Si a las autonomías; no a las nacionalidades     
 
 ABC.    30/10/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

SI A LAS AUTONOMÍAS; NO A LAS NACIONALIDADES

Catorce días de inactividad en una Ponencia tan importante como la encargada de elaborar el proyecto legal de la Constitución resulta período de tiempo suficientemente dilatado para que, fundándose en él y por la puerta que deja abierta, se expandieran muchos rumores. Uno de ellos, el más grave, el que explicaba el atasco de la Ponencia por falta de acuerdo en el concepto y la funcionalidad de las «nacionalidades" ha sido, afortunadamente, desmentido por el señor Roca Junyent, ponente destacado, diputado por el Pacte Democratic per Catalunya.

El tema encierra enorme carga política. No es, en modo alguno, simple cuestión de palabras. El concepto puro y auténtico de nacionalidad en su vertiente constitucional, que es la vertiente de superior categoría jurídica, únicamente corresponde a España. Y si se Introduce, aunque sólo fuera como concesión semántica, en el texto de la Constitución, se desgarra, se desintegra, se rompe y se niega la unidad política fundamenta! de España.

La realidad dé nuestra variedad nacional —variedad étnica, variedad Idiomática, variedad histéricocultural— no es discutible. Y reclama, por supuesto, debido reconocimiento. Entran aquí, con perfecta admisibilidad, todos los conceptos de reconocimiento de autonomías provinciales o regionales. Desde las excepciones o particularidades de la foralidad hasta las regulaciones más modernas de la descentralización administrativa o de formas, bien definidas y limitadas, de autogobierno. Pero no puede entrar jamás la secesión que encierra y encubre el concepto de «nacionalidades».

Incluso en países de originaria formación federal —apuntamos el dato para extremar el ejemplo— como los Estados Unidos o ja Confederación Helvética, la nacionalidad es única: norteamericana o suiza. No hay «nacionalidades»; hay nacionalídad y hay Nación. Con todas las unitarias consecuencias estatales y gobernantes.

Puede la próxima Constitución española reconocer, proclamar, establecer la variedad de las regionalidades y de sus autonomías correspondientes. Pero no puede, en cambio, sin falsificar el sentido de unidad que afirma la Inmensa mayoría de los españoles, abrir su texto a la disgregadora afirmación de «nacionalidades» varias en España. Acuerdo semejante significaría, además, asombrosa incongruencia en una Constitución española.

La postura de A B C ante este decisivo asunto político ha sido siempre, y continúa siéndolo, muy clara. Jamás hemos negado que la pluralidad nacional deba instrumentarse desde supuestos que eliminen negativas tensiones hoy existentes. Siempre hemos mantenido que la unidad en ¡a diversidad enriquece el «hecho español». Somos regionalistas desde la unidad para potenciar mejor las partes. Y aceptamos, en fin, las formas admisibles de las autonomías.

Pero ¡amas, jamás, jamás, admitiremos que la unidad nacional de España se rompa o reciba tratamiento de cosa negociable.

Si la frontera de las autonomías está meridianamente trazada, aun está mucho más clara y tajantemente trazada, para nosotros, la línea que veda cualquier reconocimiento de «nacionalidades».

Sí a las autonomías; no, no rotundo, no inquebrantable, a las nacionalidades.

 

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