Autor: Bayón, Felix. 
   Ceuta, algo más que un bazar     
 
 El País.    02/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

miércoles 2 de noviembre de 1977

Las plazas de soberanía, un difícil futuro/1

Ceuta, algo más que un bazar

Ceutíes y melillenses tienen dudas en torno a su futuro. Las últimas reivindicaciones marroquíes les hacen temer que el Gobierno de Madrid pueda buscar soluciones sin tenerles en cuenta. Buena parte de su economía depende también de los vecinos musulmanes. Félix Bayón ha visitado la zona y nos relata sus impresiones en una serie de reportajes.

«Ceuta, a la Constitución». Es un eslogan que llena los muros de Ceuta. Los ceutíes, que aunque en un principio tiendan a mostrar una cierta* seguridad fingida, no las tienen todas consigo. Temen ser olvidados y quieren asegurar su status con una Constitución que recoja que su ciudad forma parte de España. Los procesos descolonizadores llevados a cabo en los últimos veinte años han terminado cogiendo por sorpresa a las colonias españolas que habitaban fuera de la Península. Siempre todo comenzaba con un rumor y había que hacer las maletas y pensar en la vuelta simultáneamente, como en un abrir y cerrar de ojos.

Colonia, palabra tabú

«Hace años», dice un funcionario de la Administración Central en la barra del hotel La Muralla, de Ceuta, «leí en París Match un artículo de Raymond Cartier que me impresionó. Decía Cartier que las metrópolis han perdido a sus mejores hombres en sus colonias. Esto ha pasado muchas veces. Le ha pasado a Francia en Indochina y Argelia, a Inglaterra en India y África y a nosotros en América y Marruecos. Alemania, sin ir más lejos, comenzó a engrandecerse cuando abandonó sus colonias». Este funcionario que habla hizo el Marruecos del protectorado, vivió la transición independentista, pidió la excedencia, sufrió la marroquinización de sus propiedades y, poco antes de recuperarlas, pidió el alta en el escalafón para ir a ocupar su puesto en Ceuta. Es de los escasos funcionarios de la vieja época que continúan viviendo en lo que nos queda en el norte de África. Quizá porque ha vivido peores momentos, mira la situación con una cierta filosofía al otro lado de su vaso de scotch.

Pero la mayor parte de los ceutíes no ven las cosas con tanta calma. Ceuta es una ciudad con sensibilidad a flor de piel. Hay que tener cuidado al hablar. La palabra colonia es una palabra tabú. «Esto no esni ha sido nunca una colonia. Aquí estamos los es. pañoles antes de que existiese el Reino de Marruecos. Lea usted si no el libro de Cosío.» José García Cosío, que así se llama el autor aludido, es un erudito local al viejo estilo. Uno, en principio, se lo imaginaría dando y recibiendo homenajes todos los días y colgado de las sayas de los poderes locales si no fuera porque Cosío es el hombre al que todas las fuerzas políticas visibles —desde socialistas hasta aliancistas— recurren cuando se trata de dar fuerza a los argumentos históricos esgrimidos en una conversación. García

•Cosío es el autor de un libro —Ceuta, historia, presente y futuro— que tiene ya dos ediciones y que es, en cierto modo, el compendio de los conocimientos existentes sobre Ceuta. El libro de Cosío es el que otorga argumentos históricos a aquellos que afirman que «Ceuta no es una colonia».

«Efectivamente, nosotros decimos que esto no es una colonia», afirma Fructuoso Miaja. Fructuoso —Frutos, para los ceuties— regenta el bar Noray en la Puerta de Campos, justo al otro ludo de las murallas de la ciudad, donde comienzan las viviendas de nueva planta, y algo más acá de las chabolas. Frutos es el líder local del PSOE. Veterano militante socialista, tiene sesenta años y ha sufrido desde el final de la guerra el martirologio propio de los opositores al .Régimen. El ha sido el que desde un año antes del 20 de noviembre inició la reconstrucción del partido en la ciudad. Por su veteranía, calma y aire sentencioso, es respetado unánimemente por todas las fuerzas locales.

Anónimamente, son varios los que afirman que el PSOE ceutí tiene graves problemas internos, que hay amenazas de escisiones y que no existe absoluta unanimidad a la hora de decir que «Ceuta " no es una colonia». «Hemos crecido muy rápido», afirma Frutos, «y esto siempre se nota». El PSOE tiene en Ceuta un papel muy importante. Poco más de novecientos votos le distanciaron de la victoria en tas últimas elecciones legislativas. Es lógico, pues, que la prudencia política les haga ser cautos en estos momentos de vísperas de elecciones municipales. «Hombre, verá, corrupción ha tenido que haber, no le digo que no. Pero hablar de esto ahora parecería como si estuviésemos haciendo ya campaña.»

