. En suma: un Estado que le interese.»

6. «El antiguo Estado parecía una máquina imaginada exprofeso para fabricar, su propio desprestigio y el de la idea nacional que simbolizaba. Dejaba a la provincia sólo el derecho de plantear problemas y conflictos a la nación y el de quejarse luego y maldecir porque la nación no los remediase o los resolviese más.»

7. «De aquí que todo el proceso histórico de 1876 a la fecha haya culminado en una sublevación sin gritos de la provincia contra el viejo Estado. Esta sublevación era justa. Porque no ha tomado fuerza espectacular, y porque hasta ahora ha mostrado sólo su faz negativa no se ha querido ver en ella lo que es en pura y profunda realidad; a saber, la única fuerza histórica amplia, que ha empujado nuestra historia en lo que va de siglo y la única que puede levantar el destino de España.»

Sorpresas electorales

Cambiemos la fecha del artículo por 1976 en vez de 1876: y firmésmoslo en 1976 en vez de 1928: tan actualísimo es. Una sublevación sin gritos de la provincia: eso es lo que acabo de ver en seis provincias recorridas rápidamente, pero en profundidad; y con auditorios y encuentros de país real, de comarca, de asociación de vecinos. Si no cambian mucho las cosas, los que se creen partidos políticos y no son, en varios casos, más que confluencias complacientes de clase política capitalina, se van a llevar enormes sorpresas en las elecciones. Hay una clase política inédita en trance de eclosión. Van a quedar arrumbados casi todos los colosos con pies de barro; la decantada teoría de que en las próximas elecciones se va a votar a nombres conocidos me parece terriblemente engañosa.

El pueblo de las provincias quiere el orden y el concierto; pero ansia con enorme fuerza el cambio. No se fía ni de su sombra. Carece de información profunda, pero alimenta, lo que no es fácil de explicar, un sobrecogedor sentido político.

No entiende ni una sola de las distinciones ni uno sólo de los retruécanos convencionales en la clase política de Poder y Oposición; que le vangan con instancias unitarias, poderes fácticos, democracias cristianas no confesionales y rebatiñas por la exclusiva del centro, y ya verán ustedes lo que vota. El pueblo de las provincias —el pueblo compuesto por los electores medios, decisivos— está generando su propia clase política, y sólo tomará de la anterior lo que sea y crea más limpio, más honesto, más auténtico.

Ojo a la televisión; he visto que produce tantos rechazos como adhesiones. Las campañas a la americana pueden fracasar estrepitosamente. Todo hace pensar que el pueblo de las provincias se ha tomado en serio ese protagonismo que se le ha ofrecido con intenciones sencillamente publicitarias. Sin vidires.

Me entero al volver de Andalucía que los gobernadores han recibido un informe confidencial sobre la influencia de los medios comunicativos en el votante tipo medio, es decir, a los votos. A la prensa se le asigna coeficiente uno; a la radio, cinco, y a la RTVE, diez. Esto sería o no verdad, pero el Gobierno va a operar con esa idea. Atención.

 

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