Autor: Bayón, Felix. 
   Ceuta y Melilla, una gran distancia     
 
 El País.    03/11/1977.  Página: 18. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Las plazas de soberanía, un difícil futuro / 2

Aunque el sonsonete de la geografía del bachillerato nos la hayan hecho identificar, Ceuta y Melilla poseen problemas diferentes.

Cerca de seiscientos kilómetros de horribles carreteras les separan. Y mientras desde Ceuta se ve en días pasados la Península Ibérica Melilla parece una isla rodeada por el Rif. Su economía depende en gran parte de los vecinos marroquíes, que vari todos los días a hacer sus compras y a trabajar en la ciudad. La masiva presencia de musulmanes preocupa a un sector de la población, que ha dado ciertas muestras de intolerancia. Félix Bayón ha visitado la zona y nos cuenta sus impresiones en una ¡erie de reportajes.

Ceuta y Melilla, una gran distancia

«Aquí nadie tiene miedo, qué va...» Los ceutíes tratan de negar que sientan preocupación obsesiva por su inmediato futuro. Y sí bien es cierto que hay quien ya piensa en los próximos años y las inversiones menudean al otro lado del Estrecho, también es verdad que los traspasos de locales comerciales, por ejemplo, no ha bajado sus cotizaciones estelares. Se puede estimar que el traspaso dé un local comercial en una zona céntrica no situada en la mismísima calle Real, viene a suponer unas 100.000 pesetas por metro cuadrado. Y los precios siguen subiendo...

«El problema de aquí es la falta de jóvenes», afirman muchos ceutíes en edad madura. Efectivamente, los jóvenes universitarios terminan dejando la ciudad. De todos modos, y como veremos más adelante, esta sangría se hace más intensa aún en Melilla.

«Una de las razones que tuvimos para crear nuestra asociación fue el buscar salidas para los jóvenes de aquí. Fuerza Nueva está haciendo muchos adeptos.» Quien dice esto es Carlos Mayorga, veinticuatro años, ceutí, maestro y estudiante de Historia. Carlos dirige las Juventudes Unidas Independientes Ceutíes (JU1C), autoras de la campaña «Ceuta, a la Constitución». Carlos, del que los políticos maduros de la localidad dicen que es «un chaval que promete», se queja de que en Ceuta no hay muchas diversiones, o, al menos, de que no hay «sanas diversiones». Según afirma, en las JUIC están presentes buena parte de las alas jóvenes de las fuerzas políticas ceutíes.

Movimientos autonómicos

Estas alianzas tienen más sentido del que en un principio se les puede adivinar. En Ceuta son muy dados a los pactos. Recientemente, en torno a la Plataforma Ceuta Pro-Autonomia, se llegaron a sentarjuntos representantes de Fuerza Nueva, Acción por Ceuta (nombre local de Alianza Popular), Unión de Centro Democrático, Partido Socialista Obrero Español y Partido Socialista Popular. Esta iniciativa se ha visto ya abandonada por buena parte de sus componentes. Pero, en cualquier caso, no deja de ser significativo que en algún momento estuvieran juntos.

«Esto es muy chico. Aquí todos nos conocemos...» Esta puede ser una de las razones que facilitan el diálogo a los ceutíes. Pero en el fondo, queda una preocupación intensa por un futuro que, todos juntos, tratan dé arreglar. Si bien la UCD insiste en buscar salidas para Ceuta y Melilla dentro de la región andaluza, el resto de las formaciones políticas piensan en una autonomía que les haga buscar sus propias soluciones y negociar por su cuenta en el futuro.

En Ceuta, al igual que en Melilla, casi todos los partidos políticos hicieron suya una tabla de reivindicaciones iniciales: gobernador civil para Ja ciudad (en vez de representante del Gobierno con doble función: civil y militar), alcalde democráticamente elegido, Cámara de Comercio civil, puerto franco...

