Autor: Ruiz Gallardón, José María. 
 Apunte político. 
 El "Hecho" regional     
 
 ABC.    23/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

APUNTE POLÍTICO

a «HECHO» REGIONAL

Por J. M. RUIZ GALLARDON

Ayer tuve ocasión de leer en «Ya» el artículo del profesor Lucas Beltrán que ha merecido el premio «Manuel Aznar». Leí también la referencia que «El País» insertaba de la conferencia pronunciada en Madrid por quien fuera presidente del Tribunal de Casación de Cataluña durante la II República, señor Andréu, que, entre otras cosas, se atrevió a imputar al Generalísimo Franco un «auténtico intento de genocidio cultural contra el pueblo cátalan». ¡Grave acusación!

Está en boca de las gentes políticas el problema regional, que algunos llaman problema de nacionalidades. El profesor Lucas Beltrán, en su citado trabajo, destaca la vida y la obra de Antonio de Capmany, Ramón Lázaro de Don, Balmes, Mané y Flaquer, Maragrall y Cambó. Y escribe: «En todos estos hombres brilló el amor y el espíritu de servicio a Cataluña., pero asimismo fueron entusiastas partidarios de la unidad y grandeza de España. La idea de romper los vínculos que desde tantos siglos han unido a Cataluña con España les pareció absurda y nefasta. Y no sólo los vínculos políticos, sino también los afectivos.»

Me parece que en la última frase está la clave para comprender el llamado «hecho regional». Y no sólo el catalán. No entiendo cómo se puede ser catalán —o vasco— partiendo de un anti, como contrafigura de lo español. Entiendo menos, si cabe, que se sea castellano por enfrentamiento a Cataluña o Vasconia. Me parece que en todo el tema subyace una cuestión de amor. Amar a España en catalán o en vasco y a cada una de sus regiones en castellano es el principio de la solución del tema. Porque si hay amor, si existen vínculos afectivos —¡y vayan sí existen!— todos los demás problemas empezarán a verse con una nueva luz: lo que es amado une; sólo el odio separa.

Atención, pues, a los separadores en uno u otro ámbito: siempre les queda, en el fondo, un rescoldo de odio. Y con él no se ya a ninguna parte, no se llega a ningún puerto. Quizá sólo por ese malhadado camino se consiga el genocidio de todo lo hispánico.—J. M. R. G.

 

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