Autor: Gavela, Daniel . 
   Una plaza militar en decadencia     
 
 El País.    06/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Las fortificaciones de Melilla la Vieja son un testimonio de la condición militar de la plaza, que siguen manteniendo vívala Legión y otras unidades del Ejército

Una plaza militar en decadencia

Dieciocho años antes de que el reino de Navarra se incorporara a la Corona de Castilla, 162 antes de que el Rosellón fuera francés y 279 antes de que existiera Estados Unidos de América, Melilla fue española.

Casi quinientos años después, en un afán de autoafirmarse en su españolidad, más de 50.000 melillenses barajan a diario este póquer de fechas, que es fácil encontrar en cualquier opúsculo sobre la Rusadir de los fenicios —dato erudito que allí conocen hasta los montos de La Cañada— y que figura en el dorso

La que fue la primera conquista africana de la España de los Reyes Católicos es hoy un enclave militar y mercantil de poco más de doce kilómetros cuadrados, en el que viven 55.291 españoles y no menos de 14.000 extranjeros, en su mayor parte marroquíes.

Ganada en 1497 para la Corona de Castilla por Pedro de Estopiñán, de la casa ducal de Medina Sidonía, ante el deseo de los Reyes Católicos de establecer una red de alertas para prevenir las invasiones, Melilla ha mantenido a lo largo de siglos este carácter de plazamilitar que penetra a la ciudad de lado a lado.

Basta para cerciorarse de esto con repasar el callejero, en el que apenas hay un pasadizo, ya que no una avenida, que recuerde el paso de los civiles sobre la plaza de soberanía.

Tanto es así que La delimitación territorial de la Melilla actual es producto de un cañonazo. Por un tratado de 1859 el sultán cedía en propiedad a España el territorio inmediato a Melilla, tomando como base el alcance de un cañón de veinticuatro milímetros que, disparado desde el fuerte de la Victoria, en la ciudad vieja, colocó un obús a 2.900 metros. Posteriormente se colocaron en un perímetro de unos seis kilómetros los doce hitos que delimitan el territorio.

Lo militar y el urbanismo

La configuración urbanística de la ciudad también es debida en gran parte a razones de tipo militar, y no sólo por las reservas de suelo para las instalaciones y uso privativo del Ejército. La altura misma de los edificios, que no sobrepasan los cuatro pisos, fue limitada por una ley de finales del siglo XIX, a fin de que no fuera obstáculo para el fuego rasante de las piezas de artillería.

Actualmente, un real decreto, de Í4 de abril de 1978 ha subrayado el carácter militar de la ciudad al extender ¡as facultades del comandante en jefe de la plaza, entre otras cosas, en lo referido al acceso a la propiedad de los extranjeros y extranjeros nacionalizados. Administrativamente, la supeditación de lo civil a lo militar no es menos claro. El delegado del Gobierno en Melilla, con competencia sobre la Administración civil y militar, sede muchos de los sobres de Correos puestos en circulación en la plaza africana. Españoles, hebreos, hindúes y también la mayoría de los musulmanes sostienen con fe ciega que Melilla es España, convencidos de que esa es la mejor manera de conseguir que siga siéndolo. Pero se temen lo peor. Daniel Gavela inicia con este reportaje una serie en la que se pretende recoger las ideas, pocas, y los temores, todos, de los melillenses sobre su futuro y contar quién vive, de qué se vive y cómo se vive —¡cómo se vive!— en Melilla.

excusaba de hacer declarakubfs al enviado de EL PAÍS, precisamente por el silencio que le imponía su supeditación al Ministerio de Defensa como comandante general de la plaza.

Melilla ya no es lo que era

La grave crisis de identidad que hoy padece Melilla es, en gran parte, debida a su condición de plaza militar, porque en el aspecto comercial la ciudad vive uno de sus momentos más florecientes. Nacida para la Corona de Castilla por razones estratégicas, Melilla se encuentra en 1978 con que ha perdido su razón de ser originaria. Es una evidencia para los técnicos, según información recogida por EL PAÍS, que Melilla no constituye un objetivo estratégico ni para España ni para Marruecos. Es más, la propia defensa de Melilla en el futuro próximo se hará desde la costa peninsular.

Esto no quiere decir que se vaya a proceder a una retirada inmediata de los efectivos militares allí situados, ya que el impacto psicológico sobre la inquieta población melillense sería tan importante como la repercusión sobre la economía de la plaza. Un intento reciente del Ministerio del Interior de retirar unos 43 policías, con el fin de reducir en un 20 % la plantilla, fue contestado por sectores de la población.

Pintadas contrarias a la marcha de ios policías —La policía es nuestra seguridad— todavía se pueden ver en los muros de la ciudad. Al margen del efecto psicológico que esta reducción de plantilla pudiera tener sobre la población, la protesta valoraba también los treinta millones de pesetas anuales que no entrarían en Melilla por este concepto.

Diez mil militares para 68.000 civiles españoles

La razón última del contingente militar que se mantiene, en Melilla habría que buscarla actualmente no en la protección que desde allí pueda prestarse a la Península, sino en la seguridad de los españoles que viven allí. Unos 8.000 soldados y unos 1.500 oficiales y suboficiales se encargan de prestar esta seguridad a los 55.291 españoles que habitan en la ciudad, cifra en la que no van incluidos los soldados, pero sí los oficiales y suboficiales del Ejército y sus familias (en Melilla viven, además, unos 14.000 extranjeros).

Esta dotación militar se reparte entre los dos Regimientos de Regulares, las tres banderas de la Legión, Artillería, Ingenieros, Caballería, la Compañía de Mar, Sanidad, Intendencia, Farmacia y otros cuerpos.

Nadie en Melilla se atreve a predecir si se va a producir o no una retirada de efectivos militares. La curva de población de la ciudad registraba una tendencia decreciente desde 1970, que se interrumpe en 1975, año en que se inicia una leve recuperación. Un técnico explicaba a EL PAÍS que este cambio de tendencia podía ser atribuido a la consumación de la retrocesión del Sahara, que SUponía un alivio ante la presión marroquí, y el establecimiento de una prima del cien por cien sobre el salario base de los funcionarios, que motivó que se cubrieran todas las vacantes. Esa demanda del funcionariado sobre las plazas de Melilla continúa, aunque el interlocutor no precisó sí se daba por igual entre funcionarios civiles y militares.

No es extraño pensar, por tanto, que entre el profesional militar haya muchos partidarios de consolidar su residencia en Melilla, en especial entre aquellas unidades del Ejército tradicionalmente ligadas a África.

Por razones de seguridad ante la amenaza que viene del Sur, la mayor parte de la población desea que de Melilla no se mueva ni un soldado; los comerciantes, tampoco.

 

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