Autor: García Serrano, Rafael. 
   Lunes, 3 de enero     
 
 El Alcázar.    04/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

LUNES, 3 DE ENERO

La cooficialidad de las lenguas o el bilingüismo profesado hasta sus últimos extremos, tal y como ya está planteado en Cataluña por personal e intranferible decisión delPresidente Suárez —el super Azaña de las nacionalidades— puede crear graves problemas a eso que ahora se llama el Estado Español, pero, antes que nada, va a arruinarlo.

El País Vasco, o las Vascongadas — en las cuales sigo sin saber si se incluye politica y administrativamente a Navarra o no, aunque a mi, como navarro, no me gustaría que se le incluyese—, ahora llamado Euzkadí hasta en la pobre de los periódicos conservadores, se dispone en estos días a solicitar, con toda razón, las mismas ventajas concedidas a Cataluña.

El bilingüismo exige que tanto los funcionarios del Estado Español, magistrados y guardias civiles, maestros nacionales y registradores de la propiedad, catedráticos, generales, jefes, oficiales y clases del Ejército, conserjes, ingenieros de diversas especialidades, policías, ujieres, médicos de instituciones sanitarias reconocidas como nacionales o regionales, etc; etc; dominen, además del castellano, que por el momento será el idioma oficial, el de la región o Estado más o menos asociado al Estado Español en el que vivimos gloriosamente desde la muerte del Caudillo. Ahora bien, estos funcionarios, en virtud de ascensos, traslados por necesidades de servicio y otras causas relacionadas con el escalafón, la permuta o el capricho, pueden ser destinados, no faltaba más desde Cataluña a Galicia, desde ésta a Asturias o a Baleares o a Alicante o a Canarias o a cualquier parte de lo que hasta ahora se llama territorio nacional, y que acaso mañana, en el más optimista de los casos, se llame territorio federal.

De este modo todo aspirante a funcionario público, sea militar o civil, deberá aprender todos los idiomas y dialectos peninsulares e isleños para estar dispuesto a servir con arreglo a la ley. Igualmente, los niños de todo el Estado Español que piensen dedicarse a funcionarios habrán de aprender desde la primaria todos los idiomas y dialectos antes citados supongo que —para mayor facilidad— estudiando la geografía en catalán, la geometría en vasco el castellano en gallego, las cuatro reglas en valenciano, el himno nacional en tortosino, la historia en balear, la gimnasia en bable, la religión y otras asignaturas de libre elección en castúo, alicantino, o andaluz occidental, la convivencia democrática en el lenguaje silbado de La Gomera, amén de las nuevas leyes fundamentales que deberán ser estudiadas en ladino.

Los niños acabarán la primaria a los treinta años. Los funcionarios de todo género entre los cuarenta y los cincuenta y se servirá al Rey a los cincuenta y uno, edad en que el recluta estará capacitado para entender las órdenes de sus superiores sea cual sea la Región Militar donde les toque hacer la mili. ¡Y a ver quien trabaja y produce antes de cumplir el medio siglito, salvo los sordomudos!

Los profesores de inglés, francés, alemán, italiano, ruso, griego (moderno), árabe, polaco, rumano, etcétera, se suicidarán, si es que no emigran a otras naciones, que a veces resulta más incómodo.

La Berlitz, me dicen, ya está comenzando a despedir a sus profesores.

Pero, gracias a Dios, ¡qué felices vamos a ser entendiéndonos unos a otros, l

os españoles, en cualquier idioma o dialecto, siempre que se prohiba bajo pena de muerte la venta de bastones, maquilas, cachabas y garrotes, navajas y puñales, placas y pistolas, hoces y martillos, guadañas y misericordias, granadas de mano y bombas nucleares!.

ENERO —1977

 

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