Autor: Cid, Anselmo. 
   El desmadre de las autonomías     
 
 Pueblo.    02/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL DESMADRE BE LAS AUTONOMÍAS

Señor director:

Soy un gallego residente en Paris que ejerzo de profesor en la Universidad de La Sorbona. Estoy casado con una valenciana y paso mis vacaciones en Gandía, donde ya empiezo a sentirme tan extranjero como en Francia, a pesar de que los valencianos no están metiendo tanto ruido con eso de las «autonomías» y «nacionalidades» como los de otras regiones.

Cuando oigo hablar de «nacionalidad gallega, catalana o vasca» me pregunto: ¿Y los de nacionalidad española, quiénes serán? ¿Los extraterrestres?

De Igual modo, cuando oigo hablar del gallego, catalán, valenciano y vasco como lenguas oficiales me siento herido en lo más hondo del alma. Hablo gallego y escribo en gallego, pero el castellano es tan mío —y de quien lo hable— como el gallego. Por otra parte, el idioma castellano —sin menospreciar al catalán— es una lengua hermosísima hablada por 300 millones de personas.

Además, creo sinceramente que los autonomistas catalanes están llevando a Cataluña por un sendero peligroso. Y me pregunto, como otros muchas españoles, si Tarradellas y los parlamentarios catalanes no se están yendo por las ramas.

La autonomía de los privilegios nos llevará a la catástrofe nacional irremisiblemente.

Cataluña ha sido privilegiada antes de ahora, en el momento de decidir las inversiones de capital en las Industrias catalanas; lo está siendo antes de alcanzar la autonomía, con programas en catalán y sobre Cataluña en Radio Nacional de España y Televisión Española (nada menos que doce programas por semana en la pequeña pantalla).

En un país democratico como pretende ser el nuestro, la decisión de las autonomías, y cómo alcanzarlas y ejercerlas, debe corresponder a todos los españoles de todas las provincias y regiones, y no solamente a los de las regiones interesadas.

Por consiguiente, antes de decidir sobre las mismas, dicho asunto debe ser sometido a referéndum nacional, pues no creo que el pueblo español haya elegido a sus diputados y senadores para que éstos hagan lo que se les antoje, y menos aún para que puedan crear problemas conflictivos o de fricción entre los españoles. En las pasadas elecciones la mayoría del país Votó para conseguir una mayor justicia social —que quede esto bien claro—, y pienso que está en contra de esa justicia social que Cataluña acapare todas las riquezas puestas allí por el capital de otras regiones para mayor disfrute de los catalanes, mal informados por esos ricos con ansias de poder.

Creo, señor director, que es urgente frenar el tema de las autonomías, pues se está «desmadrando», corno diría un escritor.

Atentamente le saluda,

Anselmo Cid 36, rué des Cordelares. 75013. PARÍS

 

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