Autor: López, Domingo. 
   Autonomías     
 
 Arriba.    15/09/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

AUTONOMÍAS

Señor Director;

Si vamos a entrar en la era de las «autonomías», «estatutos», «nacionalidades», etcétera, no estera de más ver las implicaciones económico-sociales que tales realidades llevan ínsitas, aparte de las cuestiones de índole política.

Es evidente que el otorgamiento a las regiones del derecho a gobernarse por sí mismas, de modo casi omnímodo en muchos renglones, comporta unas consecuencias muy importantes en cuanto a lo económico, que no se pueden pasar por alto.

Sin ir más lejos, la multiplicación de organismos similares para cada región (Parlamentos, «gabinetes ministeriales», sistemas tributarios distintos, tribunales Independientes, inspecciones, etcétera, etcétera) supone un incremento cuantioso en el presupuesto, ya elevado, del Estado español, que habrán de pagar los más ricos, es decir las clases sociales y las regiones con una renta individual más elevada. Otra cosa sería disfrutar de una estructura complejísima con cargo a los agricultores, pescadores, artesanos, pequeños comerciantes o empleados... de Soria, Teruel, Orense, Cáceres, Jaén, Tenerife, Albacete..., que serían los que menos se beneficiarían de este tinglado absurdamente inflacionario.

Además, fas regiones que tienen sabida al mar poseen una baza muy relevante en esta hora de las autonomías. Se trata de la posibilidad de conseguir unos privilegios arancelarios para importar productos baratos, a costa de los agricultores o mineros del interior. Por eso, aunque parezcan medievales las luchas de Aragón para conseguir una salida al mar, que tuvo en tiempos por la desembocadura del Ebro, no es una cuestión baladí.

También Navarra quiere conseguir unos cuantos puertos en la costa guipuzcoana, como los poseyó durante siglos, hasta que le fueron arrebatados por Guipúzcoa en el siglo XII. Hay que pensar no con mentalidad europea moderna, sino con un sentido ´taifal´ de división en regiones estancas, con diversa legislación, distintos tribunales, diferentes Parlamentos, etcétera. Es evidente que Aragón, con salida al mar, podría obtener determinados productos baratos extranjeros (tejidos, automóviles, maquinaria, abonos químicos, electrodomésticos...); otro tanto cabe decir de Navarra, que, con Extremadura y León, son hoy las únicas regiones «mediterráneas» españolas.

Este tenis; estudiado, si mal no recuerde, por un catedrático de la Universidad de Zaragoza, es de una importancia primordial para el progreso de esas zonas (León, unida a Castilla, tendría la posibilidad de salida al mar por Santander, o acato por Gijón, si la villa cántabra desoye las llamadas a la unión castellana y tira por la «calle de enmedio» de la insolidaridad; Extremadura lograría muy difícilmente salida al Atlántico, dada la lejanía del mar).

Si vamos a la era del egoísmo, de suerte que cada una de las regiones de España intenta dar lo menos posible a las demás y aprovecharse lo más posible de las otras, es humano, si no justo, que Castilla se oponga a prestar el agua del Tajo, las materias primas de las que tan rica es, la electricidad de sus embalses, etcétera; Andalucía y Extremadura se negarán a seguir siendo las «Cenicientas» en una España próspera, con una renta «per capita» elevada, obtenida a costa del empobrecimiento del Sur y de los productos, mano de obra, capitales... extremeños o béticos.

Domingo López (Madrid.)

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