Regionalismo: Respeto a la voluntad popular     
 
 Ya.    30/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

30-VI-77

REGIONALISMO: RESPETO A LA VOLUNTAD POPULAR

EN lo entrevista del presidente del Gobierno y el señor Tarradellas es conveniente distinguir lo que tiene de evidente habilidad política y lo que hay detrás.

LO primero salta a la vista; es lo segundo lo que nos parece obligado destacar. Porque lo que hay detrás es nada menos que el problema del regionalismo y la posibilidad de que se le abra un cauce de solución pronta y sensata.

DARÁ declararnos regionalistas no tenemos que improvisar nada. Desde siempre nuestro pensamiento ha sido regionalista y, por referirnos específicamente al caso catalán, fue constante el apoyo que nuestro antecesor "El Debate" prestó al gran órgano del autonomismo que fue la "Lliga", asi como el afecto y admiración que tuvo hacia su gran figura, Cambó, Incluso en momentos tan difíciles como la asamblea de parlamentarios de 1917. Por esto vimos con preocupación el centralismo Intransigente que siguió al desenlace de la guerra civil, tanto por su injusticia intrínseca como porque preveíamos la fuerza de la reacción que podría desencadenarse el día en que cesara esa presión.

ESE día ha llegado: la hora del regionalismo ha sonado otra vez; pero con la misma energía con que afirmamos al principio, tenemos que decir que se trata de un problema nacional que debe ser resuelto a escala nacional por los representantes de todo el pueblo español, en el lugar adecuado y dentro del proceso constitucional pendiente: nada de lo cual es demorar las cosas, porque las Cortes ya han sido elegidas y su reunión es inminente.

Pues esto es lo que peligraba a consecuencia de la determinación, tomada por los parlamentarios catalanes, de constituirse en asamblea permanente hasta que la Generalitat sea restablecida y el señor Tarradellas, elegido en el exilio presidente de la misma, vuelva a Barcelona con ese carácter.

V AS preguntas se acumulan: restablecimiento automático de la Generalitat. ¿Y por que no, puestos a eso, del Gobierno de la República en el exilio, que, sin embargo, ha tenido el patriotismo y la clarividencia de disoIverse ante la nueva situación española? Estamos liquidando el pasado de los últimos cuarenta años, ¿y vamos a resucitar el pasado anterior a esos cuarenta años? ¿Y con qué bate? Porque la mayoría de los votos que han dado el triunfo a los parlamentarios catalanes no proceden de los partidos específicamente catalanistas, sino del socialismo, cuyo secretario, Felipe González, acaba de mostrarse deseoso, sí, de abordar el problema de las autonomías, pero con carácter general y en el marco y tiempo adecuados.

AUNQUE los tiempos son distintos y otras han sido las maneras, todo esto obligaba a recordar el auténtico chantaje de abril de 1931, cuando Maciá se adelantó a proclamar la República catalana, y aunque ésta no prosperó, sí consiguió el forzado reconocimiento de la Generalitat por el recién constituido Gobierno de la República Española antes de que las Cortes hubiesen podido deliberar sobre el particular.

ES el peligro que ha conjurado el buen sentido del presidente del Gobierno y del señor Tarradellas, el cual ha visitado posteriormente a Su Majestad y ha declarado que la Generalitat que él defiende puede coexistir con la Monarquía. ¡Naturalmente! En principio, nada se opone a la autonomía de Cataluña, nada al restablecimiento de la Generalitat, nada a que el señor Tarradellas sea su presidente. Pero no por el camino de adelantarse a las decisiones que deben tomar todos; no por el sistema demasiado ibérico del pronunciamiento, que para ser tal no necesita ser armado, sino por el procedimiento civilizado del diálogo, la negociación y el respeto a la voluntad popular manifestada en las Cortes de la nación.

 

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