Realismo ante el tema regional     
 
 Ya.    16/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

REALISMO ANTE EL TEMA REGIONAL

RESULTA ocioso insistir en Ia actualidad del tema regional dentro del contexto politico español. La fuerte personalidad histórica, social y cultural de regiones como Cataluña, Galicia o el Pais Vasco promueven, en momentos como los actuales de reajuste político, no por sus diferencias que, si no se encauzan pueden dar lugar—y lo están dando de hecho—a conmociones más profundas, con evidente peligro de escisión en el bloque nacional.

La ultima visita del ministro Martín Villa a Pamplona y Vitoria para reunirse con los autoridades provinciales y locales se encamina precisamente a lograr el entendimiento previo que permita, en etapas sucesivas, asentar las Justas reivindicaciones en sus cauces y evitar que los intentos partidistas se beneficien de situaciones confusas no siempre espontáneas.

Es precisamente en el País Vasco donde el peligro parece más inminente, tal vez por la entrada en luego, hace años, del fenómeno terrorista y—todo hay que decirlo—por evidentes errores de gobierno, achacables o las secuelas da las guerras carlistas y acentuados tras la guerra civil. Las mismas autoridades locales se han sumado en buen número a lo que pudiéramos llamar grupo de presión anticentralista, hecho que, a nuestro Juicio, significa que han sintonizado con las aspiraciones de buena parte del pueblo y que la situación debe plantearse desde posiciones más realistas.

HERRERO Miñón, en su reciente conferencia en el Club Siglo XXI, habló de plantear la regionalización como técnica general de organización del Estado. Dicha técnica — dijo — "consiste, en el plano político, en la redistribución territorial del poder, creando nuevos centros autónomos de decisión; en eI plano administrativo, la aproximación de los servicios administrativos o los administrados, sometiendo aquéllos al control democrático de éstos. En, el plana cultural, la revitalización de las lenguas y culturas regionales.

En el plano económico, no la creación de zonas exentas que gravitarían sobre el resto del país como las antiguas factorías mercantiles sobre el "hinterland" colonizado, sino una planificación que sustituya el mero crecimiento cuantitativo sectorial para el desarrollo armónico de los diversos conjuntos sociales unitarios, corrigiendo sus actuales desequilibrios. Estos conjuntos sociales unitarios no pueden ser otras que las regiones históricas de España, a cuya totalidad debe alcanzar la autonomía. Es necesario que el poder autónomo regional esté en manos de asambleas representativas, democráticamente elegidas, y de los órganos ejecutivos nombrados por ellas".

ESTA formulación, amplia en sus objetivos, ofrece, sin duda, serias dificultades en la práctica. Pero tal vez la dificultad nazca más del tiempo perdido en la búsqueda que de la propia entidad del objetivo. Frente a las reivindicaciones, cuyo estudio ofrezca garantías de Justicia, lo demás debe pasar o un segundo plano. La ventaja de una política regionalizadora como la que propone Herrero Miñón es doble: por una parte se alcanzan grados de autonomía notables, y por otra, sin resquebrajamiento de la unidad nacional, se garantiza el cultivo necesario de las peculiaridades propias de cada una de las regiones.

Al mismo tiempo—y volvemos al problema vasco—se deja sin señuelo político a las minorías que hacen de las justas apetencias regionales banderín de enganche político contra el sistema. Comprendemos que la solución de estos problemas debe corresponder a las nuevas Cortes, pero por ahora conviene ir limando las más graves asperezas.

ESTE necesario realismo merece una consolidación clara y definitiva, exenta de desconfianzas. En términos de democracia, las regiones históricas españolas lo seguirán siendo por encima de todo intento separatista. El pueblo reclama derechos, no independencias.

 

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