Autor: Campmany y Díez de Revenga, Jaime. 
   Autonomías     
 
 Informaciones.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

LETRAS

DEL CAMBIO

AUTONOMÍAS

Por Jaime CAMPMANY

UNA de dos: o de pronto les ha entrado a todas las regiones españolas la fiebre de la autonomía, quizá por contagio en algún caso, o el sentimiento autonómico estaba soterrado desde hace cuarenta años. Más bien habrá que pensar en lo segundo, porque esta fiebre de ahora !a vivió España ya allá por los años treinta.

Apenas tenía yo entonces la edad de aprender a leer, pero recuerdo haber visto en alguna colección de chistes de Xaudaró una sucesión de viñetas en las que se veía a un catalán tópico, un vasco, un gallego, un valenciano, etc., gritando la autonomía para sus respectivas regiones. La última viñeta de Xaudaró estaba protagonizada por un madrileño castizo, con pañuelo al cuello y gorra de visera, que daba su grito: «Viva la Guindalera autóctona.»

Después de aquello, el régimen de Franco se basó siempre en un fuerte sentido de la unidad. En algunas regiones, el idioma y las manifestaciones folklóricas o culturales de la tierra y del país fueron duramente reprimidos. Hubo años en que a los catalanes, por ejemplo, se les invitaba a hablar la lengua del Imperio y se les prohibía bailar las sardanas en las plazas públicas.

Ahora, el movimiento autonomista ha estallado como un cohete múltiple. Incluso en la unificadora Castilla se habla de autonomía. El hecho está ahí, avalado por un movimiento popular que no puede ni debe ser desconocido, y hay que afrontarlo con realismo. También con cautela.

El texto que se dedica al tema en el borrador de anteproyecto de Constitución no parece ni claro ni coherente. El profesor Jesús Fueyo ha dedicado un demoledor articulo a su comentario.

La Constitución debe fijar clara y distintamente, cuanto más claramente mejor, los límites y el alcance de las autonomías. Todo lo que sea confusión e incoherencia en este asunto puede facilitar la apertura de un proceso cuyas consecuencias serían tristes y amargas para eso que llamamos España. Hay que establecer las reglas del juego para las autonomías; pero a sabiendas que a partir de ciertos límites ese juego comienza a ser un juego explosivo.

Un juego que terminaría por dinamitar la mínima seguridad de nuestra unidad nacional. La Constitución debe trazar firmemente la raya en donde terminen las autonomías para que den comienzo los separatismos. Esa raya no debe ser movible ni debe ser negociable. Y el borrador de la Constitución facilita cualquier interpretación. Nos ofrece un texto equívoco y contradictorio.

 

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