Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Villalar     
 
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VILLALAR

QUÉ morada es Castilla. Los que por un casual tengan en el cuarto de estar un aparato que saque las cosas en color habrán visto estos días los pendones morados de Casulla que face los ornes y los gasta.

Pero en Castilla los gastó Carlos V, concretamente a Juan Padilla, a Juan Bravo y a Francisco Maldonado.

Los gastó en nombre del Imperio de Pax Christiana, que era un negocio que defendía mucho don Ramón Menéndez Pidal. Don Ramón lo defendía todo menos al padre Las Casas, porque decía que le faltaba visión histórica. Los indios de América tampoco tenian visión histórica, y entonces iba el padre Las Casas y cuando lo tocaban a un indio ponía el grito en el cielo e inventaba la Leyenda Negra. Era una manía, un tic. Aquí los que no tienen visión histórica lo pasan mal. Un ejemplo, Padilla, Bravo y Maldonado, y otro ejemplo, los desharrapados de NLimártela. Ciara, como no había leído la «Historia de Roma», de Mommsen, pues no tenían visión histórica. El alcalde de Villalar ha salido en la televisión y ha dicho que vaya pasada que nos jugó la Historia, que es una manera fina de hablar. Parecía el idéntico; o sea, el que estuvo en la rota de Villalar, sobre un caballo piafante y ensangrentado, entre la flor y nata comunera. Pero ahora vuelve el morado de Castilla, morado como los surcos morados y arados por las lágrimas de doña Juana. Otra vez se da el milagro de Santo Domingo de la Calzada, cuando cantó ia gallina después de asada. Por Villalar cabalgan de nuevo Padilla, Bravo y Maldonado, y doña María de Pacheco va delante, con los dulzaine-ros heroicos. Siempre contra los déspotas, nunca contra el trigo. Qué morada es Castilla, Miguel. Qué razón tenías. Qué morada de Dios, y qué amarilla. Gentes de Burgos, de Avila, de Valladolid, de Medina, de Arévalo, de la sagrada Tordesillas, como hace cuatrocientos cincuenta y siele años, a caballo. Ahora no hay flamencos, el único que hay es Cruyff, pero ése es buena gente. Ahora hay americanos, que son como los flamencos de entonces. En vez del Imperio de Pax Christiana lo que andan buscando es el Imperio de Pax del Chicle. La cuestión es hacer una cosa muy grande y que no se ponga el sol en los dominios. Durante las horas inacabables del Imperio nunca durmieron las gallinas españolas.

Fue el siglo negro de las gallinas. No pegaban ojo. Todas las gallinas eran fijodalgas, pero no dormían. El caso es que al cabo de los siglos la causa comunera arrecia en Villalar y le vamos a dar una alegría a Aurora Bautista, que es la viva representación peliculera de doña Juana, y como alguien diga que está loca va a tener que batirse con Clavero Arévalo, que es un señor muy serio y por lo visto es de doña Juana, to mismo que este mínimo y dulce cronista. — CANDIDO.

 

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