La corrupción

De la corrupción se ocupaba una firma día a día en el periódico local —El faro de Ceuta—. Se trataba de José Luis. José Luis, un técnico de la depuradora de aguas que abastece en buena parte a la ciudad, dedicaba en la última página del periódico local sus Cartas a Eusebio. Se hablaba de curiosos pluriempleos administrativos, de fortunas rápidamente obtenidas, de derroches municipales...

Recientemente —muchos hablan de presiones de la Delegación de Gobierno— José Luis dejó de escribir en el periódico.

«La gente está equivocada. Ceuta no es el bunker», dice Serafín Becerra Lago, senador de UCD por Ceuta. Serafín Becerra era de las pocas personas que le echaban un poco de alegría a las viejas Cortes orgánicas. El fue quien, junto a Tarragona y Esperabé, inventó aquellas Cortes trashumantes de procuradores familiares que tan mal vistas serían de inmediato por las jerarquías del franquismo. Becerra Lago posee un restaurante y una discoteca casi en lo alto del monte Hacho, aquel que se hizo famoso

por servir de peana observadora a Franco durante el convoy de la Victoria y por albergar en su castillo a buen número de presos políticos. Becerra es a la vez en Ceuta un personaje popular y controvertido. El se ufana de haber hecho su fortuna casi de la nada: «¡Uy!, chiquillo, debo cantidad de dinero... Todo esto lo he levantado a base de esfuerzo...» Becerra trabajaba en la Compañía Trasmediterránea, en los transbordadores que unen Ceuta con la Península. Un día la dejó y se estableció en la ciudad. «Tuvo problemas graves», murmuran algunos.

Becerra, como centrista consecuente, es de los que afirman que Ceuta y Melilla forman parte de Andalucía. A finales de agosto los parlamentarios andaluces se reunieron en Málaga y allí se abrió el debate. La UCD reclamaba la presencia de los parlamentarios de Ceuta y Melilla (cuatro senadores y dos diputados, todos ellos de UCD), los socialistas se negaban. Así se abrió un debate que tenía mucho de bizantino: «¿Forman parte realmente Ceuta y Melilla de Andalucía?» «La cuestión de fondo», dicen hoy los socialistas, «residía exclusivamente en que si acudían los ceutíes y melillenses, los centristas pasarían de ser minoría a ser mayoría dentro de la asamblea de parlamentarios andaluces».

Y mientras algunos discuten sobre la andalucidad de Ceuta, los casi seis kilómetros de frontera abierta con Marruecos ven pasar noche y día a los vecinos musulmanes, que vienen a trabajar o a hacer compras en la ciudad. «La falta de vigilancia sobre esta frontera es algo más que una desidia. Los pobres guardias civiles que la vigilan lo hacen desde búnkers construidos en la época de los portugueses» —hace cinco siglos—, «y la mayor parte no tienen ni energía eléctrica».

Efectivamente, esta falta de vigilancia puede ser «algo más que una desidia». En Ceuta, al contrario que en Melilla, gracias a una notificación de la delegación correspondiente, los marroquíes obtienen fácilmente su permiso de trabajo. Esto supone que es más difícil encontrar en Ceuta que en Melilla —como se verá en otro capítulo— casos de trabajo clandestino por parte de los marroquíes, ya que buena parte de ellos están dados de alta en la Seguridad Social española y pagan sus impuestos correspondientes.

Los sindicatos han empezado a actuar ya. La UGT —sindicato mayoritario en Ceuta, con sus 2.000 afiliados— cuenta con los musulmanes, algunos de los cuales ocupan puestos en la ejecutiva del ramo de la construcción. Así se continúa una tradición que venía ya de los tiempos de la República. Y, como entonces, estos sindicalistas son partidarios de la españolidades Ceuta.

Sin embargo, la entrada de musulmanes en la UGT ha dado mucho que hablar. Sus detractores no dan argumentos claros. Unos se refieren a un «problema de imagen política» y otros se limitan a chasquear la lengua y murmurar: «Hombre, no es por racismo, no; es que...»

Aquí, sin embargo, no existe una obsesión tan fuerte como en Melilla por la presencia musulmana. Sólo se hace a veces críticas limitadas: «Es que había que verlo... Venían las moras a parir al hospital de la Cruz Roja y lo llenaban todos los días. Aquí estaban atendidas y los niños podían tener la nacionalidad española.»

Muchos ceutíes son conscientes que esa frontera abierta con Marruecos les facilita bastante la vida. A pesar de la comunicación frecuente con la Península (poco más de una hora de transbordador), una parte importante del comercio tiene su salida con Marruecos, y las frutas.y verduras Vienen también de allí. La posible apertura de la verja de Gibraltar añade dolores de cabeza a algunos. Saben que la atracción consumista que ofrecen a gaditanos y malagueños puede ser sustituida por las ventas libres de impuestos que también otorgan los bazares de Gibraltar.

 

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