La iglesia es una de las instituciones que han mantenido vivo el concepto de lo aragonés  :   
 "La Iglesia en Aragón", documento de 71 profesores sobre el futuro arzobispo de Zaragoza. 
 Vida Nueva.    26/03/1977.  Página: 14-15. Páginas: 2. Párrafos: 17. 

existencia, es preciso que no falten personas, ni grupos, ni ámbitos para poder exponer a iodos los hombres, de forma amorosa y sencilla la fe cristiana.

PROPUESTAS CONCRETAS

En la última parte el cardenal Jubany formula diversas sugerencias a las comunidades cristianas, para este

tiempo de preparación a la Pascua:

catequesis de adultos, adolescentes y niños en el ámbito eclesial, necesaria hoy más que nunca para salir al paso de Ja crisis de identidad cristiana; la fidelidad a las exigencias de la solidaridad cristiana en estos momentos de crisis económica, en especial una solidaridad efectiva con los obreros en situación de paro forzoso; la respuesta con sentido de responsabilidad y con coherencia cristiana a las obligaciones de la vida social y política; la vivencia del espíritu de las Bienaventuranzas especialmente en esta sociedad dominada por el deseo de placer. Y termina con una especial invitación a ser fieles a la plegaria, como imperiosa necesidad de la vida de la te.

La Iglesia es una de las instituciones que han mantenido vivo el concepto de lo aragonés

"La Iglesia en Aragón", documento de 71 profesores sobre el futuro arzobispo de Zaragoza.

Con ocasión del próxima nombramiento de titular para la Archidíócesis de Zaragoza y en el contexto histórico que está viviendo nuestra nación, con singular sensibilización por todo lo que incide en la problemática regional, un grupo de profesores aragoneses de teología y de otros campos educativos ha redactado las siguientes reflexiones. Las ofrecemos a todos sin pretensión de monopolio en la representatividad del pueblo cristiano de Aragón o de exclusivismo en la enumeración de los problemas que en este escrito aparecen. No nos mueve ningún afán de imposición, sino tan sólo el deseo de prestar un servicio, que pueda tal vez estimular a otras personas o grupos para que desde su óptica particular y desde su problemática específica, puedan también aportar criterios y pistas de solución a cuestiones que tienen vital interés para la comunidad cristiana de Aragón.

Un amplio cuadro de indicadores demuestra abiertamente que Aragón está dejando de ser simple nombre histórico. En el espacio geográfico y humano de Huesca, Teruel y Zaragoza está madurando, desde hace unos cinco años, una conciencia irreversible de país, de sentido comunitario, de identificación con nuestros propios problemas y con las vías de solución. El concepto de Aragón está moviendo, como no lo hacía en los últimos doscientos años, a todas las instituciones culturales y políticas. Sobre todo, está brotando con fuerza en la prensa y la radio regionales, en los medios universitarios, en la juventud, entre los trabajadores y en los responsables de instituciones y obras. Existe ya un lenguaje y unos elementos expresivos de esta nueva sensibilidad aragonesa, prácticamente desconocida fuera de nuestro territorio.

La Iglesia es una de las dimensiones sociales que más han contribuido a mantener vivo el concepto de lo aragonés, haciendo de puente con el pasado, E! arzobispado de Zaragoza ha persistido con una estructura eclesiástica de integración regional desde el siglo XIII; la religiosidad popular ha guardado vivo, en buena medida, el concepto unitario de Aragón. Pero no basta con esto. Pensamos que ha llegado el momento en que la Iglesia debe preguntarse, muy seriamente, qué está aportando en estos momentos de sustancial a este renacer aragonés.

1) Existen algunas estructuras regionales como la Conferencia Episcopal de la Provincia Cesaraugustana, el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón y el Centro Regional de Formación Permanente del Clero. Pero ninguna de estas instituciones tienen vitalidad y arraigo suficientes.

Las seis diócesis aragonesas subsisten totalmente desvinculadas. No se ha emprendido ninguna tarea pastoral que aglutine al clero y laicado más consciente. Las diócesis rurales se están vaciando de líderes y miembros valiosos de movimientos apostólicos, que no son recuperados por los movimientos de Zaragoza; como tampoco es recuperado para la pastoral urbana todo el clero regional que está estableciendo en Zaragoza su segunda residencia para estudios, etc. El clero y los dirigentes seglares mejor preparados de Zaragoza tan apenas se relacionan o trabajan con las demás diócesis, cuando lo hacen con cierta frecuencia para instituciones de Madrid o de otras ciudades. Ante esta situación pastoral pensamos que lo realmente necesario es que la Conferencia Episcopal Aragonesa propicie un trabajo

pastoral interdiocesano, complementario y realista.

