Un regionalismo para hoy     
 
 Diario 16.    24/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Un regionalismo para hoy

Catalanes y vascos han planteado ya, como era de prever, el tema de sus autonomías regionales. Los parlamentarios vascos recién elegidos se han reunido bajo el árbol de Guernica para ratificar el compromiso autonómico y constituirse en Asamblea. También próximamente se constituirá la Asamblea de Parlamentarios de Cataluña.

Y parece probable que los diputados y senadores elegidos por Galicia celebren pronto en Santiago de Compostela la reunión constitutiva de so propia Asamblea. Proyectos similares tienen los parlamentarios andaluces y los del País Valenciano. Por otra parte, los socialistas catalanes han iniciado la negociación de la autonomía con sendas visitas a Suárez y al Rey, negociación que será continuada por un consejo elegido en el seno de la Asamblea de Parlamentarios que va a funcionar como auténtico embrión de un Gobierno autónomo.

Con todas estas iniciativas se dan los primeros pasos para remediar una tremenda injusticia histórica llevada al paroxismo por la dictadura franquista, que con el pretexto de una falsa "unidad de los hombres y las tierras de España" sometió a todos a su férula despótica, privándoles de las más elementales libertades y, por supuesto, de toda sombra de autogobierno. Nadie como Franco ha sembrado en esta tierra las semillas del separatismo y la insolídaridad.

El proceso de restablecimiento de la autonomía de tas nacionalidades y regiones puede enturbiarse, sin embargo, por algunos gestos en los que se traduce un inoportuno mimetismo de la situación de 1931, tan distinta de los momentos que ahora vivimos. Desde luego nadie ha repetido la acción del bizarro coronel Maciá, cuando proclamó la República catalana desde el balcón de la Diputación, autonombrándose presidente de la Generalitat. Desde el principio se ha impuesto la táctica negociadora y Revemos, líder de los mayoritarios socialistas catalanes, ha insistido en una vía responsable a la autonomía. Pero el hincapié de algunos en partir ¡de una situación tan remota para todos como la de los años treinta o en plantear la autonomía como privilegio exclusivo de (Ciertas regiones sólo puede complicar un tema que los resultados de las elecciones permiten afrontar serenamente.

A este respecto resulta extemporánea, por ejemplo, la petición de derogar el decreto de 1938 por el que Franco suprimió el régimen autonómico de Cataluña, En este terreno, corno en otros muchos, la solución no está en volver a la situación anterior a la dictadura, sino en replantear los temas de raíz, aunque se tengan a la vista todos los precedentes históricos y se reanuden todas las legítimas tradiciones. No basta con derogar la legislación represiva anticatalana o antivasca, como para afrontar el tema del divorcio no bastaría con restablecer la vigencia de la legislación republicana; tampoco la solución de los problemas del campo podría consistir en poner nuevamente en vigor la reforma agraria del bienio republicano-socialista. Cuando los catalanes gritan volem l´Estatut, como en la grandiosa manifestación del día de San Jordi, no puede interpretarse como un mero deseo de volver ai Estatuto de 1932. que muy pocos han vivido, sino como expresión de la voluntad de autonomía y autogobierno de los catalanes de hoy para sus problemas de ahora.

El tema de las autonomías debe ser debatido por las Cortes Constituyentes en el marco de la discusión de la forma de Estado. Salvo los residuos franquistas nadie va a defender el centralismo mi el. Estado unitario. Las Cortes decidirán si España va a ser un Estado federal o regional (lo que en gran medida es una cuestión semántica), y ellas establecerán el Estatuto regional-marco, susceptible después de adaptación a las características de cada región. Ciertos casos como el catalán, vasco o gallego exigirán un Estatuto especial como respuesta a sus peculiaridades históricas y culturales.

Se trata en suma de establecer una estructura general para todas las regiones y nacionalidades lo suficientemente flexible, por otra parte, como para adecuarse a todos los casos especiales. Ya no tendrá sentido un regionalismo desigual y con todo el aire de un privilegio accesible sólo a las regiones ricas. Lo que no tendría ningún sentido es que las Cortes se encontraran con el hecho consumado de unas, autonomías ya establecidas. Los parlamentarios regionales deben preparar los proyectos de Estatutos, pero sin asumir una competencia que corresponde esclusivamente a las Cortes.

 

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