Autor: López, Feliciano. 
 El día del nacionalismo castellano-leones. 
 Villalar: Aquí nadie es más que nadie     
 
 Informaciones.    22/04/1978.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

VILLALAR: «Aquí nadie es más que nadie»

Por Feliciano LOPEZ

LOS partidarios de la institucionalizacion de un proceso autonómico excluyente, mediante el reconocimiento de los derechos autonómicos del pueblo VaSCO y él catalán, suelen emplear un argumento a que cualquier castellano —o gallego o andaluz, qué más da— le tiene que molestar profundamente. Vienen a decir que sólo estas dos regiones tienen derecho al autogobierno porque son las únicas capaces de mantenerse mediante el átono de sus Impuestos. No quiere decir esto que el resto de los habitantes de las demás regiones dejen de contribuir al fisco, sino que, en conjunto, son las dos únicas regiones que alcanzan un volumen dinerario notable.

Sin entrar en otras consideraciones, convendría aclarar las causas por las que los catalanes y los vascos contribuyen al fisco con más dinero que los demás pueblos. Porque deberían saber estos planificadores de nuestro futuro que gran parte del volumen de impuestos registrado en ambas regiones corresponde precisamente a la contribución de emigrantes andaluces, castellanos, extremeños, que no pueden engordar, la cifra de impuestos de sus respectivas regiones, no porque no quieran, sino porque desde Madrid, desde Barcelona, desde Bilbao, incluso desde su mismo pueblo o su misma ciudad, alguien quiso que no lo pudieran hacer, propiciando de mil maneras el paro, el hambre y, por consiguiente, la emigración.

Deberían saber también que muchas empresas domiciliadas en ambas regiones se nutren en alguna medida de los recursos económicos de castellanos, andaluces, gallegos, extremeños, como, por ejemplo, el ahorro encuadrado dentro del coeficiente obligatorio de inversión de las Cajas de Ahorro. Y, lo que a juicio de muchos es más grave, que ni el pueblo canario puede contribuir por el aprovechamiento de su pesca, ni el castellano por el de su energía, porque lo hacen empresas estatales o paraestatales, que no conocen otra patria que la del dinero.

Deberían saber que esos planteamientos, en vez de contribuir a la Igualdad de los pueblos de España, lo que hacen es ahondar aún más los abismos existentes entre un vasco y un extremeño, un catalán y un canario. Que dentro de la cacareada solidaridad entre los distintos pueblos de España no caben distinciones, que el mismo derecho tiene un catalán al autogobierno que un vasco, que un castellano. Que si lo que quieren son fueros, el mismo derecho, no sólo moral, sino también histórico, tienen los castellanos que vascos o catalanes. Que si lo que quieren es tradición autonómica, Castilla la tuvo y la defendió hasta la catástrofe de Villalar. Y buena prueaa de ello es la existencia todavía hoy de propiedades de una entidad jurídica, llamada Comunidad de Villa y Tierra.

Deberían saber, en fin, que además del pueblo vasco y él pueblo catalán, también han salido a la calle los demás pueblos, sin muertos, sin violencias. Sólo que el actual Gobierno, precisamente integrado en su mayoría por hom-

bres que recibieron sus votos en provincias castellanas, se empeñan en hacer caso sólo a los que vocean, olvidando por completo a los que, acostumbrados a aguantar todo tipo de acciones de verdadero matiz colonialista, han manifestado sus deseos de forma pacífica y ordenada.

Y esto no es ninguna exposición anticatalanista ni antivasca, que nadie duda de su derecho a la autonomía, pero que ésta no sea a costa de los demás ni entorpeciendo a la autonomía de los demás. Que «aquí nadie es más que nadie», según los fueros de Sepúlveda.

Todo esto lo deberían saber los parlamentarios de las distintas provincias que ya han decidido ir hacia la autonomía en el maridaje de Castilla con León, debido a que las circunstancias de ambos pueblos son en estos momentos prácticamente las mismas, y por ello exigen soluciones idénticas. Lo deberían saber para que por encima de los intereses de cada partido estén los de la propia región, porque allí están los de la mayoría de sus representados. Y si para ello hiciera falta romper la disciplina de voto, que nadie dude en hacerlo fin benefició propio, o en el de Sus propios electores. De lo contrario, todas las manifestaciones multitudinarias, toda la profusión de pendones rojos y morados, todos los esfuerzos de los castellanos de buena fe, aunque no estén en el Parlamento, no tendrían razón de ser. Y el significado de la próxima concentración de Villalar carecería de cualquier sentido de honradez.

 

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