Autor: Bayón, Felix. 
   Melilla: El fantasma del racismo     
 
 El País.    04/11/1977.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Las plazas de soberanía, un difícil futuro / y 3

En Melilla la sensación de aislamiento se ha hecho sentir. Los melillenses saben que su economía depende en gran parte de sus vecinos marroquíes, que vienen a hacer compras y proporcionan una mano de obra terriblemente barata con su trabajo clandestino. Esta dependencia y la presencia masiva de musulmanes en una ciudad que ha visto disminuir sensiblemente su censo de españoles viene provocando ciertos roces. Algún grupo que ha sido calificado como racista ha salido a la luz. Melilla, curiosamente, es también una ciudad donde resulta fácil contactar con grupos políticos a la izquierda del Partido

Socialista.

A1 contrario que en Ceuta, aquí los comunistas se dejan ver. Para ellos, Melilla es una colonia que debe ser devuelta a Marruecos, buscando las mejores condiciones para sus actuales habitantes. Félix Bayón finaliza hoy esta serie que hemos venido publicando- a lo largo de los últimos días.

Melilla: el fantasma del racismo

En Melilla, al contrario que en Ceuta, es más fácil encontrar representantes de partidos políticos a la izquierda de los socialistas. Los comunistas, por ejemplo, presentaron candidaturas a las legislativas del 15 de junio. Al visitante, en un principio, le sorprende que la prensa socialista y comunista ocupe buenos lugares en los quioscos de una ciudad que rebosa dé símbolos del antiguo régimen. «Sólo se venden sesenta Mundo Obrero», dicen los enterados.

Los comunistas no obtuvieron buenos resultados en las pasadas elecciones. Y es que, como ellos mismos reconocen, «ser comunista aquí no ha sido nada fácil». Y ahora, menos, habría que agregar. Los "comunistas son los únicos, dentro de las grandes fuerzas políticas, que consideran a Ceuta y Melilla como colonias a devolver en su día a Marruecos. El mantener esta postura —«al margen de tácticas electorales», según afirman— es Jo que les hizo alcanzar tan sólo un 5 % de los votos.

Luis Pérez Gutiérrez y Francisco Solis Farreras, de veintidós y veintiún años, respectivamente, son miembros del comité local del PCE. Ellos forman parte de los 5 \ militantes que el partido tiene en la ciudad; a los que, de algún modo, habría que agregar la veintena de afiliados a la Unión de Juventudes Comunistas. Ambos afirman, nada más comenzar la conversación, casi sin que se les haya preguntado —como si estuvieran hartos de repetir una afirmación que les hace sentirse no demasiado populares—, que «Ceuta y Melilla sí son una colonia».

Buscar soluciones

«De todos modos», agregan, «a Melilla no se le debe dejar morir de inanición. No hay que ir abandonándola poco a poco, como siempre ha hecho España en los procesos descolonizadores. Hay que ir buscando soluciones ya mismo».

«Aquí, al contrario que en Andalucía, no existe una problemática agobiante. Hay más bien una problemática de futuro», afirma Sancho Miñano, del Partido Socialista Obrero Español. El PSOE, aquí como en Ceuta, se ha nutrido especialmente de los herederos directos de una vieja tradición socialista. Los hijos de los militantes socialistas -muchos de los cuales llenaron las 2.300 plazas que ofrecía el campo de concentración abierto ,por los franquistas melillenses el 17 de julio del 36— son, en buena parte, los dirigentes locales. Y también como en Ceuta, en Melilla algunos hablan de que no existe unanimidad en torno al status de la ciudad. Hay socialistas que, como los comunistas, afirman que hay que buscar ya soluciones, porque la entrega de la ciudad a Marruecos se producirá algún día.

Sancho Miñano, como su correligionario Leopoldo Osuna —ambos de edad madura y gesto pausado—, exponen lo que es la postura de los socialistas locales: «La españolidad de Ceuta y Melilla es un hecho histórico y actual. De futuro, no se sabe.» Los dos, igualmente, muestran su preocupación por la «manifiesta intolerancia de un sector de la población frente a los marroquíes».

La Asociación pro Melilla (Aprome) ha sido frecuentemente acusada de racista. Según algunos, Aprome pretendía buscar una solución a la rodesiana. Según ellos mismos: «Sólo se trata de hacer cumplir la ley».

Aprome está compuesta por unos ochocientos melillenses de la clase media que «intentan poner coto a la invasión musulmana». Cuando hablan de «hacer cumplir la ley» se refieren al respeto de las restricciones laborales que prohiben el trabajo de los marroquíes que no tienen su documentación en regla. Bien es cierto que los principales beneficiarios que los con tratan a bajo precio y sin tener que hacerse cargo de los costos de la Seguridad Social.

Apreme tiene una historia breve, pero movida. A finales del mes de agosto, protagonizó una serie de incidentes que estuvo a punto de acabar con la asociación. Según algunos, estos incidentes marcaron el principio de su decadencia y muchos asociados se dieron de baja. Poco antes, Aprome había convocado una manifestación. Los términos violentos en que había sido planteada hizo que el delegado del Gobierno la prohibiese y multase a su presidente, José González Orell, que por aquellos días presentó la dimisión. Entonces abundaban las pintadas contra la población musulmana. Muchas de ellas serían recogidas por la prensa marroquí. En el aire quedaba la sospecha de que todo podía acabar mal.

El actual presidente en funciones de Aprome es Jaime Quesada. Quesada regenta el hostal Míramar, justo al lado del muelle pesquero. Es un hombre pequeño, nervioso y con un bigotillo que se le recorta sobre el labio superior. Quesada culpa de la mayor parte de los males que aquejan a Melilla a la Delegación dé Trabajo y a los empresarios, que con su tolerancia en la importación de mano de obra demuestran «una falta de sensatez: pensar más con el estómago que con la cabeza». Quesada es de los que creen que Melilla forma parte de Andalucía y afirma con intransigencia: «El día que no pueda decir Vi va Melilla, no sé si podré decir Viva España.»

Un futuro difícil

Después de comenzar la conversación en el hall de su hotel, pasamos a tomar una copa en el bar vecino: El Hogar del,Pescador. Allí, Quesada señala al niño de la barra: «Mire, un moritó. Seguro que no tiene permiso de trabajo. Y no tendrá ni catorce años... Es que ya hay moros hasta en las gasolineras...»

Quesada, eso sí, se defiende de las acusaciones de la izquierda, diciendo que «nosotros no somos racistas» y que «los socialistas y comunistas quieren vender la ciudad a Marruecos».

Los melillenses, más que los ceuties, ven su futuro difícil. Saben con seguridad que les sería difícil aguantar un bloqueo como el que sufren los gibraltareños. Su economía depende casi exclusivamente de sus vecinos marroquíes. Al puerto de la ciudad —salida de Marruecos hacia el Mediterráneo— le hará pronto la competencia el que los marroquíes han levantado al lado con ayuda de la tecnología rumana.

En las montañas vecinas, los rifeños están en calma. Ya no parecen tan guerreros como en el siglo pasado. La ciudad, una noche más, puede dormir tranquila.

 

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