Autor: Sánchez Agesta, Luis. 
   Iniciativa y solidaridad regional     
 
 Ya.    09/09/1977.  Página: 7-8. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

UNA estructura regional o federal es, por naturaleza una estructura compleja. Lo primero-que acude a nuestra mente cuando pensamos en una autonomía regional es que, además del Gobierno o Parlamento nacional común, van a existir otros gobiernos o parlamentos en cada una de las regiones. Y estos son, en cierta manera, los signos más tangibles de una autonomía. Y por eso misma Son el signo más popular o emocional de estas estructuras complejas. Hay un gobierno en cada región, hay un parlamento, una asamblea, un consejo o una junta legislativa, en cada una de las regiones. Y esta existencia física de órganos propios, responsables ante el pueblo de la región, con esos misinos nombres u otros análogos, tradicionales o convencionales (Generalitat, consejos, juntas, diputaciones), es el símbolo que más directamente llega al pueblo.

EL regionalismo significa también, por eso, un» nueva fórmula que viene a, renovar la democracia representativa. Todo representante deriva, su autoridad del voto que le invistió con la- representación. Pero los elegidos para- el, gobierno de la región están más cerca de quienes les votaron. Son mas "suyos", porqué probablemente están más identificados con su pensamiento, sus costumbres y sus intereses. Incluso en un ámbito regional las instituciones de democracia directa, como el referéndum, que suponen una costosa conmoción de un pueblo, son más viables, sobre todo si las consultas se; hacen simultáneamente a una elección y sólo suponen el recuento de una papeleta más.

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ES claro que esta división de competencias entre un poder central y regional es también una importante corrección al principio de mayorías. La autonomía es, por excelencia, la afirmación del derecho de una, minoría a definir por sí misma sus problemas peculiares. Andalucía, Extremadura, Castilla y Galicia, por ejemplo. podran buscar diversas soluciones al problema de su agricultura, porque el regionalismo supone, por su propia naturalesa, la posibilidad de diversas soluciones a un problema en razón de las distintas condiciones locctZes. Medidas que favorezcan las inversiones de la industria privada en Andalucía pueden no tener sentido en otras regiones. Y quizá hasta loa regímenes laborales pueden adaptarse a las condiciones económicas de cada región.

EL discernir qué materias deben atribuirse a las regiones, y quisa más concretamente a, cada región, es un problema pragmático que no se podrá ajustar sin muchos años de experiencia. Sólo cabe delinear a grandes rasgos lo que debe ser competencia común, aquellos otros ternas en que una, concurrencia graduada puede ser más fecunda, y aquellos otros que deben reservarse , a la iniciativa regional.

HAY un núcleo clásico de materias, que se refieren a intereses globales y primarios, en que la división de competencias sería gravemente perturbadora. Tales son los que afectan a la personalidad exterior del Estado y a su defensa, y entre ellas, mantener y reclutar un ejército de tierra y aire y una marina de guerra, así como las relaciones exteriores, tanto en el orden de la representación como de la celebración de tratados, la regulación de la nacionalidad y la expedición de documentos que la acrediten, el régimen de fronteras « aduanas y el comercio exterior en cuanto aparece definido por tratados comerciales. Y en cuanto el regionalismo debe representar al mismo tiempo un principio de cooperación solidaria en aquello que interesa a todos, en ellos debe asignarse una función especifica al Senado como órgano de representación de las regiones.

TAMBIEN parece lógico que se reserven a una competencia común todas aquellas materias que son instrumentos de comunicación e intercambio y desbordan por su propia naturaleza, una regulación local. Asi la moneda, los patrones de pesas y medidas, el correo, las comunicaciones telegráficas y telefónicas " todas aquellas formas o instrumentos de transporte (carreteras, ferrocarriles, aviación) que desborden el marco territorial de, una región. Y lo mismo puede decirse de lo que podríamos llamar un mercado interior común en que circulen libremente las personas, los bienes, los capitales y el trabajo.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

{Continúa en pág. sigte.)

SOLIDARIDAD REGIONAL

(Viene de la pág. anterior)

UN problema especial es la lengua. Es, desde luego, un instrumento de comunicación. Pero las peculiaridades lingüisticas regionales no sólo están vinculados a elementos emocionales y tradicionales, sino que forman parte del tesoro de la cultura nacional. Todo el que conozca, varias lenguas sabe que sólo hay una en que sepamos expresar de tina manera espontánea todos los matices del ruego, del deseo, del anhelo, de la esperanza, del amor, de la simpatía o del entusiasmo, en suma, de cuanto Hay de más noble en el espíritu humano. Y de aquí ésa tendencia europea a identificar la lengua, con la, patria, que los hispanoamericanos han asimilado con esa expresión cotidiana para, referirse a España la madre patria que nos sorprende cuando la escuchamos por primera vez, hasta que acabamos de comprender todo su sentido. Para hacer compatible el respeto a las lenguas con las necesidades de la comunicación, la solución sólo puede ser la cooficialidad territorial de aquellas lenguas que de hecho se hablen en alguna, parte del territorio nacional.

ME atrevo a decir—salvando aquellos temas que hoy tienden a universalizarse, desde la propiedad literaria e industrial y los derechos personales hasta la estadística y la prevención de epidemias—que todas las demás materias podrían ser objeto de la iniciativa regional, con dos limitaciones:

— Establecer un principio de, legislación concurrente. que reserve al Parlamento nacional la fijación dé los principios básicos, cuantas veces una materia afecte a otras regiones o a los intereses comunes, o al mantenimiento de condiciones de vida uniformes más allá del terrítorío de cada, región.

Atribuir a un órgano, que podría ser el Senado mismo, en que estén representadas todas las regiones, un derecho de examen de la legislación regional., con la facultad aneja de promover la legislación común que establezca los principios básicos cuantas veces se aprecie que se da alguna de esas condiciones.

Asi, sin merma de esa amplia autonomía de iniciativa, la capacidad creadora de las asambleas regionales podría redundar en un beneficio común, de acuerdo con el principio de solidaridad.

Luis SÁNCHEZ AGESTA

 

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