Autor: Alonso-Villalobos, I.. 
   Ni autonomía ni descentralización son sinónimos de política regional     
 
 Hoja del Lunes.    09/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Ni autonomía ni descentralización son sinónimos de una política regional

Por I. ALONSO-VILLALOBOS

EL problema de las diferencias regionales, constante en España, parece que constituye en loe últimos tiempos base para la propaganda de una serie de ideologías políticas que, más que la solución a escala nacional, parecen pretender—a Juzgar por las manifestaciones de varios de sus líderes—afirmar, con la bandera cíe las regiones y la descentralización la permanencia de esa acusada disparidad que en lo económico se da en España, asegurándose en las reglones más favorecidas la continuidad en la primacía económica.

El problema de las diferencias regionales no se resuelve, sino que se acrecienta si el peso de la política se inclina del lado de las regiones privilegiadas Lo necesario es que, sin que con ello se deteriore su posición, se sitúen las regiones menos favorecidas en condiciones de progresar.

Entre nosotros, buena parte de los criterios que orientaron los primeros planea de desarrollo se vieron fuertemente influidos por las recomendaciones del Banco Mundial, que preconizaba, para acelerar el despegue de nuestra economía, intensificar la industrialización de los núcleos industriales existentes antes que dispersar los recursos disponibles en la creación de nuevos focos de actividades. Con ello se consiguió, ciertamente «1 objetivo de la expansión económica, pero a costa de que las diferencias entre las regiones se vieran mucho más acusadas.

El problema de las diferencias regionales no es privativo de España, aunque sí lo esté siendo su tratamiento.

En la Comunidad Económica Europea, la concentración en las regiones centrales es evidente: el 22 por 100 de la población ocupa el 55 por 100 del territorio, que coincide precisamente con las regiones más desarrolladas de la CEE, regiones cuya producción representa el 28 por 100 de cuanto se produce en la misma. En 1970. el producto bruto per cápita era en Hamburgo cinco veces superior y cuatro veces en París que en las regiones retrasadas del oeste de Irlanda o del sur de Italia, y para 1976, la relación era de seis veces para Hamburgo y de cinco para París.

Para combatir esa enorme disparidad creó la CEE en 1975 el Pondo de Desarrollo Regional, que entre dicho año y este de 1977 dispone de 1.300 millones de unidades de cuenta (la unidad de cuenta venía a coincidir en valor con el dólar antes de la primera devaluación de éste), y se distribuyen con arreglo a la importancia de los problemas regionales de cada país miembro: e! 40 por 100 van dirigidos a Italia; el 28 por 100, a Gran Bretaña; el 15 por 100, a Francia; el 6,4 por 100, a Alemania Federal; el 6 por 100, a Irlanda, y el 1,7 por 100, a Países Bajos.

Condición exigida es que estas ayudas del Fondo no se traduzcan en una disminución de las aportaciones de los Estados de cada país miembro en sus esfuerzos por la política regional, sino que deben ser complementarios de los mismos. Las primeras ayudas comunitarias comenzaron en octubre de 1975 y nueve meses después se había ya distribuido más de la tercerá parte de las sumas disponibles. Cerca de la mitad de las inversiones subvencionadas en 1976 afectó a proyectos industriales; Alemania, con las subvenciones recibidas, crea infraestructuras regionales, como vías de acceso, traídas de aguas, etc.; los proyectos franceses se centraron en ampliar zonas industriales y portuarias de la zona atlántica;

Dinamarca atiende a planes de infraestructura en Groenlandia; Italia, a proyectos de ayuda a zonas agrícolas; Gran Bretaña a Irlanda materializaron buena parte de la ayuda recibida en la construcción, por, organismos públicos, de fábricas, que posteriormente vendieron o alquilaron a inversionistas privados.

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Por otra parte, la actuación del Fondo Regional va ligada a otros organismos, como el Fondo Social y en buena parte también a la del FEOGA (organismo semejante a nuestro FORPPA) para la orientación y garantía agrícola, aunando asi y coordinando los distintos fondos comunitarios con el de la política regional.

Pedir únicamente descentralización y autonomía regionales no es hacer política regional, sino política para esta o aquella región, descolgándose de todas las demás. Se necesita para una auténtica política regional alguien—nadie mejor que el Estado— que distribuya y canalice los fondos y recursos disponibles hacia aquellas regiones que se encuentran más retrasadas.

 

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