Autor: López, Domingo. 
   Sobre las autonomías     
 
 Arriba.    11/11/1977.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

• SOBRE LAS AUTONOMÍAS

Señor Director:

Creo que Sánchez Albornoz está en lo cierto cuando afirma que la Historia de España comienza propiamente con los romanos, frente a Américo Castro, para quien todo lo anterior a la Reconquista no es más que «prehistoria». Si así fuera, sería preciso «echar por la borda», o restar toda importancia a cuestiones capitales, tales como la lengua (hablamos uno de los idiomas romances más puros y parecidos al habla-madre), el derecho, que, en gran parte, es el romano, la cultura, hasta los proverbios o refranes, la liturgia... La misma religión católica vino a través de Roma...

Sin tan fuerte fue el influjo de fenicios, griegos, cartagineses y, sobre todo, romanos, sería un dislate prescindir de los hechos anteriores al siglo VIII. Otra cosa es el estudio de la historia de las regiones peninsulares, porque Aragón, Castilla, León, Extremadura..., son zonas que surgieron, con su personalidad individualizada, con la Reconquista; antes, con los romanos y visigodos, sólo eran parte de la Tarraconense, Lusitania, Cartaginense, etc., sin nombre siquiera.

Por eso, Adro Xavier, que tan bien conoce la historia catalana, habla de «pre-Cataluña» hasta la caída del reino visigodo, y lo mismo cabría estudiar la «pre-Castilla», etc.

Otro error mayúsculo es afirmar que los vascos tienen un idioma prehistórico, que ya hablaban sus antepasados de los primeros siglos de la Era Cristiana. La verdad es que los «vascones» residían en la hoy Navarra, expandiéndose por Vardulia y Caristia (actualmente Guipúzcoa y Vizcaya) y por el Sur de Francia, a donde llevaron su lengua, en sustitución de la que unos hablaban en dichas regiones, en el siglo IV de Jesucristo.

Estas razones son las que abonan el estudio de la Historia de España desde la prehistoria y las invasiones, especialmente la romana, que dio a «Híspanla» idea de unidad, al lado de la «Galia», «Helvecia», «Germania», etc. En cambio, los condados catalanes, e! reino de Aragón o Navarra, no tienen el menor rastro antes de los siglos IX o X.

Y es que algunos grupos minoritarios tratan de imponer su concepción del mundo frente al pueblo, por la fuerza. Ello ocurre porque ha predominado una urbe gigantesca, o por mejor decir, unos cuantos centenares de individuos que viven en esa urbe (Ilámese Barcelona, Bilbao, Valencia...). Por el contrarío, Castilla nunca tuvo grandes ciudades. en cambio sí tuvo decenas de localidades de tipo medio, donde florecieron las artes, las letras, la artesanía, la industria, etc. Por eso, antes de nuestros pintores, escultores, novelistas, dramaturgos del Siglo de Oro, hubo precedentes en la región castellana en Segovia, Avila, Medina, León...

Y lo mismo ocurrió con las actividades industriales, ferias de Medina, Astorga, etc.

Ahora que nos quieren obligar a «autoíiomrzarnos». queramos o no, es menester decir muy claro que las autonomías, si no van a quedarse en privilegios para unas pocas regiones y, sobre todo, para unas cuantas ciudades de esas regiones ricas, hay que replantearse totalmente la forma de realizar la regionalización.

Por ejemplo. la capital de Cataluña, Vascongadas. Navarra. Valencia.. no tienen que ser Barcelona, Bilbao, Pamplona; como la de Castilla no seria Madrid, Porque no se ha dicho que en Estados Unidos las capitales de los Estados son ciudades medías y aún pequeñas (Juneau, 6.000 habitantes; Pierre, 10.000; Augusta y Anápolis, 20.000, y Albany, con 100.000, es la capital del enorme Estado de Nueva York).

El hecho de que la capitalidad se halle en una pequeña localidad no es baladí. Evita que gran parte del presupuesto regional se gaste en beneficio de la gran urbe, Aquí habría la posibilidad de que, con el dinero recaudado en toda la región, se subvencionaran periódicos no rentables, salas teatrales a las que nadie acude, salas de exposiciones sin cuento, industrias ruinosas, empresas de transporte urbano en quiebra permanente, etc.

En un sistema más o menos descentralizado hay que distinguir muy claramente los presupuestos nacional, regional, focal, so pena de caer en el vicio medieval, que asignaba al Rey todos los caudales públicos y éste los repartía 9 su arbitrio, sustituyendo la figura real por las Asambleas capitalinas.

En Castilla no se caerá nunca en este nefasto error por cuanto la industria (la poca industria que tenemos), los servicios, la agricultura.,,, se encuentran diseminados por las diferentes provincias y capitales. Así, la siderurgia se halla en León y Santander; (a minería en Santander.

Patencia, León, Almadén...; los regadíos en Logroño. Valladoíid, Aranjuez, Talavera, etc. Y, aparte de Madrid, que ha crecido sin mesura en los años comprendidos entre 1950 y 1970, no hay una urbe que predomine totalmente en cuanto a población, Industria, servicios. Los Diez millones de habitantes de Castilla y León están bastante bien distribuidos entre los 190.000 kilómetros.

Suyo afirmo.,

Domingo LÓPEZ

(Madrid)

 

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