Básicamente, estas son también las reivindicaciones de los melillense. Aunque, visto desde la Península, los dos territorios llegan a identificarse (queda todavía el sonsonete geográfico del bachillerato), realmente están muy distanciados. Por un lado, son cerca de seiscientos kilómetros de horrible carretera montañosa los que hay que atravesar por Marruecos para llegar de una a otra ciudad. Por otro, las circunstancias de ambas ciudades son completamente distintas.

Si en Ceuta se ve el otro lado del Estrecho sin forzar la vista, y en cuanto el horizonte está medianamente despejado; en Melilla, no. Melilla posee respecto a Málaga una lejanía opresiva. En Ceuta se puede ver todos los días el espectáculo pintoresco de los paraguayos (peninsulares) que vienen al olor de los bajos precios de los productos japoneses. El contacto y el comercio con Marruecos es aquí relativamente complementario. En cuanto a servicios, las ciudades marroquíes vecinas están lo medianamente bien provistas como para que no les sea imprescindible el paso a Ceuta. A menos.de una hora de coche de la frontera están Tetuán o Tánger, que constituyen, dentro de la zona norte marroquí, dos ciudades de importancia.

En Melilla, no es así. El visitante que llega a esta ciudad tiene en un principio la impresión de recalar en una isla. La Península queda lejos: toda una noche en barco. Aquí es más difícil que los paraguayos vengan a comprar. Todo el comercio, prácticamente, está en función de los marroquíes. Buena parte del sector servicios, también. Los marroquíes del Rif vienen a Melilla para muchas cosas: acudir al médico, hacer compras, tomarse un whisky en la discoteca Chez Mano o admirar los encantos de Angela Molina en una sala de cine. Melilla, que es para los peninsulares una ciudad aburrida, tiene para algunos marroquíes cierto aire perpiñanesco.

Pero, además, Melilla tiene para la mayor parte de los 5.000 marroquíes que cada mañana acuden sin ningún tipo de documentación a la ciudad, un duro sentido. Melilla es la ciudad donde pueden encontrar trabajo. En Melilla, al contrario que en Ceuta —donde la situación es más regular—, la casi totalidad de los trabajadores marroquíes va a engrosar las legiones de los trabajadores clandestinos. Para la mayor parte de los empresarios son una ganga. No tienen que pagar a la Seguridad Social.

Miguel Ángel Roldan es el secretario local de la Unión General de Trabajadores, la central sindical más importante de la plaza. La UGT ha experimentado un crecimiento continuo. Existen ya -1.200 afiliados, en una ciudad que ha visto decrecer su población en pocos años, de cerca de 80.000 a 58.000 habitantes.

Y esto sin contar con que Melilla no tiene prácticamente ninguna industria. Casi todos son dependientes de comercio o funcionarios. Miguel Ángel es tipógrafo en el periódico local —El Telegrama de Melilla, a quien los clásicos siguen llamando El Telegrama del Rif, dependiente de la antigua Cadena del Movimiento—. Hace un año, cuando contaba con veintiocho años de edad, Miguel Ángel volvió a su ciudad natal y puso en funcionamiento la UGT.

«Nosotros afiliamos sólo a los marroquíes que tienen papeles», afirma Miguel Ángel, quien, curiosamente, es de los pocos melillenses que se han tomado la molestia de aprender el idioma de sus vecinos rífenos: el cherka. «La UGT impulsa el control de la inmigración de mano de obra clandestina. Se trata de una mano de obra dócil y barata, que puede venir a actuar de esquirol. Nosotros nos oponemos a la maniobra del capitalismo melillense que intenta hacernos ver que nuestros enemigos son los moros.»

Miguel Ángel es más optimista que otros: «No se puede, de ningún modo, identificar Melilla con el bunker. Aunque aquí la izquierda no obtuviese resultados tan favorables como en Ceuta, no hay que olvidar las cifras que arrojó el referéndum del 15 de diciembre pasado: se abstuvo un 32 %.»

 

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