Idiomas e identidad de España     
 
 Diario 16.    16/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Idiomas e identidad de España

Uno de los más ácidos epigramistas de la literatura española, Batrina, puso un día en solfa la sutil correlación que existe entre la lengua y el lugar de nacimiento. Y esto dejó escrito: "Oyendo a un hombre hablar / fácil es comprender / dónde vio la luz del sol: / si habla bien de Inglaterra, / es inglés; / si habla mal de Alemania, / es francés; / y si habla mal de España, / es español."

La periférica descripción del poeta nos lleva, casi sin quererlo, a las entrañas de la historia de España. ¿Por qué el español ha hablado casi siempre mal de su patria? Los seguidores de las sugestivas teorías de Américo Castro suelen tener la respuesta a punto: la difícil decantación del conflicto racial —judíos, moros y cristianos— que casi aún no ha perdido la virulencia en el difícil germinal de esa cosa que ha terminado llamándose España.

Entre paréntesis, habría que decir que al sugestivo Castro, casi hipnotizador en su "visión hispánica", le ha enmendado la plana el austero Claudio Sánchez Albornoz. La feroz y encarnizada polémica entre ambos —Castro abierto al crisol racial de España, y Albornoz construyendo su mastodóntica progenitura del "cristiano"— termina por no dilucidar la cuestión y nos vuelve a situar en el origen de las cosas.

Porque el origen de una identidad nacional se nos queda a veces enigmático y oscuro hasta el preciso momento en que esa "nación" no encuentra un vínculo común y universal. ¿Cuál es uno de los vínculos más primigenios? Casi sin dudar se podía decir que la lengua.

El castellano, al que en 1923 convirtieron en "español" por una decisión definitoria de la Real Academia de la Lengua, cumple ahora su milenario. ¿Quiere esto decir que ésa es la edad de España? ¿A quién hacemos caso: a Castro, que niega la españolidad, por ejemplo, de Séneca, o a Albornoz, para quien casi ya los cuaternarios pintores de Altamira eran españoles?

¿O es tal vez que en el lento caminar hacia la conquista cíe una identidad de "nación"´el surgimíentó del castellano es la bisagra que nos comunica a otra etapa? La bisagra y, desde luego, la espada. Porque el castellano se extiende a golpe de lanza y sangre.

Ese ha sido, por fortuna o por desgracia, el agente expansivo del castellano: la guerra, la conquista. La lengua que ahora hace mil años nació en San Millán de la Cogolla, no ha buscado nunca sutilezas para imponerse. Ese fue el genio de Castilla: darle un idioma común a los trescientos millones de personas que lo hablan ahora mismo. Y su mal paso: pretender dárselo a costa de sus otras lenguas hermanas de la Península.

Pero la verdad es que la conquista suele ser un mal "public relations". Castilla, que también ha sufrido y sufre los efectos centralistas, ha ido viendo con una cierta impotencia cómo una de sus creaciones más profundas, el idioma, caía en el silencio, en la hostilidad e incluso en la mala prensa que le proporcionaron sus defensoces "imperiales".

El castellano no ha sido una lengua desprestigiada, sino a veces una lengua conformista. No ha "sabido venderse" en la cultura occidental, como el francés —que ha sido vehículo de expresión de todo el "culturismo" del siglo XIX y gran parte del XX— ni como el inglés, que está imponiendo su ritmo en toda la comunicación universal de ahora mismo Una lengua que se fue extendiendo a fuerza de talento y coraje, se tiene que seguir manteniendo ahora como uno de los idiomas más importantes de la humanidad a fuerza de cultura, pero no de la que hemos heredado, sino de la que tenemos que ir haciendo día a día.

Esa hermosa herramienta maltratada que es .el castellano tuvo siempre como peores enemigos, en España, aquellos que la convirtieron de lengua viva de un pueblo en idioma "oficial" de un hueco imperio; es decir, quienes la pretendieron transformar, y no sólo de nombre, de "castellano" en "español", a costa de los otros idiomas de España, el gallego, el euskera, el catalán, tesoros tan de todos como ésta hoy milenaria lengua universal.

 

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