Los riesgos del centro     
 
 Diario 16.    19/01/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Los riesgos del centro

¿Quién dijo que los españoles somos políticamente extremistas? A juzgas por las noticias aquí abundan los centristas como las moscas en verano. La gran coalición del centro empieza, en efecto, a ser una realidad. Y si el movimiento que se ha iniciado por la derecha llega hasta el centro izquierda incluyendo a los sectores socialdemócratas no es aventurado prever, como hacía DI6 el pasado día 6, que esta alianza centrista puede conseguir un elevado porcentaje de votos en las próximas elecciones.

La operación, sin embargo, debe evitar desde ahora mismo los riesgos que acechan siempre al centrismo y que podrían hacerla fracasar. Especialmente por ese centripetismo que parece estar de moda entre nuestros políticos.

El centro, en cuanto punto de convergencia de los extremos, tiene, por lo general, un cierto margen de indefinición política. En todo centro hay algo de cajón de sastre que agua las opciones y puede conducir a un ambiguo ni carne ni pescado. Se ha dicho que el sueño del centro es realizar la síntesis de aspiraciones contradictorias y a menudo sumerge la voluntad de los electores en una bruma. Desnaturalizados los perfiles políticos se lastran por anticipado las decisiones que habían de tomarse y que no se toman para no plantear discrepancias en el frágil consenso centrista.

EL centro en política no es en efecto casi nunca la realización del in medio virtus de los clásicos sino un Fabuloso montaje, de prestidigitación política. El centro es por eso, en ocasiones, él lugar de encuentro de los oportunismos. El centrismo del Fraga anterior a Alianza Popular o la abundancia de quienes ahora se autocalifican de centristas son buen ejemplo de ese afán de madrugar en el uso de las etiquetas políticas. Por no hablar de la actual plétora de "socialdemócratas", denominación que tiene la ventaja de unir la respetabilidad de la moderación centrista con el prestigio de elementos progresivos propios de la izquierda. Lo peor que podría ocurrirle al centro es que se convirtiera en refugio del oportunismo político o en tabla de salvación de náufragos más o menos azulados.

Si el centro evita estos riesgos puede llegar a cumplir un importante papel en el proceso democratizador. Pero los centristas deben pensar ya que no basta con vencer en las elecciones. Después, en las Cortes Constituyentes, será preciso esforzarse para que el centro no salte en tantas astillas como componentes.

La querencia derechista de algunos y las ilusiones izquierdistas de otros pueden dar al traste con la operación. No basta por eso unirse para ganar votos, sino establecer una plataforma programática de actuación en las Cortes. Un pacto constitucional que garantice de alguna manera la eficacia del primer Parlamento democrático. En otro caso esa operación no habría senado sino como trampolín de oportunismos.

La derecha continuista podría ser entonces quien sacara partido alzándose con el santo y la limosna. Seria triste que los tripulantes del barco centrista se dieran cuenta entonces que sus rumbos eran diferentes.

 

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