Autor: Lázaro, Ángel. 
   España poliforme o las regiones     
 
 Pueblo.    25/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ESPAÑA POLIEORME O LAS REGIONES

NO hay problema. Mejor dicho, el problema estaba planteado y casi resuelto desde hace muchos anos. Lo pondré en prosa para no ocupar espació. Va dirigido a todos los políticos que estudian autonomías. Y quien al final no sepa de quién es el texto, que le va a dar resuelto casi todo, se lo diré, aunque creo que no lo necesite: «Hombres de España pediforme, finos andaluces, .sonoros, amantes de zambras y toros; astures que entre peñascos aprendisteis a amar la augusta (con mayúscula para respetar el texto) Libertad; elásticos vascos como hechos de antiguas raíces, raza heroica, raza robusta» rudos brazos y altas cervices; hijos de Castilla la noble, rica de hazañas ancestrales; firmes gallegos de roble; catalanes y levantinos que heredasteis los inmortales fuegos de hogares latinos; iberos de la Península que las huellas del paso de Hércules visteis en el suelo natal: he aquí la fragante campaña en donde crear otra España dejando a un lado la llamada cordial y generosa hacia un país, en la Argentina universal.

¿Se puede plantear en menos espacio y apuntar la solución de modo más sobrio al inminente problema de los pueblos de España, es decir, de los estatutos, las autonomías administrativas, etcétera? Pues esto puede leerse por los señores diputados y senadores en un librito que vale dos cuartos en una colección popular y está escrito por un genio nuestro —de la generación atlántica— cuyo nombre bien podría darse a una plaza en cada una de las regiones españolas. ¿Que cómo se llama? Aunque Chesterton, viendo comer gazpacho a unos campesinos españoles con esas maneras que ya quisieran para sí algunos nuevos ricos, exclamó:

«¡Qué cultos son estos analfabetos»; diré que él se decía nieto de España, había nacido en un caserío llamado Metapa, allá en Nicaragua, y cuando murió escribió Antonio Machado para él un breve epitafio estremecedor que empieza así: «Si era teda en tu verso la armonía del mundo, ¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar, jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares, corazón asombrado de la música astral?»

• Y cuando nos tiente el diablo de la discordia, no hay más que leer o releer lo que

transcribíamos al principio.

• Por lo demás, en España no hay analfabetos, y no sé de quién es la frase que le oí a María Zambrano —tal vez de ella misma—, de que un país no es culto hasta que en ese país no son cultos los analfabetos.

• Estamos en una tierra donde se aprenden más cosas de labios de un labrador que del clásico señorito, que todavía perdura, a pesar de la conmoción que hay que olvidar, terremoto social sobre e] que tanto se ha escrito y que se puede contar en las ciento cincuenta páginas del «Idearium», del granadino Ángel Ganivet.

De manera que nadie tiene por qué pasearse inquieto ni ajustarse nada, como no sea, claro está, la dignidad y el respeto que nosotros damos por descontado en nuestros treinta y seis millones de compatriotas, «Nos que valemos tanto como vos, y todos juntos más que vos...» decían reverentemente a Isabel y Fernando, en palabras archisabidas quienes probablemente intuían que, según nos cuenta Menéndez Pidal en su libro de la juglaresca, hubo un tiempo en que convivieron en este país árabes, judíos, cristianos, conversos... En fin. que de lo que se trata, y a lo que vamos —ya lo verán sus señorías—, es a convivir.

Ángel LÁZARO

 

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