Autor: Baró Quesada, José. 
   No apto para mayorías     
 
 ABC.    16/03/1973.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA JORNADA

NO APTO PARA MAYORÍAS

El Jefe del Estado pasó por la autopista Marqués de Monistrol con dirección ni Palacio de Oriente. Era día de presentación de carias credenciales. El taxi en que yo viajaba se detuvo irnos mámenlas. El conductor, al saber la ceremonia que iba a celebrarse a pocos metros de allí, objetó que no le parecía bien que un «señor extranjero» fuese embajador por el mero hecho de «entregar luías cartas a Franco». Esto —verídico, textual— lo refuté y. aclaré lo más y lo mejor que pude. No sé... Al escribir esta crónica sospecho, con el ánimo deprimido, que fracasé en la tentativa. Mi interlocutor tenía todas las trazas de ser un celtíbero integral;

¡Y éste es el gran problema de España, amigos! Un problema que, gracias a Dios y al Ministerio de Educación y Ciencia, se va solucionando poco a poco, O a gigantescas zancadas, si los más rigurosos optimistas así lo prefieren. Pero queda aún mucho camino que recorrer. De ahí el escepticismo —no pesimismo— que se apodera de mi espíritu cuando oigo o leo algunas cosas.

Por ejemplo: las declaraciones de José Ventura Olaguibel. Se trata de un político joven, inteligente, culto, preocupado como tantos otros por el porvenir. Preconiza un «centro responsable» en convivencia con una «izquierda humanística». «Creo —dice— que debemos adoptar un humanismo crítico frente a un tecnocratismo conservador.» La intención de Olaguíbel es noble. Responde a su sólida formación política, a su fina y honesta conciencia social, a su patriótica concepción del mañana. Sin embargo, desconfío de la capacidad de recepción y comprensión de buen número de los destinatarios de esas declaraciones.

Hay que empezar, no cabe duda, por los cimientos, Y éstos son la escuela, el instituto, la Universidad, la enseñanza verdaderamente obligatoria y verdaderamente profunda y extensa. Lo que no consiste en querer que todos sean abogados, ingenieros, médicos, arquitectos, profesores, periodistas... ¡Disparatada pretensión! Cada cual para lo que valga. Pero que nadie, por modesto que sea su oficio, ignore los más elementales conocimientos integrantes de una sociedad civilizada.

Así serán posibles muchas cosas. Entre ellas, que a la hora de acudir a las urnas electorales sepa cada uno lo que vota y a quién vota. La ignorancia en tan grave Cuestión ha costado a España muy serlos disgustos. Eso de la voluntad popular y la soberanía nacional, tan machaconamente manejado aquí y en Hispanoamérica por los demagogos y los oportunistas, hay que aceptarlo con grandes reservas y no darlo por bueno hasta que el tiempo lo confirme.

Consideraciones todas éstas en torno a unas cartas credenciales cuyo significado ignoran todavía algunos. A la vista de ello, los políticos, y oíros que no lo son, debieran abstenerse de escribir y hablar para minorías. Quiero decir que no empleen un lenguaje minoritario, no apto para mayorías. Oratoria y literatura didácticas., de maestros o pedagogos, es lo que hace falta acá. O de gentes rústicas y sencillas. EntendMMMf^ hoy por hoy, mejor a Sancho Panto que a Don >rr, ^tUmllí José BARO QUESADA.

 

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