Autor: Díaz-Plaja, Guillermo. 
   La academia y lo regional     
 
 ABC.    08/03/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

LA ACADEMIA Y LO REGIONAL

En numerosas ocasiones me he planteado la cuestión de la representatividad que, en la Real. Academia Española, pueden asumir las literaturas regionales. ¿Debe la Corporación madrileña atenerse a unos estrictos criterios lingüísticos y. de acuerdo con ellos, ceñirse a los problemas ídiomátícos del castellano? O, por el contrario, ¿puede asumir una función suprema en el campo cuitara! que le permita acoger en su seno todos los valores representativos de las expresiones hispánicas?

Ciertamente, la situación constituyente en que nos encontramos hace oportuna una meditación en torno a este tema, Y bien valdría la pena tener en cuenta cuantas soluciones se hayan puesto en práctica en países que, como el nuestro, ofrecen una pluralidad lingüisticocultural. Así, por ejemplo, Bélgica, en cuyo organigrama político anotamos, dependientes del Gobierno, un Consejo Cultural de la Comunidad Cultural francesa* y otro, de la misma jerarquia, para la Comunidad Cultural que se expresa en flamenco. De este modo el mundo valon y el mundo flamingante asumen una relación directa con el Estado. ¿Será una fórmula parecida a ésta a que un día tendrá su realidad entre nosotros?

Volviendo al planteamiento inicial, ¿sentiré un día la Real Academia Española la conveniencia de integrar a todos los valores culturales que alientan en el ámbito del Estado español?

A guisa de ilustración voy a traer un precedente que es, también, el ejemplo de una frustración: el de la promoción de "académicos regionales» durante la Dictadura del general Primo de Rivera.

Vale la pena recordar este ensayo gubernativo que paradójicamente, como tantas veces sucede, se encuentra en franca contradicción con la política uniformista del general Primo de Rivera. Se trata del real decreto de techa 26 de noviembre de 1926, que lleva la firma del ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, don Eduardo Callejo de la Cuesta. He aquí la parte dispositiva, en sus líneas fundamentales: «Se crean en la real Academia Española "tres secciones", denominarías: de la lengua catalana y sus variedades valenciana y mallorquína; de la lengua gallega y de la lengua vascuence, compuesta cada una de los académicos de su especialidad respectiva, expresados en el art. 1., y de un número igual de otros académicos numerarlos designados por dicha Corporación, siendo presididas todas las secciones por el director de la Academia.»

"Tendrá como función cada una de dichas secciones, con respecto a su especial idioma, las mismas que para la lengua castellana determina el articulo 1. de los Estatutos de la Academia, aprobados por real decreto de 31 de agosto de 1859, y, además, la formación de los diccionarios respectivos.»

«Los referidos ocho académicos numéranos y otros seis de los que se elijan en adelante como hablistas castellanos se hallarán relevados del deber de estar domiciliados en Madrid, teniendo sólo el de acudir a la Corte tres veces al año, en las fechas y por el número de sesiones que determine la Academia, y el de redactar por escrito, los trabajos que ésta les encargue.

¿De dónde salió este extraño decreto, que tanto contrasta, repito, con la política cultural de la Dictadura? No, ciertamente, de la Real Academia Española que, pocos días después (9 de diciembre), enviaba al ministra un informe, sobre la disposición 1egal que acababa de promulgar. A la Academia Española no le gustó nada la orientación ministerial. Después de proclamar su amor a las lenguas peninsulares, y de lamentar no haber sido consultada previamente, esgrime, con las consabidas razones económicas, las de carácter técnico: EI texto ministerial "no alude siquiera al posible engranaje" de esta nueva máquina "con otros organismos existentes" de antiguo en las regiones aludidas, "consagrados algunos" por el reconocimiento oficial e instituidos todos para los fines que ahora se nos atribuyen, y de cuya labor ya hecha y futuras colaboraciones sería equivocado, prescindir. La "materia viva" indispensable para el estudio, "no se encuentra aquí", sino en el territorio donde esos organismos radican.»

Y en su sesión del 16 de diciembre reiteraba al ministro de las dificultades que la realización del decreto traía consigo: ´Ocho académicos regionales, dispersos por el territorio regional y aislados entre sí y respecto de nosotros, podrán ser elemento decorativo de nuestro "Anuario", y en nuestros salones podrán contribuir a nuestras tareas peculiares con algún mayor resultado que los actuales correspondientes, pero no realizarán jamas las esperanzas que el preámbulo del real decreto ha hecho concebir y de cuyo fracaso se baria responsable a esta Academia.»

A pesar de esta política de tenaz, aunque respetuosa, oposición, la puesta en marcha del real decreto hubo de cumplirse, y en el acta del 10 de marzo de 1927 aparece constancia de la elección de los "Académicos Regionales» y de sus resultados; "En la sección catalana, lengua catalana, los señores don Antonio Rubió y Llucrt y don Eugenio D´Ors para la misma sección, lengua valenciana, e! P. Luis Fullana; en dicha sección, lengua mallorquína, don Lorenzo Riber; en la sección gallega, los señores don Armando Cotarelo y Valledor y don Ramón CabanilLas, y para la sección vascongada, los señores don Julio de Urquijo y don Resurrección Maria de AZcué.»

Bastó la caída de Primo de Rivera para que La Real Academia Española confirmase su hostilidad al proyecto de 1927, y, en efecto, el 22 de mayo de 1930, bajo La responsabilidad del ministro de instrucción Pública, don Elias Tormo, alegando que: Sobre demostrar La experiencia, la ineficacia de la reforma, a juicio unánime de la propia Academia y de todos sus miembros madrileños y regionales, el rasgo de reconocimiento del valor de las respectivas culturas literarias ´y populares ha de traducirse hoy más normalmente en la leal aceptación por el Gobierno y por toda España de la importancia cultural de las Academias y otros institutos y organismos regionales.»

Y señala en su parte dispositiva: ´Artículo. 1ª: Queda abrogado el real decreto de 26 de noviembre de 1926, por el cual se habían creado e incorporado a la Real Academia Española las secciones regionales catalana, valenciana, mallorquína, gallega y vascongada.

Igualmente queda abrogado el Reglamento de 21 de noviembre de 1927, reales órdenes y demás disposiciones y acuerdos académicos consiguientes.

Art. 2.* los académicos regiónales elegidos conservarán sus puestos como académicos de número. De igual derecho gozarán los sólo electos después de su toma de posesión. Unos y otros podren tener en provincias su residencia.

Art. 3.´ Se restablecen en todo su vigor los Estatutos y Reglamentos de la Real Academia Española vigentes antes del real decreto de 1926.

Art. 4.´ A fin de que el número de académicos vuelva a ser el antes establecido de 36 se amortizarán la tercera y las sucesivas vacantes de los académicos regionales.»

* * *

Algunas reflexiones, melancólicas, son totalmente innecesarias.

Guillermo DIAZ-PLAJA De la Real Academia Española

 

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