Autor: Martínez Díez, Gonzalo. 
   Castilla-león, por su autonomía     
 
 Diario 16.    13/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Castilla-León, por su autonomía

Gonzalo Martínez Diez (Secretario general de Alianza Regional de Castilla y León)

Era una ingenuidad pensar que una vez abierto el camino hacia las preautonomías o las autonomías, éstas iban a quedar limitadas a dos o tres regiones. Si la autonomía es un bren, si la autonomía es un derecho, ¿por qué van a quedarse reducidas a dos o tres privilegiadas? Y si no son un privilegio, ¿por qué no van a extenderse a todos los que las quieran? Este simple raciocinio ha bastado para que, abierto el camino de las autonomías, todos hayan acudido a la cola de las mismas. Autonomía si, pero para todos.

La primera víctima del centralismo

Y esta autonomía, que consideramos un bien para todos, para Castilla y León constituye una necesidad absoluta. Porque supone una gran mentira identificar a Castilla-León con el centralismo, cuando en realidad hemos sido sus primeras víctimas. Resulta muy cómodo identificar a toda Castilla y León con Madrid, cuando Madrid es una ciudad en la que se han reunido habitantes de toda España: gallegos, asturianos, vascos, catalanes, aragoneses, valencianos y también, por supuesto, leoneses y castellanos. Pero Madrid es la capital de toda España, habitada por españoles de todas las regiones, que se funden en un crisol

Que hemos sido la primera víctima del centralismo o de los centralismos, porque existe no sólo el político sino también el financiero, basta abrir los ojos y realizar una visita a las aldeas de Zamora, a los tapiales derruidos de Tierra de Campos, o a los campos sorianos abandonados. ¿A quién ha aprovechado el centralismo? ¿Dónde están las fábricas levantadas con los ahorros de todos los españoles? ¿Dónde ba construido el INI sus industrias y factorías? No en Castilla-León.

De los puestos de trabajo flel INI, a Castilla y León, que tiene el 9 por 100 de los habitantes españoles, apenas la han correspondido un 2 por 100. Los puestos del INI en Castilla apenas llegan a los 5.000, frente a los 53.000 en Asturias, que todavía se queja y reclama más inversiones. ¿Y qué decir de los puestos creados en Cataluña, donde sólo la Seat tiene 32.000? Y todavía Tarradellas se queja.

Dinero privado, dinero público

El ahorro de nuestras Cajas ha servido para industrializar otras regiones. Ahí están como prueba los paquetes de acciones y obligaciones que han tenido que comprar, por indicación del Banco de España, Autopistas, Metro de Barcelona, acciones del INI, Superpuesto de Bilbao, empréstito para las Universidades de Barcelona y Madrid, etc. Todo el dinero ha ido a parar a sociedades de Madrid, Barcelona o Bilbao.

Pero no es mejor el cuadro del dinero público. Hemos obtenido los totales de los nuevos bancos oficiales de crédito y los porcentajes no han variado. La media por español era de 5.000 pesetas. Pues bien, Navarra había recibido 50.000; Madrid, 17.000; Vizcaya, 13.000, mientras Segovia, 1.900; Avila, 1.700; Soria, 1.500, y todavía había un farolillo rojo, Orense, con 890 pesetas por individuo. No es una casualidad que los gallegos, y especialmente los orensanos, hayan tenido que emigrar en masa. El Estado mismo estaba creando unas diferencias de 1 a 60 entre las regiones, y siempre en desfavor de las más subdesarrolladas.

Lo mismo ocurre con el tratamiento dado a las cuencas hidrográficas. Mientras se invertían en la cuenca del Segura 100.000 pesetas por kilómetro cuadrado, o 40.000 en la del nordeste o Cataluña, a la del Duero no se la dedicaba más de 4.000, esto es, de 10 a 25 veces menos. Ahora mismo está el reparto del crédito extraordinario para las deudas municipales. Pues bien, de entrada, el Ayuntamiento de Barcelona recibirá 11.400 millones, y el de Madrid, 6.700; pero a toda Andalucía no le llegan 1.000 millones, y a la provincia de Santander, toda ella ni un millón, mientras que provincias castellanas enteras, como Zamora, Soria, Palencia, son ignoradas olímpicamente en el reparto de los 23.000 millones.

Historia de un expolio

Castilla se ha empobrecido secularmente, sosteniendo ella sola cargas financieras de la Monarquia española. Ella ha sido condenada siempre a pagar los impuestos todos, los suyos y los que debieran corresponder a los demás. La historia económica lo dice bien claro: todo el siglo XVI el habitante de la Corona de Castilla pagaba un 535 por 100 más que un habitante de la Corona de Aragón. Y eso además de entregar íntegros, o sea, sin computar los dineros llegados de las Indias. El siglo XVII la situación fue peor y se alcanzó una desproporción fiscal aún mayor: un habitante de la Corona de Castilla pagaba 282 por 100 más que un aragonés, un valenciano o un catalán.

En el siglo XVIII mejoró algo esa desproporción, pero todavía a principios del siglo XIX escribió Cangas Arguelles que por 11 reales y medio que abona un habitante no castellano de impuestos pagaba el castellano 29 y medio.

Pero dejemos la historia y vengamos al presente: Castilla ha sido estrujada económicamente hasta obligar a un millón y medio de castellanos a emigrar en solo veinticinco años.

Esta tarea de expoliación se ha realizado por una triple vía: fiscal, financiera y extracción de recursos, sin contar el mantenimiento de unos precios agrícolas totalmente injustos. Se ha obligado a la agricultura a financiar el desarrollo industrial del país, y esas industrias se han acumulado en sólo tres puntos de la piel de toro.

Comenzando por los precios agrícolas, éstos son un 20 o un 30 por 100 inferiores al Mercado Común, mientras los industriales son un 10, un 15 o un 20 por 100 superiores a los del mismo Mercado Común. O sea, que los agricultores tienen que vender más barato y" comprar más caro. Ahí están las pruebas: un par de zapatos valía 10 kilos de trigo hace veinte años, y boy hay que pagar 100 kilos de trigo. Éste mismo año 1978, cuando el valor de la moneda se ha deteriorado en un 26,4 por 100, y los pactos de la Moncloa admiten una subida salarial del 22 por 100, he aquí que a los labradores se les ofrece una subida del 8 o del 10 por 100, y eso que un productor del campo gana hoy sólo el 40 por 100 de los ingresos medios de un asalariado de la industria o de los servicios. ¿Quién es el auténticamente oprimido?

 

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