Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   La realidad cantonalista     
 
 El Alcázar.    15/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

"digo yo que..!

LA REALIDAD CANTONALISTA

HAY una macabra falacia que yo no estoy dispuesto nunca a admitir. Es poco más o menos el tratamiento de la realidad. Hoy se nos habla con énfasis y hasta con una insana alegría "a los masones se les conoce por su insana alegría"— de las autonomías de los diversos países que componen la nación española. Hace poco, creo que fue con ocasión del Festival de Benidorm, la presentadora, cuando se dirigía a los jurados que votaban en las diversas ciudades de España, llegaba a límites que a mí se me antojaron grotescos.

Se despidió de los jurados vascos diciendo "Eskarríkasko Euzkadi". A los jurados catalanes les soltó un "muchas gracias" en catalán y por su parte, el portavoz de los jurados andaluces expresó su deseo de que todos estuviéramos envueltos en la bandera blanquiverde. Esta fiebre cantonalista la justifica el Gobierno diciendo que se trata de una realidad y que no se pueden cerrar los ojos a la realidad.

Habría mucho que hablar de lo que en los medios oficiales se entiende por realidad.

La diversidad española, que estoy estudiando, precisamente, desde un punto de vista histórico y riguroso, no tiene nada que ver con la fragmentación ni con el cantonalismo, ni con la concesión de estatutos variopintos y pluríformes que atentan necesariamente, contra la Patria que no es —lo recordábamos hace poco una unidad geográfica ni económica.

Es una unidad histórica y por lo tanto una unidad de destino. Los experimentos cantona/es han tenido resultados verdaderamente catastróficos en nuestra Patria y no hay más que recordar lo que les pasó a los honrados hombres de la primera República española.

¿Nos desviamos de la realidad con todo esto que estamos diciendo? Al contrario; la encaramos. Porque ante la realidad cabe la huida neurótica, que es una solución, la aceptación borreguil y la pelea a pecho descubierto. ¿Eran una realidad las muertes por procesos infecciosos? Desde luego. ¿Qué se hizo? Trabajar día y noche en los laboratorios hasta que surgió el milagro de la penicilina.

¿Es una realidad el cáncer? Desde luego. ¿Lo aceptamos? No; luchamos contra él en los Institutos de Oncología con la bomba de cobalto, con la diagnosis precoz. ¿Es una realidad el terrorismo en el mundo? Lo es. Pero todos los Estados están llegando ya a acuerdos para la extradición de terroristas y para la prevención de los ataques desordenados de esta clase de gente. ¿Aceptamos a los drogadictos? No; tachamos contra ellos. La realidad no es una cosa que nos viene impuesta fatalmente sino algo muy distinto que está ahí, en efecto.

frente a nosotros, pero contra lo que se puede perfectamente luchar.

¿Es una realidad que España adquirió categoría de nación y de complejo estatal, digámoslo así, en tiempos de los Reyes Católicos? Desde luego. ¿Es una realidad que la labor de las monarquías, tanto la Casa de Austria como los Borbones, ha tendido a evitar fueros y discrepancias entre toda clase de españoles? Resulta evidente. ¿No fue acaso la más española de las provincias Aragón, durante la Guerra de la Independencia de 1808, a pesar de la defensa insobornable que hizo siempre de sus Fueros?

En lo que insisto y en lo que quiero poner mayor interés es en que de un lado a los españoles no nos va la política cantonalista o autonomista pues perjudica un sin fin de cosas importantes para el todo, y del otro que las realidades no hay por qué aceptar/as con los brazos cruzados. A un caballero le pueden poner los cuernos —disculpen el ejemplo—. Los hay que aceptan esta realidad cruzándose de brazos y los hay que dicen "Hasta luego, que te vaya bien". Es decir, no la realidad, que es menos valiosa, sino la manera de enfrentar la realidad, que es lo que cuenta.

Alfonso PASO

15 —JULIO —1977

 

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