2) Otra laguna importante, de cara a una pastoral eficaz en Aragón, la constituye el hecho de carecer de un conocimiento actualizado y sistemático de la región. Tan sólo se han hecho estudios sociológicos en dos diócesis y ninguna de ellas es Zaragoza. Los datos nacionales sobre práctica religiosa en Aragón son totalmente inexactos, a excepción de los de Jaca.

Existe una elevada nómina de doctores y licenciados entre sacerdotes, religiosos y religiosas, tanto en disciplinas eclesiásticas como civiles. Sin embargo, no existe la más elemental producción científica que tome la realidad eclesial aragonesa como área de trabajo. Ninguna publicación periódica relevante.

Ninguna biblioteca completa abierta al público. Situación que contrasta con la pujanza universitaria y cultural del momento regional, reflejada en realidades tan patentes como son los veinticinco mil universitarios de nuestras facultades y una importante producción editorial abiertamente aragonesa, y que preocupa por la casi total ausencia de pensamiento cristiano creativo y autóctono. Una aportación cultural muy relevante la constituye, sin embargo, la obra de recuperación y conservación del patrimonio artístico mediante los museos diocesanos y parroquiales en continuo crecimiento.

3) La posición actual del clero y los movimientos apostólicos es insostenible hace tiempo. A lo largo de los últimos años, los obispos españoles tan apenas han hecho algo concreto por definir y precisar el estatuto del clero diocesano y de los movimientos. A pesar de ser de extracción eminentemente popular, el cura aragonés se halla en una postura ambigua e incómoda ante e] propio pueblo.

Económicamente se ha mantenido al clero rural y a buena parte del urbano al borde da la subsistencia Pero al mismo tiempo, todos los gobiernos han jugado la carta del clericalismo y del anticlericlaismo.

Y habrá que estar atentos al futuro.

No podemos aguardar pasivamente la llegada de una solución nacional. Creemos que los obispos aragoneses deberían plantear una solución regional al problema. Las economías diocesanas deberían basarse en un patrimonio económico, constituido desde las posibilidades reales actuales. Un patrimonio gestionado por un cuerpo representativo de toda la Iglesia (clero secular, religiosas y laicado organizado).

Un patrimonio que atendiera directa y proporcionalmente la pastoral y la obra misionera de la Iglesia: personas, medios, instituciones, equipamientos. Que ello sea muy difícil de conseguir es precisamente motivo para intentar salir de la actual situación mediante una estructura que ponga a salvo a la Iglesia, de todos los vaivenes de los Gobiernos.

Resulta inaceptable visto desde las diócesis aragonesas, que la presencia de la Iglesia en la sociedad española en su totalidad sea objeto de regateo por los partidos y el poder central. Lo mismo que !as otras dimensiones de la política, la religiosa no puede seguir planteándose de espaldas a las regiones.

4) La pastora] de Zaragoza y de los núcleos urbanos aragoneses requiere planteamientos muy innovadores, de verdadero servicio al pueblo, a las masas populares, que hoy están en el medio urbano sobre todo. Es el medio urbano donde debe intentarse un verdadero funcionamiento de los Consejos Presbiteral y Pastoral. Hoy por hoy, clero diocesano, religiosos, religiosas y movimientos son dimensiones de evangelización totalmente desconectadas, cuando no en competencia encuberta. El pluralismo de estructuras, tradiciones espirituales y misiones específicas no debe reducir el espacio urbano, que es uno y orgánico a un minifundismo pastoral.

Entendemos que hay campos específicos que están reclamando una presencia evangelizadora urgente y cristianamente comprometida: clases trabajadoras, en gran parte procedentes de la propia región, que están soportando las cargas más duras del crecimiento urbano e industrial de Zaragoza; grupos marginados —del medio rural y urbano— por razones de edad, de raza, de cultura y nivel social; diferencias irritantes entre grupos privilegiados y clases populares, tanto en la participación de bienestar social y económico corno en la distribución de las cargas retributivas.

