Entre Madrid y Rabat     
 
 Informaciones.    31/03/1973.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

ENTRE MADRID Y RABAT

TAN complejo y delicado es el cúmulo de problemas por resolver o aclarar entre España y Marruecos, que ha merecido una rápida visita de nuestro ministro de Asuntos Exteriores a Rabat para sentar personalmente las bases de un posible entendimiento amistoso. El señor López Bravo ha mantenido reuniones con su colega marroquí, señor Benhima, y ha sido recibido por el Rey Hassan II. No se han resuelto los problemas —el jefe de nuestra diplomacia acaba de reconocer que «la salida del problema pesquero con Marruecos es muy compleja»—, pero se han obtenido resultados positivos en estos contactos del señor López Bravo en Rabat. Por lo pronto, parece que será en breve cubierto el cargo de embajador marroquí en Madrid (la Embajada la lleva desde hace meses un encargado de Negocios), y antes de que finalice abril, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores visitará Madrid. Se ha procedido, por lo pronto, a una «desescalada» de los ánimos y ambas partes entran en un tratamiento más frio —y por ello más cordial— de sus diferencias.

Se ha achacado a las dos Prensas —la marroquí y la española— el pecado de apasionamiento a la hora de enjuiciar esta etapa de las relaciones entre los dos países. Puede que así haya sido, pero es un pecado comprensible. La opinión pública marroquí se ha inclinado por un nacionalismo, que la ha conducido a plantear reivindicaciones territoriales y marítimas sin escatimar un acre o una milla. La opinión pública española no ha podido menos que verse sorprendida por la «uniteralidad» de los último dahires de Rabat y la pétrea postura adoptada por los negociadores marroquíes ante la delegación oficial española presidida por el señor Cerón.

En pro ´e esa «desescalada» recordaremos lo qué hemos escrito en esta misma sección no hace muchos días: que Marruecos, como país subdesarrollado, reclama el derecho a explotar integramente los recursos piscícolas. Creemos no equivocarnos si afirmamos que el Gobierno español está dispuesto a colaborar sinceramente en esa faceta del desarrollo .marroquí. Lo que aquí ha podido molestar o sorprender no es la aspiración marroquí a levantar una buena infraestructura pesquera, sino la forma de procurarla.

La colaboración puede encontrarla Marruecos en España a nivel oficial o privado. Y creemos en que la encontrará en las inminentes conversaciones entre armadores de los dos países Por más que resulte simple o perogrullesco, colaborar en esta materia con un país vecino —con el que siempre se entrelazan otros inevitables intereses— es lo más aconsejable. De otra parte, una penetración soviética en Marruecos puede resultar perjudicial cuando cabe alguna posibilidad de que entre Malta y Gibraltar se logre, algún acuerdo entre los países ribereños para una mediterraneización» de las aguas.

La visita a Rabat del señor López Bravo ha demostrado que si entre los dos países hay diferencias de principio en cuestiones importantes, no por ello están envenenadas las relaciones bilaterales. No vamos a hurtar la realidad de los problemas a resolver entre Madrid y Rabat, pero tampoco podemos dejar de suscribir una frase del propio Rey Hassan dirigida al Jefe del Estado español: «España y Maruecos están condenadas a entenderse.»

 

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