Nacionalidades     
 
 El Alcázar.    01/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

SOBRE LAS AUTONOMÍAS

Señor director:

Así como se da gratuitamente por sentado que la mayoría de la población de Cataluña y provincias vascongadas es partidaria de la autonomía y estatuto, también hay muchos que creen que el resto de España seria feliz con idéntica solución.

Hasta ahora son muy pocos los que se han parado a pensar en los enormes inconvenientes que la dispersión y el exceso de burocracia pueden producir en una nación no muy sobrada de posibilidades, en cuanto a producción agraria e industrial.

Es evidente qué regiones prósperas y con una gran población ocupada en los sectores secundario y terciario (industria y servicios) sólo beneficios obtendría de la autonomía, por cuanto no sólo dispondría de miles de puestos de trabajo en los nuevos organismos regionales, sino también de muchos cientos de millones de pesetas distraídos a la «España pobre", que se encuentra en una situación de paro, endeudamiento, emigración, pérdida de materias primas, etc.

Por eso, si en Castilla, Andalucía, Extremadura y Aragón hay quien solicita la autonomía es o bien como un mal menor (si vamos a la «rebatiña» nadie quiere ser el último, aunque el país perezca y se desintegre), ya por desconocimiento de lo que es la autonomía.

Pero estoy seguro que los millones de españoles que viven en las zonas más atrasadas pedirán otras cosas mucho más sustanciosas e importantes para ellos que el autogobierno; por ejemplo: que sus ricas materias primas se paguen mejor en la periferia, en lugar de comprar baratos los productos alimenticios, fibras textiles, madera, carbón, hierro, etc.; que cese la emigración, que ha dejado desiertos los campos y poblaciones de esas regiones, creando un hacinamiento inhumano en las grandes ciudades; que el agua de sus ríos, la electricidad que producen sus saltos y las remesas de millones de sus emigrantes no vayan a otras zonas ya demasiado ricas; que los aranceles proteccionistas no sean eternos y que en ellas se instalen industrias adecuadas al medio que fijen su población.

Si se estima justo que la mayor parte de los capitales obtenidos por las industrias catalana y vasca se queden en las regiones respectivas, también es muy justo y mucho más urgente que ni una peseta de las depositadas en bancos y cajas de ahorre o rurales de Castilla, Andalucía y Aragón vayan a Cataluña y el País Vasco por ningún concepto.

Suyo afectísimo,

Domingo LÓPEZ Madrid

 

< Volver