5) 2n este contexto socio-pastoral de la región, entendemos que debe jugar un papel primordialísimo la sensibilidad y el conocimiento práctico de los pastores que la rigen. Pronto va a producirse el relevo de la Sede de Zaragoza, un poco más tarde el de Jaca y hace muy poco ocurrió el de Tarazona. Más allá de toda hipersensibilización consultiva y democratizadora, creemos que el actual sistema de nombramiento y provisión de los titulares de las sedes es, a todas luces, precario e insatisfactorio.

Exactamente igual que cuando existía el sistema de intervención estatal. Las diócesis deberían tomar parte activa en algo que les es vital. No corresponde en modo alguno a la madurez teológica y social de nuestra época. A un nivel más concretó, comprendemos perfectamente el esmero de la Santa Sede en cubrir las sedes de Cataluña, País Vasco y Galicia con obispos de los respectivos países; mientras, nos preocupa seriamente que para Aragón no se siga ese mismo criterio. Aragón, es un fuerte problema ético. Corre peligro nuestro futuro como región. Hoy más que nunca se precisan responsables que puedan abordar nuestra problemática con garantías de eficacia. En razón de ello las diócesis aragonesas piden obispos aragoneses de abierto compromiso con la realidad eclesial de la región. Y no sólo algunas, sino todas.

6} Por último, es totalmente insostenible la desmembración eclesiástica del territorio aragonés. Las comarcas aragonesas del Nordeste de la región, que en la actualidad forman parte del territorio diocesano de Lérida, deben ser reintegradas en su espacio eclesiástico propio. La diócesis de Jaca, cuna y solar del reino de Aragón, debe volver al arzobispado de Zaragoza. Los firmantes de Teruel piensan que debería abordarse la cuestión de la incorporación del Bajo Aragón a la Diócesis de Teruel. Una vez conseguida la normalización de límites del espacio eclesiástico aragonés, la Conferencia Episcopal Regional debería plantearse una presencia misionera dinámica, urbana y rural.

El arciprestazgo o zona pastoral es una unidad de trabajo que debería potenciarse al máximo. Mención especial debe hacerse sobre la Basílica del Pilar primer templo de :la región. Entendemos que debería convertirse en iglesia piloto y foco, por antonomasia, de evangelización.

El actual momento de madurez aragonesa es fruto, también, del esfuerzo de muchos clérigos, religosos, religiosas y laicos que han trabajado y están trabajando formidablemente en los barrios, zonas rurales, en el medio universitario, en centros educativos, con jóvenes, con la clase obrera, etcétera, etc. Existen motivos para ser optimistas. Pero la Iglesia debe hacer un esfuerzo muy considerable para ser sacramento de salvación y santificación entre las gentes que habitan el territorio aragonés.

Firman 71 profesores, procedentes de 12 localidades correspondientes a las diócesis de Barbastro, Huesca, Jaca, Tarazona, Teruel y Zaragoza.

La liberación cristiana no queda reducida a los límites de la vida política

"La identidad cristiana: reflexiones para un tiempo de crisis". Pastoral del cardenal Jubany.

Como cada año en el tiempo de Cuaresma, el arzobispo de Barcelona, cardenal Narcís Jubany i Arnau, publica una extensa pastoral en la que estudia diversos temas de actualidad cristiana. Mientras que el pasado año publicó una pastoral acerca de la formación de la conciencia cristiana en la actualidad. Este año el doctor Jubany aborda la cuestión de la identidad cristiana, hoy desdibujada en muchos, según se desprende de diversas encuestas y análisis sociológicos publicados recientemente.

La pastora! tiene una extensión de 18 folios y se titula La identidad cristiana. Reflexiones para un tiempo de crisis. Su estructura tiene cinco capítulos: 1) La Cuaresma, tiempo de conversión y de profundizaron de la fe; 2) La identidad cristiana; 3) Identidad cristiana y renovación eclesial; 4) Identidad cristiana y presencia eclesial en el mundo de hoy; y, 5) Algunas concreciones para la Cuaresma de 1977.

Esta pastoral fue dada a conocer el pasado domingo día 13 de marzo a través del Full Dominical de Barcelona, publicación diocesana que con este motivo realizó una edición especial con el texto integro de la versión original catalana del documento y asimismo con una versión integra en lengua castellana.

