Autor: Funes Robert, Manuel. 
   La economía y el frenesí regionalista     
 
 Pueblo.    10/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA ECONOMÍA Y EL FRENESI REGIONALISTA

DOS aspectos escapan a la atención de comentaristas e interesados en el tema de Las regiones: el de los límites de éstas y el del impacto en la economía de su institucionalizado!! y reconocimiento. Porque el problema de las regiones presentará aspectos de tal gravedad a partir del momento en que se las reconozca, que difícilmente se librará el actual Gobierno del peligro político mortal.

Demos por acertado el sistema de decir que SI a todos los que invoquen un título regionalista. Cataluña, Vascongadas, Andalucía, Aragón..., ya tienen su estatuto que no será aceptado si no es una práctica independencia regional. El primer problema será el de los límites. Porque ningún regionalista que se precie dará por buenos los límites geográficos que a su región le puso el centralismo.

Y así entrarán en colisión por razón de límite. Euzkadi, Navarra, Aragón y Cataluña y Valencia. Porque no queremos sólo autonomía, sino el derecho a marcar también su extensión geográfica. Cantabria luchará por Castro Urdíales, Jumilla se revelará contra Murcia, como ya lo hizo en la triste etapa del cantonalismo.

Aragoneses y catalanes se harán pedazos por las aguas del Ebro, los valencianos tendrán que defenderse con violencia contra el afán de los catalanes de formar un país completo, con industria, agricultura y turismo. ¿Ganarán las poblaciones al tener la libertad? Tampoco.

M. FUNES ROBERT

Verán cómo es más duro el señor local que el nacional. Cuando Bodino edifica su teoría del absolutismo, lo hace para defender la libertad de los vasallos, siguiendo el principio eterno de que «El poder, UNO y LEJANO, se siente menos». La base del absolutismo fue democrática. Buscaba la libertad por el alejamiento físico del Poder. Es lo que van a comprobar los ciudadanos de las nuevas regiones: que la clase política local les creará más problemas y los administrará más dura y quizá tiránicamente que la autoridad central, una y lejana.

• ¿Pero y la economía? Las regiones desarrolladas lo han sido con el proteccionismo, que extendido a la totalidad de España, se impuso para beneficiarlas desde Madrid. Ahora, enriquecidas con el sacrificio de las más pobres que hubieron de pagar menos calidad y más precio en la mayoría de los artículos industriales de los que habrían regido en caso de intercambio comercial libre con el exterior, quieren independizarse del resto, movidas por unas minorías que piensan que ser jefes de zona es más importante que representarlas en Madrid. Minorías que ni se plantean las repercusiones económicas en las poblaciones que tratan de liberar de un yugo Imaginario. Autónomas todas las regiones que lo pidan, ¿quién tendrá poder y títulos para imponer que los pobladores de una compren forzosamente lo que produzca la colindante, con la cual estarán en guerra más o menos encubierta?

• Cada región invocará el derecho a comprar en el extranjero. Con lo que todas se quedarán sin más mercado regional. Hemos dicho durante decenios que la estrechez de nuestro mercado era un freno a nuestro desarrollo... y nos referíamos a nuestro mercado nacional, ¿qué diremos cuando éste salte en pedazos? Ninguna región tendrá derecho al mercado de las demás por falta de título para pedirlo cuando nos defendemos de ellas. Pero faltará también el órgano a quién dirigirnos.

La capital de la nación no podrá Imponer aranceles unitarios ¿Se habrá impuesto como consecuencia la ruptura del secular proteccionismo hispano? Tampoco. Pues cada región, aunque invoque su derecho a la libertad de compra, podrá ejercerlo mucho menos que ahora, en cuanto su menor renta, dimanante de la reducción de su mercado, impedirá comprar donde ha logrado gracias a la autonomía poderlo hacer.

• La discordia, que será muchas veces violenta, se unirá así al empobrecimiento general. Sólo saldrán ganando los novísimos caciques. Con razón se ha dicho que «el separatismo es un crimen que no consentiremos».

 

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