Autor: Senador, Carlos. 
   Castilla y León, regiones malditas     
 
 Diario 16.    28/05/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Sábado 28-mayo 77

Castilla y León, regiones malditas

Carlos Senador

Prohibido hablar sobre Castilla y León. El lunes pasado D16 titulaba así una noticia que habrá pasado desapercibida para muchos lectores: la prohibición de una mesa redonda en Valladolid en la que los distintos partidos iban a exponer sus alternativas sobre el tema regional. "La orden viene de Madrid", aseguró el gobernador civil a los organizadores. Estoy convencido que más que la indignación es el secreto gusto por lo prohibido el que me ha llevado a hablarles de esta región con algunos datos en la mano.

Es evidente el proceso de industrialización que ha atravesado España en los últimos veinte años. Pero para los castellano-leoneses no hay tal evidencia. Si se echa un vistazo a los porcentajes de empleó en el sector primario (columna 1), se puede observar que, excluyendo Valladolid, estos porcentajes superan, con mucho, la media nacional de un 25 por 100. Alguna provincia, como Zamora, tiene casi dos de cada tres de sus activos trabajando en este sector. Lo grave es que esta situación no va a variar grandemente mientras las cifras de inversión en nuevas industrias sigan siendo parecidas a las que refleja la columna número 2: cuatro millones de pesetas como inversión total anual en nuevas industrias en provincias como Avila o Falencia, es una cifra que produce escalofríos. Tenía razón el ministro de Franco Sanz Orrio: "Las estadísticas son cosas de comunistas."

A lo que parece (columna 3), las cosas no mejoran si nos fijamos en cuántos castellano-leoneses están protegidos por la Seguridad Social. Aquí no se salva ni Valladolid: los porcentajes de las nueve provincias están por debajo de la media nacional, en algunos casos con diferencias de más de veinte puntos. Y no es que los castellanos sean perezosos, que no quieran trabajar (mitos que, dicho sea en honor a la verdad, el centralismo siempre reservó para andaluces o canarios): compruebe que en ocho de las nueve provincias el Indicaador de pluriempleo es superior a la media de España (columna 4).

Con todo esto, no es raro que los saldos migratorios de ocho de las provincias de la región hayan sido negativos en el periodo 1960-1970 (columna 5). Y si observa los datos de la última columna podrá darse cuenta que esta situación no ha Variado recientemente: la gente se sigue yendo de la cuna del Imperio. En el caso de Soria es un 2 por 100 de la población la que se escapa de la-´ provincia anualmente. (Con estos datos le propongo un acertijo: ¿en cuántos años se quedará Soria sin sorianos?)

Según me han contado, la primera pregunta que plantearán las Cortes del 15 de junio se va a dirigir a don Torcuato Fernández-Miranda: "¿Qué hace usted ahí? ¿quién le ha elegido? Es posible que así sea. Pero de lo que estoy seguro es que la primera respuesta que esas Cortes han de dar sera la de la organización de nuestro Estado, el problema de las autonomías. Que quede claro entonces que un Estado con autonomías no va a favorecer más a las regiones ricas que un centralismo como el que hemos padecido. Porque en un Estado donde los centros de decisión estén distribuidos el problema del equilibrio regional se va a plantear, lo que es un primer paso para cualquier solución. Habrá más tensiones públicas, se hablará más de estos problemas —es cierto—, pero las soluciones —por ser públicas— jamás podrán ser tan brutales como las que desarrolló el centralismo. Sucede como con las libertades y la democracia: hay más, escándalos financieros—, pero menos estafas.

Es probable que si Suárez gana las elecciones siga prohibiendo a los castellanos que hablen de sus problemas (¿porqué va a cambiar?) Pero puede no ganarlas. O no ganarlas del todo. Yo espero —-quizá ingenuamente— que Castilla y León no voten a quienes les cierran la boca.

 

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