Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   El congreso de la continuidad     
 
 Informaciones.    24/04/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL CONGRESO DE LA CONTINUIDAD

Por Abel HERNÁNDEZ

LA delegación soviética, al concluir el noveno congreso del Partido Comunista de España, le ha hecho un regalo a Carrillo. El regalo ha sido, ni más ni menos, un gran retrato de Lenin. No se sabe si, de ahora en adelante, el cuadro del padre de la revolución rusa presidirá el despacho del dirigente eurocomunista. Pero lo que está claro es que este regalo es una «indirecta» de Moscú a Carrillo. Probablemente no tardarán mucho los hombres del Kremlin en lanzar contra el disidente español una ofensiva en toda la regla.

A la hora de hacer un balance de este noveno congreso, hay opiniones para todos los gustos.

Aparentemente, una cosa salta a la vista: Carrillo ha impuesto su línea, a pesar de las discrepancias internas, y tiene todavía la sartén por el mango. En realidad ha sido el congreso de la continuidad. No ha habido relevo generacional ni relevo ideológico en el Comité Central. Todo sigue prácticamente igual. El abandono del leninismo en teoría queda compensado, según observadores neutrales, con la permanencia, en el comportamiento del partido, de los métodos leninistas, sobre todo del centralismo democrático.

A pesar de los «vivos debates», casi nadie ha quedado convencido de que se ha instaurado la democracia interna en el P.C.E., donde siguen mandando los hombres del aparato y, sobre todo, desde la cúspide, Carrillo. Los sectores que han hecho méritos —Comisiones Obreras y el P.S.U.C.— obtienen más poder. Es la recompensa habitual.

Ha faltado, sin duda, un gran debate histórico de la trayectoria del partido y de sus dirigentes en el último medio siglo. Mientras sigan los archivos cerrados con siete llaves y no se promueva en el seno del P.C.E. una verdadera autocrítica abierta, el Partido Comunista de España no logrará credibilidad democrática. El hecho de que Carrillo haya contribuido y siga contribuyendo desde que fue legalizado su partido a la consolidación civilizada de la democracia en España seguirá interpretándose como una táctica estudiada para que la sociedad española, que tiene memoria histórica, le acepte sin sobresaltos.

Pero, ¿está dispuesto el eurocomunismo español a la reversibilidad del Poder si un día lo alcanzara? Esta es la tremenda duda.

No faltan observadores convencidos de que las tensiones del eurocomunismo con Moscú son una farsa bien montada.

Otros, por el contrario, opinan que el Kremlin no quiere a Carrillo y sus secuaces, y que usará todos sus medios para eliminarlos políticamente. Otros, en fin, seguramente más lúcidos, adivinan en estos devaneos la profunda , crisis que late en la concepción marxista, a punto de ser superada por la realidad histórica. El eurocomunismo sería uno de sus últimos coletazos. Para estos observadores, entre los que destacan primeras figuras mundiales de la intelectualidad, estamos entrando en el posmarxismo.

 

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