Autor: Aguilar, Emilio. 
   Regionalismo, egoismo y justicia     
 
 Pueblo.    23/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

REGIONALISMO, EGOÍSMO Y JUSTICIA

JAVIER Belplérráin, en «Informaciones»; ha enjuiciado" el argumento aportado para el conflicto de As Encrobas, según el cual Galicia es energéticamente suficiente y no hay por qué aumentar en ella la producción de una energía que beneficiará a otras regiones. Acierta al calificar esa postura de egoísta. Yo le añadiría el calificativo de miope ^irracional. La ampliación de los ámbitos económicos es un beneficio común que, de alguna manera, promueve la riqueza total y favorece a todos. Lo único que debe exigirse es que loé beneficios se distribuyan con cierto criterio de igualdad, dentro de lo posible.

Y en el caso de las zonas productoras de energía esa igualdad no se da. Todavía más: hay una clara desigualdad respecto de las zonas de consumo masivo de esa energía. Estas zonas, alejadas cientos de kilómetros de los lugares de producción, pagan la energía al mismo precio que las próximas, con lo que se produce el efecto de que el costo del transporte —es decir, los costos de amortización y mantenimiento de las líneas, así como las pérdidas de energía por transporte— se cargan por igual a los consumidores próximos y a los lejanos. No cuesta lo mismo un kilovatio a pie de central que a cientos de kilómetros de ella. Sin embargo, las comarcas, provincias o regiones productoras pagan el mismo precio. Es una desigualdad en contra de los que suelen perder parte de sus medios de producción en aras de los centros energéticos: los terrenos ocupados por el vaso del embalse o destruidos —como en el caso de As Encrobas— para la explotación de mineral.

• Pero, como se dice en gallego, «aínda máis»: es corrientísimo que las zonas montañosas, las más frecuentes productoras de electricidad, estén escasa y, sobre todo, deficientemente electrificadas? No se trata ya de que haya pequeños núcleos sin electricidad —podría justificarse por la baja rentabilidad—, sino de que las instalaciones son tan malas que el menor contratiempo atmosférico deja sin luz a comarcas enteras. Por experiencia personal directa he podido comprobar que la Sierra de Segura, con tres centrales que envían electricidad a Sevilla, Murcia, etcétera, queda sin luz cuando sopla un aire un poco fuerte. Se estropean motores y máquinas de todo tipo, pero nadie compensa a los pequeños industriales por estos perjuicios repetidos año tras año y jamás solucionados.

• Tiene no poca razón Javier Belderráin, pero también es cierto que los productores de energía tienen derecho a precios justos —como sucede en Estados Unidos, donde hay una compensación por distancia a las centrales— y abasto garantizado. Y es seguro que cuando ocurra el acuerdo entre los propietarios de As Encrobas y la empresa eléctrica nadie advertirá el pequeño detalle de que los usuarios de la zona productora, en la que las pérdidas por caída de tensión son casi nulas, pagarán igual que los consumidores de cualquier distante ciudad a la que cuesta cientos de millones, o miles, transportar la electricidad, por pérdidas en el transporte, gastos de construcción, amortización y mantenimiento de las líneas.

• El cómodo ciudadano que enchufa su electrodoméstico a doscientos kilómetros de la central tiene que pensar en los que, sin deber, están pagando el transporte de su energía. Es un imperativo de justicia que se debe a los lejanos e incomprendidos habitantes de las zonas productoras.

Emilio AGUILAR

 

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