Autor: Presa Santos, Jesús L.. 
   Una solución integradora para la regionalización     
 
 Informaciones.    15/08/1977.  Página: 12. Páginas: 2. Párrafos: 36. 

UNA SOLUCIÓN INTEGRADORA PARA LA REGIONALIZACION

En los próximos meses se van a tratar de resolver en España los importantes problemas de las autonomías regionales.

Problemas críticos que desde antiguo han sido motivo en muchos casos de luchas y rencores más que de competencia y rivalidad entre buenos hermanos.

El excesivo centralismo y dominio de Castilla sobre el resto de España ha producido, sin duda, ese antagonismo. Su actitud como dominadora, más que como hermana, durante muchos períodos de la Historia, ha creado un sentimiento de injusticia y abuso que en muy pocas ocasiones se ha tratado de corregir.

Efectivamente, y sobre todo una vez concluida la época de colonialismo, ha llegado el momento de establecer igualidades más que privilegios; esto, sobre todo en la actualidad, interesa a todos, ya que el país quedará más .potenciado si se potencian más cada una de sus regiones.

Estamos de acuerdo en que esta autonomía se debería haber iniciado hace ya algunos años, pero también es cierto que los pasos que se den han de hacerse sin que el deseo de independencia y los rencores acumulados a lo largo del tiempo produzcan un cisma que en nada beneficiaría, incluso a los propios separatistas.

Creemos sinceramente que el planteamiento de estas cuestiones no debe realizarse en la forma tradicional, como hace quizá medio siglo, sino que, por el contrario, teniendo en cuenta las actuales circunstancias políticas y económicas que han cambiado sustancialmente en los últimos años.

Entre otras razones, podemos indicar que de las autarquías se ha pasado a los estados concatenados y comunitarios, y Europa estará completamente unida dentro de pocos años. En el aspecto económico y para nada los países desarrollados, resulta ya mas importante tender que producir. Socialmente se han conseguido importantes niveles de bienestar que no se pueden perder, a pesar de que algunos idealistas así lo pretendan.

Las regiones con más raigambre separatista, como son Cataluña y Vascongadas, han llegado a una superpoblación que de seguir en esta línea podrían colapsarse.

Todas estas razones y otras muchas van fundamentalmente en contra del aislacionismo; por ello, independientemente de que consideremos muy importante la descentralización y máxima potenciación de las regiones, creemos que estos pasos se deben meditar seriamente, tanto por parte de estas regiones como del resto del país.

Además, el hecho de que las dos regiones antes apuntadas sean las más industrializadas, les da una situación privilegiada frente a las demás, con un mercado real que no debieran perder.

Por el contrario, lo que sí debe seguir existiendo es una planificación centralizada que vaya coordinando la producción nacional cara al mercado interior y exterior, con el fin de defender la competitividad e intereses. .

Se deben impulsar las regiones atrasadas, pues las grandes diferencias interregionales producirán, sin duda, importantes tensiones políticas, que perjudicarían a todos.

Otro aspecto importante que recomienda la unión es para no aparecer ante el exterior de forma desmembrada y mal avenida; ello haría que para determinadas naciones del sur de Europa, que, dicho sea de paso, apenas poseen regiones con estos inconvenientes separatistas.

España sería una presa fácil para su particular provecho económico, pues no cabe duda que las concesiones de cualquier región ante una nación potente serían cuantiosas y desafortunadas; con ello, volverían a beneficiarse de nosotros como siempre, comprando nuestros productos a granel para luego venderlos enlatados a buenos precios.

En fin, que para él propio futuro de nuestro país y sobre todo con relación a sus posibilidades con Latinoamérica y otros países, no sería conveniente de ninguna manera una imagen desmembrada y falta de una competencia sólida y cuantitativamente importante.

Teniendo en cuenta todas estas razones, y ante la idea de llegar a un desarrollo "regional pleno e integrado en grandes cadenas productivas con las que se podría competir en los mercados europeos y de otros continentes, publicamos hace más de un año en la «Revista da Obras Públicas» un planteamiento hacia la integración de España a través de las regiones en otras mayores, que nosotros llamábamos condados, y que en número de cuatro podrían agrupar a las distintas provincias y comarcas e incluso las dos naciones de la Península Ibérica.

la integración estaba basada en un concepto nuevo que llamábamos cuota de" Desarrollo (C. D.), la cual se deducía de la denominada Cuota de Mercado, publicada en el «Anuario» del Banco Español de Crédito.

La Cuota de Desarrollo provenía de aplicar a la Cuota de Mercado un coeficiente de mayoración deducido en cada provincia en función de su superficie y orografía con peso de 1,08 ó 0,5, según la accidentabilidad; según la situación relativa en el Interior, costa o isla con coeficientes de 1, 2 y 4, respectivamente, y teniendo en cuenta la pluviosidad anual medida en metros.

