Cara y cruz de las autonomías     
 
 Diario 16.    06/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Cara y cruz de las autonomías

Gallegos y andaluces han expresado el domingo, de manera clamorosa y multitudinaria, su voluntad autonómica. La jornada, sin embargo, ha estado esmaltada en casi todas las ciudades, como lo estuvo la del sábado en Pamplona, por incidentes lamentables que culminaron con la muerte en Málaga de un joven manifestante comunista.

En todas partes el carácter de estos incidentes ha sido similar: unas Fuerzas de Orden Público innecesariamente duras con los grupos de izquierda e increíblemente pasivas con los provocadores de la extrema derecha, que pertrechados con armas y objetos, contundentes se han enfrentado a golpe limpio con los generales sentimientos autonomistas.

Con su dramatismo, estos hechos demuestran lo lejos que todavía estamos de una Policía democrática y cómo la inercia de la dictadura empapa todavía nuestra vida política. Todo va a ser aquí muy difícil mientras sobrevivan los hábitos del. franquismo y, lo que es aún más grave, mientras los hombres del franquismo, decididos a sabotear la democracia, sigan ocupando puestos y prebendas. Los incidentes de Málaga, en concreto,, tuvieron su origen en la actitud provocativa de la Diputación malagueña, presidida por un falangista de extrema derecha, al negarse a izar en un balcón una bandera andaluza. La tozuda resistencia a aceptar la "ikurriña" ya produjo demasiadas víctimas en el País Vasco y es intolerable que la oposición de los franquistas a la bandera blanquiverde, o a cualquiera otra-de las banderas autonómicas, pueda ser causa de nuevas muertes. ¿Hasta cuándo se va a consentir que continúen instalados en puestos decisivos los enemigos del pueblo y de la democracia?

Pero la jornada- autonómica ha tenido un aspecto netamente positivo. Las masas andaluzas y gallegas que el domingo se echaron a la calle están demostrando que la aspiración a la autonomía ya no sé limita a las regiones que tradicionalmente la han exigido, sino que es un sentimiento general de los pueblos de España. De una puntea otra de laPenínsula parece haberse comprendido que no habrá democracia si no se practica el autogobierno a todos los niveles, si en todos los ámbitos de la vida nacional, las diferentes comunidades no se responsabilizan de los asuntos que les conciernen. Y en este aspecto, la autonomía es la consecuencia obligada de la democracia, la condición necesaria para que la democracia exista.

A los partidos les corresponde, sin embargo, evitar que la etiqueta autonomista sirva para encubrir la insolidaridad cantonalista que ya asoma en algún sitio. Dividir ad infinitum las regiones tradicionales para crear otras nuevas con discutibles pretextos históricos o con pintorescas identidades culturales, sólo puede servir para quitar credibilidad al movimiento autonomista. Ni Cantabria ni Rioja, por poner un par de ejemplos, tienen sentido como regiones autónomas. Más valdría que aprendiéramos de otras experiencias que, al contrario, han unido sus territorios tradicionales para dar más fuerza y solidez a sus unidades autónomas. Tal es el caso de Estados federales como Alemania (Baden-Würtemberg, Renania del Norte-Palatinado...), Estados regionales como Italia (Emilia-Romana, Friuli-Venecia Julia...)-o simplemente otros que ensayan la descentralización, como Francia (Languedoc-Rosellón, Ródano-Alpes...).

Eso no quiere decir, por supuesto, que se sustituya el centralismo de Madrid por el de Barcelona, Sevilla o Palma de Mallorca. La autonomía auténtica implica un criterio de autogobierno generalizado del que deben beneficiarse también provincias, comarcas y municipios.

 

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