Autor: ERASMO. 
 Extremadura. 
 Un atropello autonómico     
 
 El Imparcial.    10/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Un atropello autonómico

Guadalupe, la patraña de la región, pertenece a la diócesis de Toledo.

GUADALUPE, el signo más universal de la unidad extremeña, base para su posible autonomía, advocación de la Patrono de aquella región, pueblo, monasterio y comarca representativos de sus tierras, no pertenece a ninguna de las tres diócesis extremeñas, sino a la de Toledo... Este dato resulta ser tan absurdo e increíble como el dato imposible de que Montserrat perteneciera a la diócesis de Lérida, Covadonga a la de León, el Pilar a la de Huesca o el Puig a la de Teruel... En tiempos ya muy pasados era explicable que los todopoderosos cardenales primados españoles acapararan para su archidiócesis este importante y pingue monasterio y comarca extremeñas. También fue explicable que en el último reajuste concordatario de límites diocesanos las cosas siguieran exactamente lo mismo. No oblante, en la actualidad es más que molesto que no se hayan dado los pasos decisivos para que Guadalupe pase a pertenecer eclesiásticamente a Extremadura, a pesar de las voces reivindicativas que se están dando en aquella región y después del reconocimiento público de la necesidad de ejemplaridad por parte de ¡a Iglesia para construir una unidad fraccionada, hoy también militar y judicialmente y, hasta hace muy poco, universitariamente.

Y hace sólo unos días, el Consejo Presbiterial de Toledo estudió «una consulta sobre reajustes de territorios en la diócesis» y «manifestó sus reservas a la desmembración de las zonas extremeñas... mientras no se clarifiquen más los motivos realmente pastorales que pueden aconsejar esa desmembración, motivos —que juzga el Consejo— son los únicos definitivos en la materia».

De verdad que esta nota deja estupefecto a cualquiera, y más a los extremeños. En unos instantes en los que los obispos aragoneses, andaluces, catalanes, gallegos... están propiciando la promoción de las autonomías considerándolas como salvadoras de los pueblos, el Consejo Presbiterial de la Sede Primada, dificulta la unidad extremeña, no favoreciendo la integración en la religión ni siquiera del símbolo de esa unidad, que es su Patrono, la Virgen de Guadalupe, olvidándose de que en regiones tan poco desarrolladas como la extremeña los motivos religiosos alcanzan tanta prestancia y comportan gérmenes activos de verdadera unidad. En ese mismo plano de asombro y extrañeza sorprende que en la decisión del Consejo del Presbiterio toledano no se haga la menor referencia a lo que puedan pensar las autoridades eclesiásticas extremeñas, que precisamente ´han invocado repetidas veces motivos pastorales que urgen la necesidad de integración de Guadalupe en la demarcación extremeña. Y la sorpresa sobrepasa los más altos límites cuando el Consejo del Presbiterio decide dogmatizar que esas y tantas otras presiones ambientales están «suscitadas por motivos y pasiones políticas»...

La Archidiócesis Primada no estopor tanto dispuesta a prescindir de Guadalupe y a permitir que su monasterio y un puñado de pueblos pasen a pertenecer eclesiásticamente a Extremadura, dejando administrativamente huérfana de Patrono a aquella región. El ejemplo es desolador, por lo que son previsibles las reacciones del pueblo de Dios en Extremadura, preterido tanto civil como eclesiásticamente.

ERASMO.

 

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