Evidentemente, estos coeficientes podían variar en el futuro de acuerdo con el desarrollo tecnológico, según que, por ejemplo, fuera un recurso importante el agua de mar, el calor solar, etc.

Para llegar a la constitución de esos cuatro condados tendríamos que partir de diferentes fases de integración.

En principio, estas fases pueden ser tres, estando ¡a primera de ellas ya cubierta prácticamente en la región de Cataluña.

FASE PRIMERA:

CONSTITUCIÓN DE MANCOMUNIDADES PROVINCIALES

Pensamos que esta fase es fundamental, ya que a nuestro juicio resulta necesario un agrupamiento en bloques con importancia y entidad económica que permitan una posterior agregación a las regiones o bloques actualmente más desarrollados con objeto de que la unión tenga una base de negociación suficiente y no sea una especie de anexión colonial a las regiones más avanzadas de las provincias limítrofes.

La constitución de mancomunidades y regiones tradicionales podrían quedar como sigue, en esta primera fase (cuadro 1):

FASE SEGUNDA:

CONSTITUCIÓN DE MACRORREGIONES O REGIONES INTEGRADAS

En esta segunda fase, algunas de las mancomunidades antes apuntadas y de menor entidad deberán integrarse entre sí o a otras más importantes.

Estas integraciones podrían ser las que aparecen en el cuadro 2.

Como puede apreciarse, esta segunda fase resulta relativamente clara, y sería fundamental en la toma de posiciones para la tercera fase, que realmente puede pensarse como la más amplia, ya que su estructuración depende de los procesos políticos y económicos del futuro.

FASE TERCERA:

CONSTITUCIÓN DE LOS CUATRO CONDADOS FEDERADOS

El proceso que aquí consideramos es más bien intuitivo.

Puede desarrollarse según las dos posibilidades de la Península Ibérica, que sigan separados España y Portugal o que se integren ambos Estados.

En el primer caso, parece razonable suponer que se podrían formar los siguientes cuatro contados (cuadro 3):

Como puede apreciarse, esta estructuración produciría un condado hipertrofiado, que sería el Condado Este; el Centro quedaría bloqueado sin salida al mar.

Lo cual resultaría estratégicamente muy perjudicial para su futuro.

Para resolver estos inconvenientes habría dos posibilidades: la primera sería en la tercera fase unir el Centro al Sur, con lo que se constituiría así otro gran conjunto, quedando reducidos a tres el número de condados.

Una segunda posibilidad es que el Centro se uniera al Levante (Sur), con lo que además de tener una salida al mar, el conjunto quedaría más equilibrado.

En cuanto a la unión de España y Portugal, existen también varias posibilidades; la que nosotros estimamos como más posible, dentro de las integracionistas, es la que preconiza una unión del tercio superior con el Condado Norte, sirviendo de complemento a la salida natural hacia el oeste de la Meseta Norte; el tercio central unido al Condado Centro, pudiendo con ello realizar una acción conjunta hacia Latinoamérica, a la vez que Lisboa proporciona una salida natural hacia el Atlántico al centro, y, por último, el tercio de Portugal Sur, unido a Andalucía, aunando con ello las posibilidades minera y pesquera del oeste andaluz.

En este sentido, y dando unas cuotas de desarrollo estimadas a Portugal, de 10.000 C. D. al tercio Norte, 20.000 C.D. al tercio central y 8.000 C.D. al tercio sur, la Península Ibérica quedaría agrupada en los siguientes condados federados (cuadro 4):

Como puede apreciarse, la constitución de estos cuatro condados federales quedaría bastante equilibrada y con posibilidades importantes de actuación económica. .

Por último, queda´ el concretar los plazos de la posible actuación. Con relación a la primera fase, como ya hemos indicado, existen regiones ya prácticamente constituidas. Para fomentar estas asociaciones, que podríamos clasificarlas dentro del tipo de mancomunidades, sería conveniente establecer los canales de actuación y etapas a realizar hasta alcanzar estas integraciones; creemos que un plazo razonable sería de unos diez años hasta conseguir que las provincias españolas formaran este tipo de asociaciones.

La segunda fase de creación de las regiones económicas con mayor amplitud, que hemos apuntado, podría lograrse comenzando actualmente los contactos y estableciendo los procedimientos correspondientes también en un plazo relativamente breve, de unos quince o veinte años.

La tercera fase, más problemática, requiere, como es lógico, bastante más tiempo y sobre todo tener una mejor perspectiva de futuro y con más datos, por lo que sería conveniente comenzar a pensar en ella dentro de unos años, aunque en determinadas regiones pudiera empezarse ya a tomar posiciones, iniciando tos tanteos correspondientes.

 

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