Ofrecemos aquí un extracto de [as principales ideas.

CONVERSIÓN Y PROFUNDIZACION EN LA FE

En la primera parte de la pastoral el cardenal Jubany señala que en estos momentos no son pocos los cristianos que sienten "una cierta tentación de desánimo y una inseguridad sobre lo que hay que hacer.

Algunos incluso dudan de su propia identidad cristiana. A continuación recuerda algunos elementos Fundamentales de la fe y la responsabilidad de los obispos en este particular. Deseo, dice, que esta carta pastoral sirva para que la vida de todos los cristianos sea más coherente, menos angustiada y a la vez. Más exigente en todos los ámbitos de nuestra vida personal y colectiva.

Al tratar de la identidad cristiana, en la segunda parte del documento, señala que la liberación cristiana no queda reducida a los límites de la vida política, económica, social y cultural de los hombres. Cristo nos comunica, un espíritu nuevo, nos aporta un nuevo sentido de la vida y nos señala unos objetivos morales que hay que conseguir. Para el cristiano la conversión es una exigencia constante. El signo de la autenticidad de esta conversión es la vida según el espíritu de las Bienaventuranzas. Cristo nos ha sido dado para llevar toda la creación hacia el Padre, y el Espíritu nos conduce hacia la auténtica libertad de los hijos de Dios. Para nosotros, se afirma en la parte final de este capítulo, es el gran milagro de la fe, la que nos aleja de cualquier fanatismo y nos abre el horizonte de la vida, lejos de todo sortilegio o de cualquier otra exageración del sentimiento religioso, natural en el hombre.

IDENTIDAD CRISTIANA y RENOVACIÓN ECLESIAL

La identidad cristiana, se dice en el comienzo del capítulo tercero, hemos de buscarla en la Iglesia siempre fiel a Jesucristo; la encontraremos gracias a una vida realizada con un corazón puro y en comunión fraterna con todos los cristianos.

El cardinal señala a continuación la necesidad de subrayar todo lo que nos une por encima de todas las diferencias y contraposiciones que puedan existir en los fieles y en las comunidades. Todos celebramos la misma Eucaristía; por ello el cristiano ha de ser un hombre de comunión, de una caridad viva y operante inspirada por el Espíritu.

Otro factor de unidad es el Concilio Vaticano II y e1 escuerzo de cada día para adecuar más la Iglesia al Evangelio. Hay que proseguir en la labor emprendida, escuchar todas las voces y aprender a escucharse unos a otros.

Refiriéndose a la Iglesia de Barcelona señala las múltiples divergencias que en ella se dan y la necesidad de esforzarse para que el pluralismo eclesial sea legítimo y también enriquecedor, nunca disolvente.

PRESENCIA EN EL MUNDO.

Pero la comunidad de fe y amor, que es y ha de ser cada día más nuestra Iglesia, no se justifica en sí misma. Vivimos en el mundo y estamos al servicio de tos hombres. La Iglesia es para la humanidad.

A partir de este presupuesto el cardenal Jubany desarrolla en el capítulo cuarto, algunos puntos basados en el amor desinteresado y universal; defensa de la vida; defensa del amor; defensa de la justicia social y de la libertad; y, fe enraizada en nuestra tierra porque la Iglesia aunque universal y católica vive concretamente en cada tierra y en cada grupo humano. Esto se ha realizado históricamente y de una manera singular en Catalunya. En nuestra tierra hay valores cristianos que arden bajo las cenizas y nuestro cristianismo catalán tiene un conjunto de notas peculiares.

Por ejemplo, la apertura de nuestra fe a las corrientes universales del pensamiento —Catalunya es una tierra que vive de cara a Europa— no ha de hacernos perder una de las cualidades más sobresalientes del catolicismo catalán en los últimos años; la «romanidad, la fidelidad a la sede de Pedro, que preside y es el fundamento de todo el pueblo de Dios.

Somos gente abierta; también somos ordinariamente, gente juiciosa. Tenemos una tendencia innata hacia, las cosas concretas pero a veces nos ahogan los horizontes cortos. Y termina diciendo el cardenal en este apartado que en una Catalunya pluralista, desde muchos ángulos de el

 

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