Autor: Aparicio, Juan. 
   Las autonomías taifales     
 
 El Alcázar.    16/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

MIS TESTIMONIOS

LAS AUTONOMÍAS TAIFALES

MAS peligrosas que las espúreas nacionalidades, nacidas, casi románticamente, a partir de la batalla de Leipzig o de las Naciones, ganada en tropel anarcoide contra Napoleón, son las irrumpientes y tenebrosas Autonomías taltales, degeneración del "imperium" postcalifal de Al Andalus, vaticinio de "finis Hispaniae", pronosticado por sus enemigos vetérrimos, y herencia troglodítica de las tribus y clanes prehistóricos, celtibéricos y anteriores a Roma y a la civilización grecolatina, cuyos eruditos se volvían tarambas para identificar cada pueblo y etnia del magma peninsular, confundiéndose en los itinerarios las castas y pelajes de cada numantino o pariente de Viriato.

El federalismo nacionalista del que presumen los catalanes, cuyo Don Francisco Pi y Marglli estuvo casado con la vasca Arsuaga, hablaba castellano y vivió en Madrid, tradujo o más bien expropió, porque la propiedad es un robo, algunas obras, socializantes y antijacobinas, literlaicas, del franchute Proudhon, quien, a su vez, habla mangado las ideas y las frases más expresivas de otros compatriotas, pertinaces adversarios del "hexágono", industrial y agrario de Francia bajo Bonaparte el chico, el marido de la ambiciosa granadina Eugenia de Montijo, cuya Granada natal más que una Alhambra, era una ciudadela masónica, ubicada en la Internacional de los burgueses, egoístas, federativos y apatridas, donde habla anidado el último reyezuelo de Taifas, desde 1008, cuando se liquido el legado del caudillo Almanzor, el aislamiento del Reino nazarita dentro del siglo XIII.

Los catedráticos de Geografía y de las Edades prístinas y antiguas se armaron un lío con sus Atlas lingüísticos y etnográficos, con sus separaciones orográficas y con los senderos innumerables de la Mar Mediterrane, por donde surcaban bajeles emproados a nuestras costas y más allá de las Columnas de Hércules. Según un mapa del Profesor García Bellido la Península se reparte y la cortan las lenguas.

como hachas, de origen ibérico, de alcurnia indoeuropea, de prosapia púnica, puestas en los labios de las colonias griegas y fenicias, además de los enclaves aborígenes, integrando un caos providencial, que aprovecharon los romanos, los invasores visigodos, los rezagados bizantinos, los guerreros del Islam y toda la purrela posterior de aliados, que nos han desvastado, y después nos consideran cual interlocutores inválidos, dispuestos a entregar riquezas y hembras.

Ahora que la Monarquía democrática es la antinomia del oprobioso Caudillaje, han desmontado de Bucarest la soviética Radio España Independiente, que antes funcionaba desde Praga y el Gobierno laborista, al fin chupóptero, como los conservadores, de nuestro país maniatado, empobrecido y cantonal, anunció que suspenderá las emisiones en español denigratorio de la B.B.C.; retirando una parte del personal de la Embajada, ya innecesario.

tras el desmantelamiento de la organización nacional y de los reflejos de defensa. Ya no hay oponentes a la estrategia residual, ni siquiera ante los argelinos, marroquíes y lusitanos; puesto que estamos amparados por el paraguas luxemburgués del Señor Thorn, turista de la expoliada Costa Brava, aún por tos propios catalanes.

Si prospera este baratillo de las Autonomías taifales y caciquiles, ya anticipado en el fraccionamiento de la unánime Patria española en el mosaico gobernante de las camarillas secta rias de los Propagandistas de Acción Católica y de los socios de la Obra de Dios, uncidos por los intereses comunes y por el Vaticano pastoral, en la pululación poderosa de los seminarios universitarios, de los Colegios de Abogados del Estado y Letrados del Consejo de Estado y de los máximos Cuerpos de los escalafones civiles, en donde se rebuscan y escogen todos los máximos cargos públicos, entonces la España de la unidad, de la grandeza y de la libertad moribundas, habrá muerto definitivamente, del mayor servicio

de la Plutocracia democrática y del Kremlin bolchevique.

Sin pena, ni gloria, debajo de un banal acto administrativo, se extenderá el acta de defunción que están pidiendo a voces o a letreros pintarrajeados, como antaño la Luna, a donde se llegó, a la par que Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, en presencia de Franco y de tos Procuradores aplaudientes, juraba fidelidad a los Principios Fundamentales del 18 de Julio. La Luna nos mostró su estéril faz completa y la ceremonia del Palacio de las Cortes, entre los mismos ujieres y funcionarios de hoy, ya que la vida y la convivencia siguen, se esfumó en el rio heraclitano del olvido.

Los cantonales de 1873, desde Doña Concha Boracino en Torrevieja hasta la cercanísima Cartagena, donde Don Roque Barcia rumiaba su Diccionario Etimológico, imitaban de pésima manera el fantasma sangriento de la "Comunne" de París, apabullado por el Ejército superconservador y republicano de Versalles; pero los regionalistas de hoy, no obstante su docto Ministro profesional y sevillano, viven en la más pura inopia, pues hasta "les catalans" de la Entesa, del pacto, en enjuague bilateral y sinanogmático, los vascos de la Ikurriña anglosajona, los guanches de Cubillo de Valladolid y los galleguiños en procesión compostelana, con su gato y su vieja de pendón, son entes nocivos y ficticios al mandato de consignas secretas.

Cuando veo en las Villas de la Penibética las paredes encaladas con la suciedad gigantesca de "Autonomía para Andalucía" se me sobrecoge el espíritu, ya que estas gentes infelices y dichosas están pegadas a las ubres del dadivoso Estado hispano y prosperan con los marcos, macizos y duros, aunque sean de papel, procedentes de Alemania y con las migajas oriundas de Cataluña, donde todo el bienestar se le debe al trabajo de los otros españoles, nunca autónomos.

Juan APARICIO

 

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