Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Iberia traicionada     
 
 El Alcázar.    06/12/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Crónica de España

IBERIA TRAICIONADA

LA máxima es tan antigua como la guerra misma: «Los Ejércitos traicionados se hacen revolucionarios». Me han hecho recordarla tres libros llegados de Portugal, uno de ellos por vez segunda: «África, la victoria traicionada». «Envilecidos y traicionados» y «En el camino de las soluciones para el futuro».

Los autores son todos ellos militares que participaron en el golpe de Estado del 25 de abril: los generales Joaquim da Luz Cunha. Kaúlza de Arríaga, José Manuel Bethencourt Rodrigues y Silvino Silverio Marques, y el comandante Mello Machado, autor del segundo de los títulos reseñados. A la denuncia de la traición se añade una oferta política de futuro o de revolución nacional democrática.

Los soldados portugueses fueron traicionados en todas sus provincias ultramarinas. Primero, por el gobierno de la transición. Luego, por el de la ruptura. El editorde una de las obras sintetizó la cuestión en pocas líneas: «La victoria era posible y en Angola estaba ya a la vista. Por esa razón, la estrategia soviética atacó en Lisboa. Y en Lisboa ganó lo que tenía perdido en África».

En la reunion anual del Club de Bilderberg, unas dos semanas antes del golpe, el poder multinacional dio luz verde a la confabulación de los políticos y los generales masones. Para entonces, sin embargo, la Unión Soviética tenía preparado el dispositivo revolucionario de la oficialidad frustrada y de los marxistizados hijos de papá de la oficialidad de complemento. Ganó por la mano la partida, apoyándose también en las milicias clandestinas marxistes y valiéndose de la falta de fuerza opositora. En efecto, las Fuerzas Armadas estaban en las provincias ultramarinas y las de Orden Público fueron neutralizadas por Caetanó, creyendo que la sublevación triunfante era la de Spínola y Costa Gomes. Y ajeno, además, a que el Gran Oriente había pactado con los comunistas y malversado a los servidores del multinacionalismo americano.

Muchos de los oficiales del 25 de abril que creyeron honestamente en una revolución salvadora de la integridad nacional y del destino de Portugal, incluidas tas provincias ultramarinas, se sienten hoy traicionados. Es evidente que al fracaso estrepitoso de Mario Soares y, en general, de los políticos de la ruptura, se corresponde ya la natural efervescencia prevenida por la vieja máxima conque he iniciado la crónica. La mayor preocupación del marxismo viene de ahí, de ese proceso históricamente ineludible.

Es el motivo de que determinados sectores dejen sólo a Mario Soares y otros le empujen habilidosamente hacia la presunta inevitabilidad política del pacto con los comunistas. De nuevo, el Gran Oriente y el Marxismo, los dos internacionalismos de afín origen, se dan la mano en Portugal. ¿Qué existe frente a ellos?

Frente a ellos recrece y se consolida un ánimo patriótico que el comandante Mello Machado expresa así: «Soy portugués. E hice un solemne juramento: defender mi Patria, en su entero patrimonio secular; luchar por su independencia y la integridad de sus territorios; ser fiel a las tradiciones, los principios y el honor del Ejército portugués. Por el juramento que hice, por el uniforme que llevo con orgullo, por los soldados blancos y negros que murieron combatiendo a mi lado, tengo el deber y el derecho de repudiar la afrenta y devolver el insulto a quien lo profirió».

Soldados o civiles, muchos portugueses han tomado ya el partido de la soberanía, de la independencia, de la libertad y de la unidad de su Patria. ¿Frente a quiénes? Frente a quienes en Portugal sirven los interesas de los internacionalismos amarillos, rosas, violetas o rojos, supeditando a ellos los supremos de la Patria y el Pueblo lusitanos. Es decir, frente a tos traidoras y sus protectores extranjeros.

No digo que haya una conspiración en marcha. Confirmo tan sólo que existe una dará voluntad de salvación nacional, la cual podrá manifestarse y triunfar por la vía institucional, los canales convencionales de la democracia o los sistemas excepcionales de los que también la democracia suele nacer. El seguimiento de uno u otro camino, dependerá en buena parte del comportamiento de los traidores y de la prepotencia que evidencien al servicio de sus amos extranjeros.

Un pequeño y glorioso pueblo hermano nuestro, parece dispuesto a dar la batalla por su libertad y por su honor contra lo que algunos llaman los imperativos geopolíticos. No debemos desconocer nosotros que tales imperativos geopolíticos también nos afectan, acaso en mayor medida de requerida dependencia. Por eso ha comenzado con tanto apremio la descolonización en España. Portugal sólo tenía las provincias ultramarinas. España independizó en 1898 el último gajo de su Imperio. La descolonización de España, tal y como la conciben en su interés las mismas fuerzas que destruyeron Portugal, se llama autonomía de las nacionalidades. El proceso autonomista no resiste un análisis objetivo. Su artificiosidad es de tal naturaleza y sus centros de promoción están tan a la vista, que sólo los comprometidos pueden mentir y los imbéciles dudar sobre su emplazamiento en una estrategia global de dominio. Los mismos que deshicieron Portugal, están aniquilando España. Y con idénticos propósitos. ¿Debe extrañarnos, entonces, la desazonadora analogía de los procesos, la projimidad de los personajes y la identidad de las dependencias?

La revolución de los claveles fue el gran lema publicitario lanzado al mundo para engañar a las burguesías demócratas sobre el verdadero contenido de la estafa portuguesa. Si nos situamos en el hoy más apremiante, es decir, en el ayer de las manifestaciones pretendidamente preautonomistas, la jornada de la descolonización de las nacionalidades sojuzgadas, habría de ser presentada como la revolución de los crisantemos. Y no sólo por ser éstos las flores últimas de la otoñada, sino, sobre todo, porque son flores de cementerio.

Alguien ha perdido la guerra de la unidad de España. También aquí podemos proclamar la virtualidad de una victoria traicionada. No me refiero a la del 1. ° de abril de 1939, que fue declarada obsoleta (lo diré con lenguaje de usurpación) a renglón seguido de la muerte de Carrero Blanco. La esperanza de una democracia razonable para una España unida y un pueblo trabajador y próspero, sería la victoria ahora traicionada en el casi sólo beneficio de la Unión Soviética.

¿No es bastante con mirar a Málaga? ¿No está claro en el comportamiento de cierta base política respecto a los muertos? Cercos humillantes de ocultación se tienden sobre los muertos al servicio del Estado y de la Sociedad; estrépito funeral y brutal irrupción vindicativa acunan a los muertos frente a los servidores del Estado y de la Sociedad. La amnistía está ahí con todo su denigrante significado político: impunidad para quienes ofenden a la Patria; sospecha de culpabilidad, al menos, para quienes la defienden.

Preguntó: ¿Cómo nos justificaremos mañana ante la Historia?

Ismael MEDINA

 

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